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Vivo de ti, amor, de inciertos
calambres que alimentan mi ser
en el súbito amor que nos envuelve,
atrapados por lo que vivimos
descubriendo los territorios de nuestro amor,
anhelo que crece como la hiedra
enredándose en ti, por mi.
Voy por la senda de tu amor,
a viva voz entre tus labios
que silban en el viento,
entre sombras,
entre criaturas que nos miran con recelo,
con nuestra brisa de amor.
Ya no pienso en ti, amor,
vienes a mi, sola, por detrás,
sintiéndote ya,
en este amor tan cierto
en el incierto morir,
sin olvidarte nunca
amor, en mi corazón eterno.
Vivo en ti, amor, entre gritos,
desde arriba de mi alma,
mordiendo tu cuerpo con frenesí,
con todo mi amor, amor mío,
como el trueno que aúlla
en el tupido cielo en que te amo,
te reclamo amor, a todas horas,
incesantemente, en este lento morir.
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PRESUNCIÓN DE AUSENCIA
DE AMOR
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Si algún día crees que no
me amas
y sientes el anhelo desesperadamente de otros labios,
no digas nada al discutir,
deja que el agua se desvíe de su cauce,
deja mañana tu sombra en mi almohada,
y el día (mi desdicha)
caerá en un anochecer permanente,
y la luz de la mañana
resquebrajará mi pecho
en irremisible desazón,
y el rompedor del sueño
hincará sus manecillas
en mi alma redoblada de dolor.
Lleno de dolor en ese instante,
me lo diré, te lo diré;
tu ausencia me tendrán vegetando,
e iré calculando
si los días son años
y los minutos son días
y si cada segundo
será el golpeo en el pavimento
de mis lágrimas a borbotones.
Desde mi habitación desvencijada
y mi pensamiento onírico
lloraré sin ti, de mi, por ti,
por la urgencia anhelosa
de encontrarte si te pierdo,
y por la desalentada desesperación
de mi búsqueda obstinada.
Mi alma resuena como una campana en agua
herida entre las olas del mundo
y mi triste ausencia duerme en lo oscuro
como un cóncavo navío devuelto a su mar.
Mi conciencia llena de peces egipcios
combate contra las sales minerales
y surca la soledad nadando
circulando como un naufrago herido
en lágrimas de sal y espuma.
Esta noche no puedo disfrazar las gotas galopantes
ni ahuyentar las fantasmas oceánicos
que encallan mis dudas quejumbrosas
porque esta noche de profundidades
han clavado en mi pecho dátiles marinos.
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