Cayó como una pluma, de mi ala desprendida,
Con la melancolía tranquila de una ola,
Cayó en el silencio, callo, y quedaste a solas,
sin murmullo de rabia y palabras contenidas.
De lo oscuro del fondo suben recuerdos mudos
Del buque sumergido, con la calma y la pena
Del mar que lo cobija, enterrado en la arena;
Tesoro sin monedas, que yo tuve, y el tuvo.
Atardecer rojizo, de valles y de cumbres,
La calidez del fuego, quemando sentimientos,
La hoguera de mi alma, que a veces no comprendo…
Y tu agua fue leña, que no apago mi lumbre.
Cayó nuestro navío, al fondo del incendio,
trepo nuestro “te quiero” a la cima del silencio
la espuma de mis olas se deshizo en tus rocas,
pues fue tu amor cadena a mis sueños infinitos,
y fue mi amor condena de tu risa y tu brillo…
Ahora la calma llena la orilla de luces y sombras.
Resquicio que, de pena, la noche oscura viste,
Destellos taciturnos de duendes y de hadas.
Llévate, oh, cielo, la estrella que me diste…
Espiral de lágrimas e ilusión enredadas.
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