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  Guías culturales

LAS SANTAS COMUNIDADES DE CASTILLA Y LEÓN
David Herrero Sánchez
davherrero@yahoo.es

Un pasado hermoso y a la vez desconocido de nuestra cultura es sin duda alguna el legado sefardí. Una cultura que tuvo en el corazón de la península Ibérica, uno de sus más importantes pilares: las Santas Comunidades de Castilla y León.

Desde los tiempos del Imperio Romano, los judíos fueron testigos de excepción del advenimiento de los godos, de la invasión musulmana y del nacimiento de los Reinos de León, y de Castilla, posteriormente. No pudiendo contribuir con su cultura al florecimiento del Imperio Español, dado que su expulsión coincidió con la unificación de los Reinos Hispánicos, y la expansión por Europa y América.

Una parte importante de los judíos que fueron expulsados de Israel, tras la destrucción de Jerusalén por parte del emperador Tito en el año 70 d.C., se establecieron en Hispania, a la que rebautizaron con el nombre de Sefarad, que en hebreo significa “lejísimos”, dado que en aquel tiempo, los romanos consideraban a esta provincia el fin del mundo.

Los sefardíes fueron una de las dos ramas del judaísmo europeo, llegando a ser, solamente en la península Ibérica, la mitad de los hebreos de Europa. La otra mitad se encontraba dispersa por el resto del continente, recibiendo el nombre de asquenazíes. Tras la expulsión de 1.492, unos optaron por el bautismo, los llamados judíos conversos, y el resto decidieron asentarse por la cuenca mediterránea y Centroeuropa, llevando consigo su cultura, que estaba muy influenciada por la cristiana hispánica. Hasta tal punto, que el idioma más hablado en la península Ibérica, el castellano, que más tarde sería enriquecido, tomando el nombre de español, fue perpetuado en las comunidades sefarditas como una herencia irrenunciable, llegando a ser un idioma cultural, científico y teológico, solamente equiparable al hebreo. Este idioma recibe varios nombres: español sefardí, judeoespañol o ladino. Siendo este último el más habitual.

El principio del fin de la cultura sefardí en los reinos cristianos comenzó en 1.391, siendo anterior en el territorio ocupado por los musulmanes debido a la presencia de los almohades.

En el citado año de 1.391, el arcediano Ferrán Martínez, incitó mediante sus predicaciones al asalto de la judería de su ciudad, Sevilla. Registrándose muchas muertes. Con celeridad, las matanzas de hebreos se extendieron por casi todos los Reinos Hispánicos. Como veremos a continuación, muchos sefarditas pidieron el bautismo para evitar la muerte.

En la Edad Media, no había un intercambio pleno de los saberes humanísticos, pero sí de los científicos y médicos. No siendo plena la influencia de los literatos y pensadores sefardíes en los cristianos. Aunque gracias a la conversión, podían llegar a puestos de gran relevancia en la sociedad. Por ejemplo, el burgalés Selomo Halevi, quien fue astrónomo y científico, contando además con una gran cultura filosófica y rabínica, ostentó cargos públicos en la corte de Juan I, dado que la comunidad sefardí era considerada en la época como una propiedad del rey, a medio camino entre los siervos y los hombres libres. Tras los disturbios de 1.391 contra los judíos, Selomo se convirtió al cristianismo con sus hijos y sus hermanos. A partir de entonces, se le llamó Pablo de Santa María, cuyo apellido es muy común en la provincia de Burgos.

Halevi estudió teología cristiana en París, siendo desde su bautismo, un gran instigador de leyes antisemitas, y escribiendo obras literarias de apología del cristianismo, como por ejemplo, Scrutinium scripturarum .

La presencia judía en tierras castellanoleonesas está datada desde el siglo IX, y la cultura sefardí nos ha llegado a través de unos pocos documentos, siendo los restos arqueológicos todavía más escasos, si cabe. Los ejemplos más significativos son las sinagogas de Amusco (Palencia) y Segovia. Esta última, la sinagoga mayor de Segovia, se parecía a la de Santa María la Blanca de Toledo, y su construcción se sitúa en época musulmana o en el reinado de Alfonso X. Entre 1.410 y 1.420 se convirtió en iglesia, siendo su advocación la del Corpus Christi desde mediados del siglo XV. Aunque a pesar de todos estos datos, la huella hebrea es casi imperceptible en ella debido al terrible incendio que la destruyó en 1.899.

Un hijo aventajado de Segovia y del judaísmo castellanoleonés fue Abraham Seneor, quien fue nombrado rabino mayor por los Reyes Católicos como recompensa al decidido apoyo que prestó a la reina Isabel para llegar al trono, en contra de las aspiraciones de Enrique IV. Tras el edicto de expulsión de 1.492, recibió el bautismo en su ancianidad para evitar el destierro. A partir de entonces se le conocería con el nombre de Fernán Pérez Coronel. Actualmente una fundación cultural segoviana, que trata de dar a conocer la cultura sefardita, lleva su nombre judío.

En Salamanca, el solar de la sinagoga nueva, está actualmente ocupado por la Facultad de Matemáticas. Encontrando referencias de la sinagoga salmantina en la Historia de Salamanca de Gil González Dávila de 1.606, dado que hace mención a la predicación de Vicente Ferrer en dicho templo. Una placa, parecida a la que hubo antiguamente a la entrada de la sinagoga, recuerda su existencia. Cuya inscripción reza en hebreo y en español: “Esta es la puerta de Dios: por ella entrarán los justos” ( Salmos 118:20). Una inscripción muy habitual en las sinagogas.

El gran astrónomo, médico e historiador, Abraham ben Samuel Zacut nació en la ciudad charra en 1.452 y se cree que murió hacia 1.515 en Damasco.

Zacut fue discípulo de Isaac Campantón e Isaac Aboab. Como es lógico pensar, estudió en la Universidad de Salamanca, estando posteriormente al servicio del Obispo de Salamanca, y después al del Maestre de Calatrava. Debido a que no se convirtió al cristianismo, huyó a Portugal, que tuvo que abandonar por idénticos motivos en 1.497. Viajando a Túnez, Italia y Turquía.

A este erudito salmantino debemos obras tan señeras de la astronomía de la época como el Almanaque perpetuo ( Hajibur hagadol ), y el Tratado de las ynfluencias del cielo . Ambos manuscritos tuvieron un gran peso en los descubrimientos geográficos de la época. Siendo su Libro de los linajes ( Sefer yujasín ), una obra importantísima de la Historiografía Hispanojudía.

Resulta irónico que la ciudad que lo vio nacer a mediados del siglo XV, tardara cinco siglos en dedicarle una calle y el nombre de la biblioteca de ciencias de su universidad.

La ciudad salmantina de Béjar, fue otro importante núcleo de la cultura judía en Castilla y León. Todavía hoy se conoce la ubicación del antiguo barrio sefardita del municipio, y el apellido con el topónimo Béjar es uno de los más importantes a la hora de hablar de la ascendencia sefardí de muchas familias españolas.

La importancia de Béjar queda reforzada por la reciente construcción e inminente y definitiva inauguración del Museo Judío de Béjar, que lleva el nombre de su mecenas, David Melul. A su presentación en 2.004, acudieron judíos de todo el mundo cuyos apellidos eran Béjar o Behar. Poniendo de manifiesto el posible origen de sus familias.

Una obra de gran importancia para los judíos castellanoleoneses fue el Tacanot de Valladolid (1.432), que contenía las ordenanzas escritas por los dirigentes de las aljamas de Castilla y León, y que fueron compiladas por Abraham Benveniste. Las ordenanzas creaban un marco social y legal tras las persecuciones contra los judíos de 1.391: matrimonios, herencias, estudios, tribunales, vestimentas, tributos, liturgias, etc.. En cuanto a los matrimonios, uno de los pocos documentos existentes es el contrato matrimonial o quetubá de Valladolid, que atestigua el enlace entre Mosé Amigo y Bienvenida Galfón. Es un documento escrito en hebreo y arameo, y está datado en 1.480 en el pueblo vallisoletano de Torre de Lobatón. El documento nos ha llegado hasta nuestros días debido a que formaba parte del expediente de un pleito ocurrido en 1.514 y que fue presentado por la esposa al reclamar su dote, teniendo que ser traducido al español por orden de los jueces.

Las ordenanzas del Tacanot estaban escritas en el lenguaje legal de los rabinos, tratándose de un castellano lleno de palabras hebreas.

En Zamora, uno de los dos maestros de Zacut, Isaac Campantón, fue considerado el “Último Gaón de Castilla y León”, siendo maestro de la academia talmúdica de dicha ciudad, debido a su condición de ilustre rabino y talmudista.

Campantón escribió Darjé hatalmud , un manual para el estudio del Talmud , y diversas obras sobre Astronomía y Aritmética.

Se conoce la intervención de Isaac Campantón en el repartimiento de los impuestos entre las aljamas tras la muerte de Abraham Benveniste.

Al hablar de los escritos de la religión hebrea en Castilla y León, es importante hablar del libro Esplendor ( Zóhar ), que fue de los más importantes de la mística judía dentro del movimiento cabalista, al influir de manera clara en las aljamas, renovando las esperanzas en un Mesías. El autor de Zóhar fue Moisés de León, que vivió en Guadalajara de 1.280 a 1.290 y que posteriormente residiría en Ávila.

Las lápidas sepulcrales son otro ejemplo de los restos arqueológicos encontrados, y han sido halladas en antiguos cementerios sefarditas, como el de la aljama leonesa de Puente Castro, o formando parte de construcciones posteriores a la expulsión judía. También son frecuentes los anillos con inscripciones hebreas y los barrios de los que se tiene constancia que fueron judíos. Por ejemplo, el anteriormente comentado de Béjar, o el de su vecina Hervás. Hecho que suele quedar perpetuado mediante el nombre de las calles de dichos barrios.

En el municipio palentino de Aguilar de Campóo, la puerta de la Reinosa, posee la única inscripción hebrea en una construcción civil que se conserva. De la que sabemos únicamente que fue construida en 1.381, y que los mecenas fueron don Sac ben Málej y su mujer doña Bellida. Especulándose con la posibilidad de que fuera edificada con motivo del enlace matrimonial de ambos.

La huella artística más notable del pueblo sefardí fueron los manuscritos iluminados: La Biblia , el relato de la pascua judía (la Hagadá de Pésaj ) y los oracionales fueron los libros que mejor fueron decorados. Los motivos eran micrográficos, geométricos o florales, o escenas bíblicas o de la vida cotidiana judía.

Las ilustraciones de todos estos libros tienen un gran valor para conocer el modus vivendi hebreo en la península durante la Edad Media, así como las vestimentas, los oficios, las moradas y las fiestas religiosas.

Dentro de la literatura judía, destaca el rabino Semtob ibn Ardutiel o Semtob de Carrión, el cual, en la aljama palentina de Carrión de los Condes, escribió sus Proverbios morales , que dedicó al rey Pedro I. Los cuales estaban compuestos en el castellano de la época para que no solo los entendiesen los judíos, sino también los cristianos. Siendo muy populares en las aljamas hasta el edicto de expulsión, y contando con el beneplácito de los intelectuales cristianos de la Edad Media. Con esta obra, nos encontramos con un ejemplo bastante temprano de las letras castellanas de autor, siendo a la vez, una de las pocas de un autor judío que conocemos.

La Red de Juderías de España ha realizado una magnífica labor para impulsar el conocimiento de todas las ciudades españolas que tuvieron un papel importante en la antigua Sefarad. Por ese motivo sería muy interesante incluir en ese itinerario las ciudades de Salamanca y Béjar. Siendo esta última la que más ha impulsado este tipo de iniciativas con la creación del Museo Judío David Melul. Lamentablemente, Salamanca no ha promovido lo suficiente el estudio y promoción de su legado sefardí, pero, por fortuna, ese es un error fácilmente subsanable gracias al interés de su vecina Béjar, de todas las ciudades que pertenecen a la Red de Juderías, siendo tres castellanoleonesas (Ávila, León y Segovia), y al buen precedente que supone el Museo Sefardí de Toledo. Sin olvidar, que muchos castellanoleoneses, al menos, a lo que a la genealogía de nuestros apellidos se refiere, descendemos de aquellos sefardíes que poblaron la península Ibérica durante mil quinientos años. Un hecho que a cualquier persona con unas mínimas inquietudes culturales no puede dejar indiferente.


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