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  Guías culturales

EXPOSICIÓN POMPEYA Y HERCULANO, A LA SOMBRA DEL VESUBIO
David Herrero Sánchez
davherrero@yahoo.es

Sala de San Boal de Caja Duero (Salamanca), del 8 de mayo al 29 de junio de 2.008

La Salmantica de los romanos, tiene el honor de recibir una exposición que muestra los tesoros arqueológicos de las ciudades de Pompeya y Herculano, que como todo el mundo sabe, fueron sepultadas por la lava y las cenizas del volcán Vesubio en el verano del año 79 de la Era Cristina. Pompeya era una ciudad para el ocio de los patricios, y Herculano una ciudad donde residían y trabajaban pescadores.
La sala de San Boal se encuentra a poca distancia de las futuras sedes del Museo Nacional de Arquitectura y Urbanismo y del Centro de la Memoria Histórica de Salamanca.
Esta muestra ha recorrido varias ciudades españolas, y ha sido contemplada por más de 100.000 visitantes. Siendo el artífice de dicha exposición el Instituto Italiano de Cultura, y su patrocinador, la Obra Social de Caja Duero.
A comienzos de 2.001, Caja Duero realizo una exposición con el título Roma, nostalgia y rescate (grabados de Giovanni Battista Piranesi) en el Palacio de Garcigrande de Salamanca. Dicha exposición del Museo Nacional de Cuba mostraba cómo las excavaciones del mundo clásico durante el Siglo XVIII, fueron el principal acicate para la creación de las disciplinas de la Arqueología y la Historia del Arte. Pero sin duda, de entre todas las excavaciones, las de Pompeya y Herculano tenían un extraordinario interés, ya que estaban prácticamente intactas. Algo solo comparable en el mundo de la Arqueología, con el hallazgo de la tumba de Tutankamon en el Siglo XX.


Escultura de la exposición

Las piezas expuestas provienen del Museo Arqueológico de Pompeya, el Observatorio Vesubiano y el Museo de Nápoles. Siendo en su mayoría piezas de la vida diaria de los habitantes de ambas ciudades de la Península Itálica. Por ejemplo, una estufa-calietacomidas y un brasero con trípode. También se pueden ver las diferentes dependencias de una domus romana. Aunque las piezas más llamativas, los famosos cuerpos de yeso, realizados dentro de las cavidades que dejaron los pompeyanos al morir abrasados, solo son tres. Es necesario poner de relieve que fue el arqueólogo Fiorelli quien tuvo la idea de realizar dichos moldes con yeso líquido durante las excavaciones. Unas excavaciones que empezaron en 1.748 por iniciativa del monarca Borbón del Reino de las Dos Sicilias, quien más tarde se convertiría en Carlos III en el trono español. Padre y abuelo de dos de los reyes más controvertidos de la Historia de España, y de los que tanto hemos oído hablar estos últimos días en las recientes celebraciones del II Centenario del 2 de mayo.

La estrecha relación entre los Borbones de los Reinos de España y de las Dos Sicilias, tuvo como consecuencia el atesoramiento, por parte de los monarcas españoles, de importantes colecciones de arte romano y griego, que con el transcurrir del tiempo, se exhibirían en el Museo Arqueológico de Madrid. Me resulta sonrojante y bochornoso cómo se omite la figura de Carlos III en multitud de documentales y reportajes sobre las excavaciones arqueológicas de Pompeya y Herculano. Sobre todo en medios audiovisuales de Estados Unidos.

Una escultura de jardín en mármol de un joven efebo abrazando un cisne, y que se puede contemplar en la muestra, es la imagen de la exposición. Resulta muy interesante dicha escultura, ya que pone de manifiesto una faceta de los habitantes del Imperio Romano, que tras descubrirse con las primeras excavaciones, escandalizó a muchas personas, y que aún sigue haciéndolo. De hecho, la famosa escultura de un campesino besando a su cabra, y que no pertenece a esta exposición, tras ser descubierta en Pompeya, fue mandada cubrir y poner a buen recaudo en un oscuro sótano en el irónicamente llamado Siglo de las Luces.

La muestra se divide en tres salas temáticas: la primera nos narra en qué consistió la erupción del Vesubio. Además, trata cómo una pequeña ciudad a orillas del Tíber, se convirtió en un imperio que tuvo la capacidad de convertir el Mar Mediterráneo en su posesión, el Mare Nostrum.
La sala primera también muestra las capas de los diferentes estratos que fueron sepultando la ciudad, y una filmación de 1.944 donde se muestra una explosión del Vesubio, que si bien puede darnos una idea de la violencia del volcán, no puede compararse a la que hubo 1.865 años antes. Víctima famosa de esa erupción fue el científico Plinio el Viejo, que murió al recibir un golpe de calor cuando trataba de dejar testimonio de todo aquello que estaba viendo, ya que in illo tempore, en latín, ni siquiera existía la palabra volcán propiamente dicha, y mucho menos se conocían sus peligros. No obstante, su sobrino, Plinio el Joven, a varios kilómetros de distancia, dejo por escrito todo lo que vio en una carta a Tácito. Fue tan descriptivo en los espectaculares hechos que presenció, que hasta nuestros días, su relato se consideró una exageración.

La siguiente sala trata sobre las distintas excavaciones llevadas a cabo en Pompeya, mostrando documentos y acuarelas, como por ejemplo, tres calcos realizados por el anteriormente comentado Fiorelli. Resulta curioso el dato de que aún falta por excavar un tercio de Pompeya y Herculano.
A continuación, objetos de la vida cotidiana, artesanía y frescos sobre personajes mitológicos, siendo el más sobresaliente el de la basílica de Herculano.
Una imagen femenina da carácter funerario, del Siglo I a.C., dentro de una gran fotografía del Mediterráneo, comienza y finaliza la exposición.
Todos los hechos narrados en la exposición ocurrieron durante el reinado del emperador Tito. Monarca que pasaría a la Historia casi una década antes por destruir y saquear Jerusalén, y por ser el causante de la primera diáspora del pueblo hebreo. Lo que provocaría el advenimiento de muchos judíos a Hispania, a la cual rebautizaron con el nombre de Sefarad.


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