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HISTORIAS DEL BARRIO SIMÓN BOLÍVAR, LA VEGA, CARACAS, VENEZUELA


Eduardo Planchart Licea
eduardoplanchart@yahoo.es

Introducción

Techos de zinc confundidos entre platabandas cual lajas de roca y tierra, surcadas por laberínticos caminos, callejones y calles entre mantos de vegetación, es la imagen que se contempla del barrio Simón Bolívar a través de la fotografía satelital. Esta mirada se acerca al hacinamiento en que viven miles de familias que desean dejar de ser anónimos y que quieren convertirse en hombres, mujeres, ancianos y niños con rostros y palabras. Estas historias fueron registradas en gran parte por los miembros de la misma comunidad, son expresión de su visión del mundo, sus composiciones fotográficas revelan lo íntimo y lo público y sus dibujos son trazos tanto del ser como del deber ser.

En esta zona cercana al centro de Caracas, familias provenientes del oriente y occidente de Venezuela, se empezaron a radicar a mediados del siglo pasado, al final de la dictadura de Pérez Jiménez, a término de los años cincuenta y principios de los sesenta. Llegaron a crear un nuevo hogar cercano a la capital, o a tener un tipo de vida campestre y venir entre temporadas. Algunos de estos se quedaron y sus hijos aún habitan en la zona tal como ocurrió con Aníbal Pérez, quien llegó con su padre a cultivar estas tierras, y como una herencia de ese hacer, el hogar de esta familia está rodeado de un jardín de árboles con frutos exóticos. Él muestra con el mismo orgullo estas plantas sembradas antaño, como las claraboyas de vidrio del techo de su casa, la originalidad de los diseños interiores. Con frecuencia recuerda el mote que le puso su padre a su hogar: “la iglesia”. Se afirma así una clara concepción del gusto, en donde lo importante no es tanto el afuera como el interior.

Así, muchas de estas casas se encuentran sin frisar en sus exteriores, o con materiales tirados encima de las láminas de cinc o de las placas de concreto, pero al entrar, en la mayoría de las ocasiones, se está ante una realidad completamente diferente donde domina el orden, los símbolos ejes de cada hogar encuentran su lugar predilecto en la sala, sitio para las fotografías familiares, las vírgenes, las imágenes que recuerdan el origen, las iglesia de la patrona o su representación y no es raro toparse representaciones del Libertador. Ante esto uno se pregunta si es esta la Venezuela sin horizontes a la que nos referimos a diario o es la evidencia de un país contrario a la ignorancia y la subestimación de la voluntad creativa que tiene el venezolano.

Estos pobladores empezaron a llegar tiempo después a estas colinas, inmigrantes de Colombia, Ecuador, y Perú y siguen llegando por oleadas. Los orientales prefirieron la parte baja, la alta fue la predilecta por los ecuatorianos, quizás les recordaba las altura andinas, siendo esta en el presente una de las comunidades de mayor población del sector.

Hilario Cordero, de Cumanacoa es uno de sus fundadores, aún recuerda cuando llegó a esas colinas y las quebradas que se convirtieron en su hogar.

Me gustó este terreno, porque quería criar animales, sembrar y cosechar. Cosechita que aún tengo más o menos... Desde que llegué tengo todo igual y entre más días, voy sembrando más mata.” (Testimonio. Hilario Cordero, 2006).

Trasladó cada quien, según sus posibilidades y creatividad, su forma de vida a estas colinas, viviendo al principio del cultivo, del trabajo en la construcción, de la administración pública, y del trabajo en casas de familia. Sus diversiones fueron la cancha de bolas criollas de Hilario, donde se reunían y siguen reuniendo a conversar y practicar este ancestral juego nacido del mestizaje; también estuvo la gallera de Inocencio, que hoy sólo vive en el recuerdo.

Los pioneros de la comunidad mantienen sus hogares muy parecidos a como cuando los construyeron, con paredes de maderas y techos de cinc. La primea parte de la zona que se habitó fue la parte baja, llamada hoy la calle RafaelUrdaneta y donde se encuentra la cancha de básquetbolsemidestruida. Junto a ellos trajeron su cultura y sus creencias, tal como se evidencia en la capilla a la Virgen del Valle, en la parte baja de los Mangos que tienen su historia; entre chismes y conversaciones se cuentan sus milagros, su celebración es el ocho de septiembre.

Cómo llegaron a habitarse todos estos cerros es algo que Hilario comenta:

Yo no los traje, ni de venida ni de vuelta, sino se corrió la pista, por ahí se decía:

“Busca un carro, vamonos pa’ llá, pa’ Caracas, vale, que allá hay terreno donde viví”. Vinieron poco a poco, y ahora son más de mil familias, en la parte baja. (Testimonio. Hilario Cordero, 2006)

Existe unanimidad entre los primeros habitantes de lo arduo de la situación que vivieron por no tener ningún servicio. Así, surgen los barrios de un proceso de invasión y de banqueteo o el aplanamiento de los terrenos por una persona o un grupo que los vende, después vienen las luchas y consultas por buscar las mejoras en su calidad de vida, que llegan con la electricidad, el esporádico servicio de agua, la construcción de escaleras, las vías de acceso, y con ello el transporte. Si algo caracteriza a los relatos del sector Simón Bolívar, entre mediados de los años cincuenta hasta fines de los ochenta, son los barriales y la dureza de las situaciones en que se veían obligados a vivir. La consolidación de la zona se sustenta en la solidaridad y apoyo mutuo de sus habitantes para lograr mejoras en el sector.

Varios nombres han tenido estos cerros del sector de los Mangos a lo largo de su medio siglo de existencia, y cada uno de ellos delata una etapa de su crecimiento. El primero aún suena como una ingeniosa ironía el barrioAjuro:

Lo de barrio Ajuro era porque la Guardia un día lo tumbaba y nosotros lo volvíamos a parar, el mismo día. (Testimonio. Etanislao Marchan, 2006.)

El segundo nombre fue barrioNuevo, surgió de la esperanzas de crear una nueva vida, en lugar de eso estaban a la buena de Dios entre un paisaje semiselvático, polvoriento, barroso e incomunicado, y las historias que se cuentan de situaciones tan simples como salir del sitio a trabajar limpio, tras subir esos cerros de polvo o barrriales, a veces incluso a gatas, delatan fragmentos de épicas que nos describen lo que es el venezolano. Fue difícil de comprender para las autoridades el simbolismo de este nombre por lo cual fue rechazado, y se quedaron otras vez como los sin nombre, sin existencia, sin haber nacido todavía a la sociedad.

Terminaron llamándose barrio Simón Bolívar por consenso de sus habitantes en una agitada reunión celebrada en 1994. Se recuerda con orgullo aquel momento, razón por la cual se guarda aquella acta. Y es tal la identificación de la comunidad con el simbolismo que rodea al Libertador que es común entre conversaciones sazonarlas con sus pensamientos contextualizados a las situaciones cotidianas, o mostrar el orgullo de llevar este nombre:

Le pusimos barrio Simón Bolívar..., como él es un símbolo, le da renombre al barrio. No es lo mismo que digas: ‘Mira, vivo en barrio Nuevo’, que digas: ‘vivo en el barrio Simón Bolívar...’ (Testimonio. Taide Rivas, 2006.)

Esta refundación elevó el sentido de pertenencia y autoestima de la comunidad, de ahí que uno de sus primeros grupos musicales se llamaran Las Bolivarianas, y entre risas hoy responden, “nosotros nos llamábamos Bolivarianos antes que el presidente lo hiciera, él se copió de nosotras.

Al no existir plazacentral en los Mangos, el contacto social se da en la calle, se vive hacia fuera, incluso trabajos como la herrería son realizados en los patios de las casas. Como expresión de esto, algunas ventas de alimentos se dan en la calle, como son el pescado y algunos puestos de vegetales y legumbres; los exteriores de las bodegas, y los lugares de compra de la lotería son sitios frecuentados, así los espacios de encuentro y juegos son conocidos por todos: la esquina laredomita es llamada por ejemplo “la esquina caliente”, pero no por la violencia, sino por ser sitio de encuentros de amigos y enamorados, cerca de ella los fines de semana se juega y baila, se habla de los problemas como el de la inseguridad, y a veces se siente su cercanía y su presencia, pero el país se acostumbró a esta trágica situación, y lo percibe como una situación normal. Sin embargo algunos sectores de la juventud han dejado la pasividad y han comenzado a actuar de manera desprendida y ética. Es el caso de Dana Díaz, en su conversación la idea que tiene mayor peso son las asociaciones que provienen de la palabra atropello. Actualmente es facilitadora de la asociación “Servir para vivir”, junto a otras jóvenes y madres de la zona.

Entre sus dos calles principales, la Venezuela y la Rafael Urdaneta, surcadas por callejones, comunicados a través de innumerables escaleras, algunas con más de trescientos escalones, con curiosos nombres como son San Antonio, el Calvario, Monagas, Libertador, Oriente, Francisco Miranda, Simón Rodríguez, Emparan, 23 de Enero, Doña Cristina, o con motes como “la jungla”... Se ve un paisaje dominado por cerros, aún con huellas de verdor, cruzado en todas direcciones por largas escalares de cemento y tierra, entre conversaciones callejeras es común oír:“Eso ayuda también a que las mujeres tengan pielnas, pero los hombres también…, ese es el sitio donde hacer ejercicio, porque no tenemos áreas donde tené una cancha”. (Testimonio. Aníbal Pérez, 2005.)

Es este barrio una de las múltiples “Venezuelas” que parecen convivir en un mismo tiempo, aunque en diferentes lugares. En estas historias de vida intentamos conocer un presente con la intención de encontrar uno más de los rostros de la Venezuela ignorada, y tener vías para crear un mejor destino para los habitantes de este nuestro terruño. A través de estas palabras nos acercarnos a épicas que muestran el país anónimo, dentro del cual se generan reflexiones que responden sin desearlo a los discursos establecidos por el sistema para justificar nuestro paradójico presente, tales son los pensamientos de Juan Antonio Franco, cuando afirma: “Si todos los venezolanos se unieran para lograr un objetivo como es mejorar la calidad de vida, lo lograríamos pues este es un país petrolero, aquí pasa algo extraño, cuesta mucho comprender la crisis”.

Afirmaciones como ésa son las que nos hacemos una y otra vez, cuando vemos la explosiva miseria que domina a lo largo y ancho del país, con la buhonería, el incremento de los niños de la calle, los improvisados cobijos hechos con bolsas de plásticos, los viejos colchones cubiertos de cartón al borde de las autopistas, en las aceras, debajo de puentes o a orillas del Guaire. Estos venezolanos son los nómadas de la contemporaneidad. Para dar respuestas a esta realidad, debemos acercarnos a su multiplicidad socio-cultural, para aventurarnos a saber quiénes somos de manera concreta, pragmática y no ideologizada o abstracta. Son algunas de las razones de las presentes historias de barrio, apoyadas y promovidas por la Fundación Chacao, desde el 2003, que dieron sus primeros frutos en las experiencias recopiladas en el libro Historias de Bucaral, realizado entre los años 2003-2005. En ese barrio de la Castellana, a través de este proyecto, se lograron diagnosticar problemas de la comunidad a los que se les dio solución. Una de las grandes diferencias entre las historias de vida del Bucaral con la del barrio Simón Bolívar, es que en el primer caso el pasado es visto como una tragedia, gracias a las mejoras del presente, a diferencia de lo que se observa en el segundo caso donde se expresa en cada una de las visiones un agresivo deterioro de la calidad de vida, desde 1998 para acá.

La elaboración de estas memorias sociales se han realizado a través de entrevistas directas, colectivas y participativas, así, la mayor parte de ellas fueron realizadas por miembros de la misma comunidad, se hicieron a su vez en ocasiones en lugares públicos para buscar la espontaneidad de una conversación entre vecinos. La mayor parte de las fotografía fueron tomadas por adultos y niños del sector a través de las cuales brotó un discurso visual pleno de originalidad, que a veces señala lo que la palabra se niega a decir. También se realizaron dibujos referenciales y trabajos de mapas, con niños, adolescentes y adultos para acercarse a la percepción simbólica que tiene el barrio de sí como realidad y como utopía.

A lo largo del proyecto, que duró más de un año, la Fundación Chacao hizo llegar al sector la alegría de fiestas colectivas con Zanqueros, payasos, titíteros y diversiones que acostumbraban a realizarse años atrás y que dejaron de hacerse por factores como la política y el temor, se contó con el apoyo de voluntarios externos y de la zona para revivir estas actividades; y demostrar que el miedo debe ser vencido para poder tener una vida ciudadana plena. Como un claro ejemplo de esto, se puede observar la serie de imágenes tomadas por los miembros de la comunidad de estas celebraciones, a través de juegos propios de la zona que revivieron tradiciones adormecidas por nuestro conflictivo devenir histórico

El barrio Simón Bolívar es por tanto una proyección de una de las tantas Venezuelas que palpitan en nuestra geografía. Son muchas las virtudes encontradas entre sus habitantes como son la voluntad para poder sobrevivir en un país dominado por la injusticia social, un ejemplo de esto son las arduas jornadas laboradas por muchos de sus habitantes y los modos de vida que tienen que crear, siendo una muestra más de la tenacidad del venezolano, tal como ocurre con quienes pasan noches completas en el mercado de Coche caleteando frutas, y vegetales:

Eso chamos trabajan en Coche, se trasnochan. A las siete de la noche se van hasta la una o las doce del día siguiente. Se vuelven a parar a las seis de la tarde y vuelven a trabajar. A veces, se quedan varaos sin trabajo, como cuando no entran piñas. Cuando llegan los camiones de piña, tienen que carretillar. Si no entra ningún camión, no se trabaja. Por aquí, en este país sí hablan pistoladas, no se dan cuenta de esas cosas. (Testimonio. Nuri Rodríguez, 2006).

Se expresan el espíritu de la inventiva popular en las respuestas dadas para resolver problemas de infraestructura de la comunidad, como se evidencian en el caso de Isidro Heredia, electricista que empezó reparando lavadoras para alquilarlas a los hogares que las necesitaran, y últimamente planteó la creación de un sistema de guayas para cargar materiales de construcción, pues sus costo casi se duplica debido al transporte:

He arreglado dos lavadoras, y voy haber si saco dos más, para alquilarlas, aquí mismo en el sector... Aquí se puede ubicar fácilmente un sistema con la transmisión de un vehículo… Entonces ahí se puede hacer un sistema de guinche y se sube directamente hacia arriba. (Testimonio. Isidro Rodríguez, 2006.)

Día a día es común ver la dinámica de vida entre esas calles, por entre gritos, chistes, música, cantores improvisados, y los pesados echadores de broma riendo a carcajadas a costilla de los demás, pero siempre encuentran a alguien que los ponga en su sitio, y paradójicamente muchas veces son mujeres, que con ingeniosos dichos resuelven cualquier tensión, con frases como: “Tigre no come tigre”, o “Vas a morir de mala muerte, si sigues en ese plan”.

Existen tensiones y conflictos en el barrio Simón Bolívar, y son producidos generalmente por roces entre grupos de jóvenes, así se llegan a dar situaciones de violencia. Es una preocupación constante de todos en la comunidad el distender este clima y lograr treguas, que se han intentado realizar en diversas ocasiones.

Ante esta problemática, se hace necesario encontrar, como afirman muchos miembros de la comunidad, instancias o personas del sector, que ayuden a disminuir estos conflictos y así resolver sus problemas por gente de la zona, buscando soluciones y compromisos de consenso como afirma Belkis Villafañez:

Es necesario que limemos nuestras aspereza ¿Pero quién lo puede hacer? Por mí parte trato de hablar seguido con los muchachos, y les digo:

“Ustedes se criaron juntos, déjense de esos problemas, cómo es posible que mañana ustedes estén peleando, sean enemigos, y se digan: ‘¡tú eres culebra!’. Eso no esta bien, esa no es la idea de la vida… ”. (Testimonio. Belkis Villafáñez, 2006.)

Si algo es propio del sector es el lenguaje con que se expresa, y sus giros delatan la diversidad cultural y espiritual de los Mangos, en el sector Simón bolívar. En el habla cotidiana de manera paradójica la grosería no es una muletilla muy usada, en lugar de ello es común escuchar ingeniosos frases, con un toque de ironía y humor; como es el dicho para aquellos que van muy rápido, y no saludan en su apuro: “Caminas más que loco nuevo”.

De este lenguaje coloquial, Etanislao recuerda cuando iba con sus burros, cómo todos le gritaban: “¿Andas como un burro o eres un burro?”.

Hay dichos para referirse a diversas situaciones, como son el evitar entrar en movidas desconocidas y así alejarse de sus consecuencias, otros para no ser enredado por la verborrea de los picos de oro, o el evitar caer por inocentes ante una situación inesperada. Son pensamientos que evidencian el ingenio, el pragmatismo, y el continuo comercio con la mentira. En cada uno de estos dichos se mezcla lo universal con local, pero también estamos ante los ritualismos en el hablar como rasgo definitorio de la heterogeneidad que caracteriza a Venezuela, como ese bueno, o el cónchale o esta es mi palabra para acentuar algo que se desea decir. Ejemplo de esto son las expresiones: “No me voy a meter a bruja, si no conozco la hierba”; “Cuando me abrían la puerta volaba, porque los pájaros de que vuelan, vuelan”; “Para convencerme de algo me tienen que tener sedada”; “Te dejaron con los pañales y mirando al sol”; “Ahí trecho entre decir y hacer”.

 

FOTOGRAFÍAPARTICIPATIVA Y DIBUJOS REFERENCIALES: Ver el ensayo en trabajos de investigación de Liceus “El imaginario Urbano: el hogar es Venezuela.

Conversación en Asociación Civil del barrio Simón Bolívar, Octubre 2005

Francisca Flores

Primeramente vivía en las Brisas de Propatria, verdad, en el año 79, entonces en el 80, por problemas de pareja vine para acá. Cuando existían las barracas, verdad, me informaron que aquí estaban agarrando y dando terrenos (1) aquí donde vivo. Entonces vine y agarré uno donde estoy ahorita. Lo fui construyendo con trabajo, trabajando, renqueando y haciendo el rancho. Aquí en este sector está la bodega grande (2) que está allá, la casa que está en medio de la señora Helena, y la casa mía. Por aquí no había más ranchos. Lo único era una bodeguita, abajo, del señor Manuel, y arriba otra bodeguita del señor Loyo, que murió. Por aquí no había nada, nada, donde vivo era un cerro.

Antes de llegar a Propatria venía de Lara. Nací en 1946, pero no puedo contar mucho, porque no conozca casi nada, llegue a los quince años aquí. Pero sabe que allá vivía con mis padres, y antes no es como horita que a uno lo sueltan pa’ llá, y lo sueltan acá. No, allá, me sacaron y me trajeron pa’ ca, no conocí nada.

En el 81 me mudé, aquí la jefa civil, mandaba a tumbar ranchos en esta hilera que está por aquí, y nosotros todos los poníamos otra vez. A través del tiempo, total que se cansaron y me quedé. En un año que no me acuerdo tuve un accidente, vino un carro y se metió contra mi rancho, verdad. Hace como veinte años, quede sin casa, a la niña le quitaron la manito, quedé sin nada. Porque unos venían a ver, y decían:“pobrecita”. Y venían a llevárselo todo, bueno, había gente que decía que saliera, porque esto, porque lo otro. Yo les decía: “¡No hombre!”.

Después, sí me salió una casa en Santa Teresa, la tuve allá. Pero, como trabajaba aquí, eso era un trayecto que quedaba muy lejos. Entonces traspasé esa casa, y construí aquí, donde estoy. No creo que Dios vuelva a permitir que vuelva a pasar lo mismo. Bueno, construí, hasta ahora todavía estoy aquí, verdad.

Trabajo horita en Fe y Alegría en el restaurante, tengo hijos. Mi hijo, es técnico de la Cantv, mi hija es secretaría de contabilidad, vive en Valencia y otra hija vive aquí.

De las tradiciones del barrio, recuerdo hacían fiestas del día de la madre, del día del niño, de carnaval, de la virgen del Valle(3). Ya, no celebramos eso por la política, también la delincuencia, y la inseguridad.

Creo que debemos unirnos, para a trabajar por la comunidad, no importa mande, quien mande. Nosotros estamos aquí en este barrio. Igual ocurre con esa calle, que está llena de monte, eso no tiene luz; deberíamos unirnos para arreglar eso en cuadrillas, vamos a limpiarlo y se acabó ese problema, también dentro de nuestras urgencias está el alumbrado, y eso podría ser parte de estas historias.

Manuel Bustamente

Con respecto a lo de la entrada del barrio, he ido a otros sectores de Petare, tiene que ser un ente gubernamental quien la arregle, porque en la entrada le han hecho arcos bien bonitos, iluminados que identifican el barrio. Aquí se podría hacer eso, porque el barrio se haría más bonito, más en la entrada, más cuando esta es una calle que es corta. Se ha planteado, pero no se ha logrado. Sí pienso, como dice Francisca, que debemos estar unidos.

F.F.:—Trabajemos juntos, mande quien made, uno lo que quiere son beneficios para el barrio, no proyectos ideales que se crean pero no se ejecutan, no se concretan. Y no solamente aquí, porque aquí alumbran, pero por allá no. Aquí donde estoy está todo alumbradito para las fiestas. Pero por allá, hay oscuridad, entonces vamos a alumbrar aquello, poner arcos allá, y cuidar todo el sector.

M.B.: — Sí, porque por aquí alumbran, pero eso dura sólo un tiempo. Pero si lo dejaran la seguridad aumentaría.

F.F.:— Pero tenemos que cuidar las cosas, por que he visto muchas personas que destruyen, porque dicen: “¡Ah¡ ¡No¡ Eso no es mío”. Vamos hablar claramente del modulo ese que estaban haciendo; bastante he peleado con los muchachos, la otra vez porque estaba abierto, la gente se sentaba, y los muchachos rompían los bloques, y les decía: “pero no dañen eso, porque eso no es tuyo, eso es mío, y de todos”. Todo lo que sea para la comunidad, se debe cuidar, verdad. ¡Ah! Pero a veces habemos personas, que dicen: “no, porque no soy del gobierno”. Eso es de gente ignorante, por favor. ¿Por qué he de cuidar eso? Es porque esto es de la comunidad, no es del gobierno, es de nosotros que estamos aquí en el barrio. Eso es lo que pasa también, la gente es desunida. Y lo repiten otros “¡No! Si no está mandando mi presidente, no vamos a cuidar”. Por favor, a nosotros es a quienes nos hacen faltan las mejoras, no a este o a otro presidente, ellos están y estuvieron siempre completos. Pero nosotros estamos en el barrio debemos cuidar eso, yo lo pienso así, no sé ustedes.

Taide Rivero

Una de la cosas que me tiene dolido es la cosa de la cultura, como dijo la señora Francisca, como por los menos cuando se hacía el día de la madre, del niño, de la Virgen del Valle, se hacían juegos deportivos y diversiones. Donde está la tribuna ahora no tenemos nada. Los que se han mudado, se han ido olvidando de nosotros.

Antonio Anchundia

Por lo menos tengo aquí treinta años que vine de mi país, y cada vez que recuerdo mando algo para el pueblo. Y ya, no me conoce nadie allá. Si ustedes nos apoyan nosotros le echamos pichón a todo, nosotros somos albañiles, es cuestión de que allá material para trabajar.

T.R.:Cuando estamos en la calle, nos decimos los hermanos colombianos, peruanos, ecuatorianos y nosotros por eso juntos apoyamos a hacer el sistema de red de cloacas, el servicio de agua también se trabajó en común. En la limpieza de la calle, antes, cuando íbamos hacer fiestas, también participamos. Por ejemplo, en la festividad de la Virgen de Montserrat (4), nosotros no sabíamos nada de esa Virgen, porque los ecuatorianos la trajeron para acá. La veneramos porque estamos con ellos también, y participamos y una sola vez no la hicieron y nos pusimos tristes.

A. A.:Ese año no hicimos la celebración a la Monserrate por la política. Cuando la hacemos somos cinco asociaciones, y cerramos la calle completa, vendemos comida típica y todo eso se llena de negocios, de comida.

T. R.:Se vende comida colombiana, ecuatoriana, venezolana y bebida. Se hace en noviembre. Este año la vamos a hacer. Hay varias celebraciones los ecuatorianos participan con la virgen de Monserrat, los colombianos con la Virgen del Carmen (5), pero entonces nosotros con la del Valle, pero como siempre en casa se veneraba a Santa Bárbara (6), entonces le hice su capilla para todos en la comunidad, para que participemos todos.

Belkis Villafáñez

¿Por qué dicen ustedes que nosotros no tenemos nada?, nosotros sí teníamos, la celebración de la Virgen del Valle. La tenemos abajo; pero no se le hace la celebración. Ahora por la cuestión de la inseguridad, hay mucha inseguridad, eso está imposible, eso es todo los días.

No es por nada, pero admiro a mucha gente extranjera como los ecuatorianos, y colombianos porque son muy unidos, y de parte de los venezolanos tenemos mucha desunión, somos muy orgullosos, pero el orgullo no lleva a nada. Sería bello que hubiera una unión y trabajáramos juntos, no importa quien sea negro, blanco, colombiano, de donde sea, pero lo que pasa es que hay discriminación. Soy venezolana, pero me da igualito trabajar con quien trabaje, sea del país que sea. Todos somos iguales, para quien creó al mundo: Dios.

Armando Anchundia

Pero somos egoístas. Debemos hacer el arco, la mano de obra existe, por lo menos los ecuatorianos saben mucho de lo que es la construcción. Queremos hacer un arco de entrada, de “bienvenido al barrio”, cuando uno llega a una colonia, a un casino, o a la vaina de una escuela, ves un símbolo que diga: barrio Simón Bolívar.

Lo que queremos nosotros es eso y el hombre aquí y mi primo, lo que queremos es cabilla, y cemento. Nosotros con los demás le echamos

B.V.: Por lo menos ustedes necesitan un arco, me van a disculpar hermanos ecuatorianos por eso que desean, pero qué no necesitamos nosotros en la parte de abajo, de todo los que lograron aquí la gente del barrio, como son el alumbrado, las escaleras, calle, embaulados todas esas cuestiones las hemos perdido. El barrio en la parte de abajo está deteriorado completamente, necesitamos rescatar más bien todos esos beneficios. Imagínense ustedes necesitan eso, un arco. Cuánto no necesitamos nosotros…

Nos hemos organizados y todo, pero nos han puestos tantas trabas y obstáculos, incluso como miembro de la comunidad he hecho peticiones, he llevado las problemáticas con dos o tres personas, porque hace falta unión y que la comunidad aprenda a participar. Pero ahora las autoridades te dicen:

“Mira, tienes que formar esto, después tienes que formar una cooperativa”, y cuando hagas todas esas cuestiones, vas a las instituciones competentes. Te cambian las reglas de juego y te dicen: “ya no es la cooperativa, ahora es una ONG o esto”, cuántas veces no nos ha pasado eso, y molesta, porque pareciera que juegan con uno y con la comunidad.

Y, en el la zona no hay gente que lime las asperezas, si hubiera participación y unión es mucho lo que se haría.

Andrés Bello

A veces hay cosas que escapan de soluciones inmediatas y sencillas, otras cosas son sencillas y se podrían hacer, y eso motivaría a otros sectores de la comunidad a seguir actuando y organizarse.

Los actos culturales no son incompatibles con la organización, por el contrario, un ejemplo es que en una oportunidad tuvimos cincuenta y seis niños para la comunión, tuvimos que dividirlos en dos grupos porque eran muchos. ¿Qué solicitamos para hacer el local? Material a la Alcaldía de Caracas para construir aquí, pero no nos pararon. Pero esto lo hicimos nosotros mismos, pegamos bloques, cemento. Aquí, ningún organismo puso medio, nosotros pusimos los reales, los bloques, el sancocho, la caja de cerveza igual cuando estábamos haciendo la calle, que le pedimos a la Alcaldía: material para seguir hacia arriba, y nunca nos los dio. En estos días esto estaba bien feo, hasta que decidimos volver a organizarlo todo, desde que nos sabotearon, habilitamos en el local un pedacito de aquí hasta allá, para reunirnos. Pero lo rescatamos, la semana siguiente comenzó la actividad, con los niños para la primera comunión nuevamente, ahora tenemos tareas dirigidas para veinticinco niños, que separamos en horarios diferentes. Tenemos dos facilitadoras del barrio, y otros vienen a prestar sus servicios a la comunidad. Pero necesitamos más espacio, esa es la idea seguir, y seguir...

B.V.: La Alcaldía no ha respondido, porque necesitábamos llevar una carta como aval de la Junta Parroquial y no se sabe aún por qué no la quiso otorgar, son las mismas cuestiones políticas de siempre, hasta cuándo más de lo mismo…

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(1) “El señor Loyo, era como un pequeño terrateniente en la zona, vendía estos terrenos invadidos, pues fue uno de los primeros que visualizó cómo podía hacerse de algunos recursos para vivir, y empezó a hacer pequeñas parcelas conjuntamente con un yerno de él, de apellido Bravo. Eran parcelitas bien hechas en las partes más planas del sector, les hacía un banqueaíto, que es excavar la tierra para dejar el espacio hecho nada más, para que la gente pudiera clavar a sus estacas para hacer su ranchito ahí”. (Testimonio, Andrés Bello, 2006)

(2) Yo, Manuel Rodríguez,bueno, tuve la primera bodega del barrio, pero cerré el negocio por los problemas que hay aquí, la inseguridad y la competencia que hay de bodegas y eso. Duré veintitrés años con ella. Cuando llegué había como treinta ranchos. Y si me iba bien, hacía mis realitos y eso para mantener a los muchachos. Crié con ese negocito nueve muchachos, bueno y los tengo todavía, aquí están conmigo. Esto cada vez es más difícil de vivir, y es necesario trabajar para arreglar las calles y controlar la seguridad, pero ante todo hace falta una escuela aquí para los muchachos, porque hay bastantes que no están estudiando.

La inseguridad, es en parte una razón por la que no tenemos escuela, tampoco hay un espacio donde los muchachos se diviertan, y por eso están los problemas que hay aquí”.

(3) Virgen del Valle: “Hace muchos años que escuché esa historia, sé que un señor llamado William que vivía en esta comunidad, hace aproximadamente como dieciocho o veinte años, una vez que estaba lloviendo, iba bajando por lo que se llaman las cañerías, por donde pasan las aguas negras. Allí, consiguió la carita que tiene la Virgen del Valle ahora.

El dice que iba va pasando y le llamó la atención esa carita metida en esas aguas negras y se regresó a buscarla. Es como muy parecida a una imagen de la Virgen del Valle, y allá abajo la tomaron con devoción y de allí fue que empezó el culto a la Virgen. entonces la señora Carmen y el señor Andrés de la bodega empezaron a hacer bingos, galerones, ventas y todas esas cosas para tener recursos para hacerle el nicho y vestirla, y así comenzó la tradición de la Virgen del Valle aquí en la calle Rafael Urdaneta, en parte baja del barrio Simón Bolívar, en aquel entonces BarrioNuevo. Y comenzaron todos los años allá abajo y entre todos los vecinos colaboramos. Mucha gente dice que ha hecho milagros, y uno a veces pasa y ve a la gente que le ponen coronas de novia, un libro, velitas eso me imagino es por milagros cumplidos.

Pero, desde hace varios años se dejó de celebrar por un lado por la inseguridad, porque comenzaron los problemas entre los muchachos de la parte de la Mata de Mango hacia arriba, y de la parte de la Mata de Mango hacia abajo, entonces ya ahí hay una culebra, como dicen entre ellos mismos. Ese fue uno de los motivos por el cual dejaron de celebrar la fiesta de la virgen del Valle, y por el fanatismo político”. (Yorlet Velazco, 2006).

“Es una tradición que nació en un sector que se llama Elhueco, que queda entre San Rafael y el sector unido, es donde dan vuelta las camionetas, ahí se mudaron los primeros orientales que vinieron a la zona y traían sus tradiciones de hacer sus velorios, sus galerones, implementaron aquí el culto a la Virgen del Valle. Luego se mudaron para la parte de arrriba y vinieron otros, se fue poblando la zona, pero ellos seguían yendo abajo para hacer sus devociones. Y un señor llamado Andrés Cedeño cedió un espacio, por eso la capilla está casi dentro de su casa. Cuando no hacen la misa como ocurre actualmente, hacen un rosario con una señora que reza en el barrio que se llama Nelly Carmona.

En principio eso era bellísimo, empezaron con lo tradicional que era hacer el galerón, cantaban contrapunteo se hacían concursos, y terminaba con un rosario. Después surgió la idea de hacer una misa con los jesuitas que bajaron al barrio, y el primer año le hicieron la misa y una procesión, pero la gente de arriba reclamó porque no se había subido la Virgen, eso fue en el 94. Al año siguiente se comenzó con los bingos y las actividades para hacer el acto, cuando se dio la procesión mucha gente de abajo pidió que se subiera, entonces se subió. Pero en uno de esos momentos hubo un señor de apellido Blanco, que cuando teníamos la misa abajo, lo mataron allá arriba, y esa oportunidad dijeron que era culpa del evento que se estaba realizando. Eso fue muy lejos, vivían arriba, donde falleció, pero la gente de afuera que no les gustaba que hicieramos ese evento, aprovecharon la situación para difundir ese rumor. A partir del 2001, comenzó a decaer, que fue la última ocasión en que se hizo. (Andrés Bello.)

(4) Virgen de Montserrat: En el Ecuador estaba grande cuando a la virgencita la habían descubierto en un cerro, y ahora es una tremenda iglesia, eso en la provincia de Manabe. Ella es la patrona. En Puerto Viejo hay otra patrona, que se llama las Mercedes. De ahí hicimos una copia aquí, y estamos con la fe siempre. Y viene gente de todas partes cada veintiuno de noviembre. Nuestra patrona ha hecho muchos milagros, tiene sus devotos que están enfermos y después de venir caminan de un lugar a otro y con la fe se componen. La gente hace muchas promesas, y viene a pie desde su lugar.

Desde muy pequeño he sido devoto de la virgen de Monserrate, desde cuando vivía en el barrio San José. Entonces comencé con el amigo gorrita pa’ pedí pa’ hacé una fiesta porque nos quedamos sorprendidos de las hermosas celebraciones que le hacían.

Los paisanos ecuatorianos tenían una cooperativa, al final me entregaron la Virgen, ahora estamos avanzados, tenemos fondos y se hizo con colaboración de todos los paisanos. No hicimos rifas, ni bingos. El que tenía fe llegaba y colocaba su dinero, mientras veía que más se trabajaba más plata daban y se logró hacer todo eso. Pero últimamente hemos tenido un problema, cuando hacemos misa y llega el cura, comienzan los evangélicos de al lado a criticar y subir el volumen de sus aparatos, no respetan las otras religiones y nos sabotean las misas, los bautismos… (Testimonio, Armando Anchundia, 2006.) Esta imagen sacra y la expansión de su culto en América, tiene su origen en las misteriosas vírgenes negras, vinculadas a los antiguosrituales paganos de fertilidad de ahí la facilidad de crear sincretismosen la religiosidad colonial delNuevo Mundo. La talla fue realizada en el siglo XII en madera policroma y se encuentra en el monasterio de Nuestra Señora de Montserrat, en Cataluña, España.

(5) Virgen del Carmen: Todos los años la celebramos y la veneramos, porque somos devotos desde nuestros antepasados allá en el pueblo Piguiño, Magdalena, Colombia y a partir del 14 de julio empieza esta devoción, pero es el 16 cuando hacemos la misa en la mañana y la procesión en la tarde, sacamos a la virgen a recorrer el pueblo donde existe la iglesia desde mucho antes, muy antigua, y sagrada. Allá por lo menos muchos van, por la búsqueda de la manda, hasta los ballenatos Diomedes Díaz, Poncho Soleta.., allá en Magdalena va gente con las rodillas en sangre viva, pues esa es la manda que le hace caminar toda la procesión de rodillas, lo he visto.

Tengo en Venezuela más de treinta años, y nunca se me olvida la tradición del pueblo, y quisieramos hacerle una capilla de la Virgen del Carmen. Los Piñeros fueron quienes tuvieron la iniciativa de esa devoción, desde ese entonces tenemos aproximadamente celebrandola de diez a quince años.

Y, yo Lieder Luque he ido también a pagar mandas a mi pueblo en Colombia, y hasta ahorita me ha cumplido. Porque no soy evangélico, la Virgen es una mensajera de Dios, pues al pedirle la manda a la Virgen, también se lo pides a Dios. Hasta ahorita no tengo quejas de ella. (Testimonio, Lieder Duque Machado, 2006.)

(6)Santa Bárbara: Una vez tenía un carro, y entonces quería una camioneta, y de repente dije: “Mira Santa Bárbara, si me consigues ese favor, seré tu devoto. Y resulta que eso se me dio, y era como imposible. Desde ese día comencé así como dicen a tenerle fe. Entonces empecé en casa a hacerle altares, altares.., pero después quise compartir esa fe con la comunidad. Pero resulta que por aquí hay pocos devotos, y un día cuando venía subiendo por la entrada del barrio en esa piedra donde está ubicada ahorita, le prometí que le iba a ser su gruta para compartirla con todos. De su origen lo que me han contado es que esa virgen era una princesa, el padre como se dedicó al cristianismo, la puso en una torre cautiva y la degolló. De ahí para acá se le hizo un culto, que se mezcló con la corte africana, así más o menos es la historia. (Testimonio, Taide Rivera, 2006.)

Conversaciones:

Dos calles principales tiene el barrio Simón Bolívar, y en ellas existen lugares donde día a día se ven y conversan las mismas personas y también se establecen encuentros fortuitos, para recopilar esos testimonios se centró la atención en dos lugares donde se da una intensa y variada actividad social y económica de día y de noche. El primero está ubicado al principio de la calle Venezuela; y el segundo es lugar que fue la cancha de bolas criollas de Hilario Cordero, en calle la Rafael Urdaneta. A trasladar estas espontáneas conversaciones dedicaremos las siguientes páginas:

Calle Venezuela, Abril 2006

Marlene Romero: llegué hace veintiocho años a Venezuela, trabajé en casas de familia, de ahí me vine para La Vega. Bueno, vine para acá porque me casé con un venezolano. Y cuando vinimos para esto, era un pueblecito, había burros, no había agua por tubería, ni cañerías, teníamos que salir de pies descalzos para agarrar el carro, esto era horrible de verdad. Uno siempre tenía que llevar una botellita de agua, y nos lavamos los pies allá en la entrada justo donde está La Redomita. Tratábamos de agarrar el agua cuando llovía, porque las cisternas eran muy caras.

En esa época trabajaba en un laboratorio dental en Chacao. Pero esto era rico, había una sola casa en que se bailaba, que era la casa de Catalina, vive actualmente en Nueva Cúa, ahí nos reuníamos los fines de semana a bailar música colombiana, ballenato, y todo. Pero esto era tranquilo cerrábamos las puertas con una silla o con una ramita y nadie se metía en esas casas. Desde hace un tiempo vendo pescado, aquí les gusta mucho las cosas buenas, pero lo que más se vende es el Boca Chico. Vivo en la calle Venezuela, en LaFila, tengo solo una niña ahora, porque tenía un niño pero me lo mataron como hace tres meses, le dieron unos tiros allá arriba, se llamaba Elio Jesús Hernández, y la niña se llama Carla Hernández, está estudiando informática actualmente, y se va graduar si Dios quiere. Comenzó a trabajar apenas.

Esto es un barrio muy sano, tiene sus defectos, como los muchachos que consumen, pero no se meten con nadie, y todos los vecinos son muy unidos. No porque me mataron un hijo a tiros voy a decir que el barrio es malo, acá algo pasa y todo el mundo sale a defenderse, aquí no se ve ese problema de malandros y de no se qué.

Por aquí en este puesto, tengo años vendiendo pescado a la misma hora por la tarde, y a la misma gente. El pescado que más me gusta es el Boca Chico, yo lo hago frito o guisado al estilo colombiano, en coco lo rallo y cuelo la leche, luego le echo todo lo que es tomate, cebolla y ají. Pero aquí lo que más se vende es el pescado caro, porque a los ecuatorianos les gusta mucho el camarón. Por ejemplo, este oriental que está aquí, come camarones como monte.

Enrique Herrera: soy oriental y como más o menos camarones, lo suficiente pero también me gustan los calamares. Los como solos, rebozados, rellenos, al horno, al ajillo y el Boca chico también me gusta mucho.

M.R.: Verdad que era divertido cuando uno salía con las bolsas esas amarradas a los pies. Y cuando pavimentaron la carretera también fue una cosa chévere. Eso lo logró Antonio Terán con la comunidad, él fue presidente de la junta de vecinos, persona honesta que consiguió muchas cosas para el barrio. Ahora el vive en el Paraíso y fue presidente del Sindicato del Ministerio de Educación; fundador del barrio, igual que el finado Inocencio, que tenía sembradíos, era oriental como de Cumaná, y dueño de la gallera de pelea de gallos, los hombres allí se reunían. Como este barrio era como un pueblecito había dos diversiones. Ahí donde bailábamos las mujeres, y los hombres que se reunían en la gallera, y apostaban entre sí, eso fue hace muchos años. Hombres y mujeres separados, se bailaba allá donde Catalina, y había cuatro chamos que les decían los vaqueros, que también eran fundadores, andaban con botas vaqueras y guitarras.

E.H.: La pelea de gallos se acabó porque los fundadores que no se han muerto, están viejos o se han mudado. Y se perdió esa tradición, ahora quedan sólo algunas tradiciones aquí, más que todo la Semana Santa, por eso vendo cocos para lo que es el juego de coco, al que se le rompe paga el coco y la apuesta que hizo.

La Virgen del Valle no se celebra aquí, sino en la parte de abajo del barrio, aquí arriba se celebra la Virgen de Monserrat, porque la ecuatoriana es una colonia mayor que la colombiana.

La celebración de la virgen del Carmen es colombiana, aquí la hacían antes, pero ya no la hacen, es el dieciséis de julio, la sacaban en procesión sus devotos. La celebración de Monserrat es el diecisiete de noviembre, es una fiesta grandísima, se oye música ecuatoriana, y se vende también su comida en toda la calle, aunque hay variaciones aquí todo el mundo vende, colombianos y orientales.

Nidia Beltrán: Aquí, cuando se mudó Marlene, lo hizo a casa de Dina, que también vende pescado, pero en la parte de arriba. Allá, se vende variado: Roncador, Carite, Lisa, Boca Chico. Cuando llegando aquí mamá hace veintiocho años hacía trabajos en casa de familias, después se puso a vender pescado. Yo también vendo pescado, abajo en la redoma de La India.

Aquí siempre se hizo el día del niño y el reinado de las niñas en carnaval, pero este no se volvió hacer más desde hace unos años.

M.R.: Los enamorados tenemos un lugar por aquí, la esquina de abajo. Ese es el lugar del movimiento los sábados y domingos, ahí nos reunimos todos. Allí traen música, cuatro, maracas, amanecen, beben y bailan en la calle, esa es la diversión aquí. Este es uno de los barrios más sanos, mi barrio no lo cambio ni por un segundo.

E. H.: Esa es la “esquina del encuentro”, pero el trato es con mucho respeto.

Margarita Antonia Bogadin, viuda de Bello (Toña): Marlene, y ¿echaste petróleo en el piso?, es que aquí hay petróleo. Pero esto es aceite de moto. Aquí se reúne mucha gente, por ella que es un panal. ¡Cuánto pescado tienes!

M.R.: Poquito, ese aceite es porque estábamos pintando de nuevo el puesto, para ponerlo de otro color, mañana tengo que lavarlo con Ace y bastante agua.

M.A.B.: Salí bien en esa foto que me tomaron, sí vale, salí buena moza. Llevo viviendo veintitrés años en el bloque, costaban baratísimos en el 83, me mudé, pero la gente comenzó a mudarse en el 82. Ahí se vive bien.

M.R.: Cuando nosotros estábamos aquí ese bloque no existía, eran unas barracas. Los primeros que vinieron a los bloques, no los quisieron habitar que porque era muy lejos.

M.A.B.: Saben que donde vivía primero, el señor tenía muchos problemas conmigo, llegó a insultarme, hasta llegué a sentir la moral por el suelo, y la gente me decía: “Toña, ¿qué te pasa, te duele la cabeza?. Porque fue tanta la cosa, que la cara se me transformó, y entonces tuve que ir a la policía. Porque el señor me amenazó con una botella, ese día le dije: “Mira, sí me voy a ir de tu casa, no tengo ningún interés en quedarme, desde el primer momento que hablé contigo fue para alquilarla, no quería seguir viviendo ahí”. Pero no podía salir como loca, como una derrotada. Hasta que me insulto y decía groserías, hasta que un día le dije en su cara: “Mire, yo no le tengo miedo a usted, ni a su tamaño, ni a sus críos, si usted es oriental, yo también soy. “Tigre no se come tigre”. Y así fue, cuando me salió este apartamento aquí, pagué una comisión, pero las amistades no querían que me mudara y entonces.

Bueno, me vine pa’ ca con una venda en los ojos. Y me dije: “voy a ver dónde vivir nada más”. No me ha ido mal, gracias a Dios. Ahí crié a mis dos hijos, una es abogado y la otra se va graduar en administración. Los traje chiquiticos. Bueno, a decir la verdad la suerte me acompañó mucho, gracias a Dios. Recién viuda trabajaba en una escuela, en una cantina. Entonces una señora me consiguió para trabajar en una escuela, y de ahí salí jubilada. Mi hija se la llama Miralis Gabriela Bello Bogadín y mi hijo Nelson Antonio Nelson Bogadín. La hija estudió en Universidad Santa María y el otro trabajo en la Acuan, en Montalbán.

Gracias a Dios, voy a cumplir veintitrés años aquí, y no tengo quejas. Por lo menos el edificio lo respetan bastante, hay carros buenos, últimos modelos y todo, ¿verdad Marlene?

M.R.: Sí, y hasta uno cerca de él se divierte, así, en una de las casas del fondo abren el portón y ahí ponen unas mesitas y la gente bebe y baila los viernes y sábados.

M.A.B.: Pero con el favor de Dios, me quiero mudar de aquí, quiero algo un poquito más céntrico, el transporte es la cuestión.

Calle Rafael Urdaneta, Abril 2006

Maria Teresa Parra: Qué le toca a uno, vivir en este país, vivir alegre y contento, porque si uno se pone como el país, y ve la situación que los ricos son mejores que los pobres, se jode uno, llora uno cuando los hijos no tienen qué comer. Cuando uno a veces no tiene qué llevarles, ni una arepa, y si tiene la arepa, no tiene con que echarle la mantequilla.

Yo tengo años, casi no me acuerdo, llegué casi a los dos años, pero no aquí, en el sector de abajo, en la casa de Enrique Jiménez allí vivían ellos. Después me mude pa’ allá arriba. Tengo cuarenta años, o sea que tengo treinta y ocho años aquí. Nací en Caracas, en mil novecientos cuarenta y cinco.

Esto era montuno. Eso era puro monte.

(Voz de fondo):Bueno mami, toma seiscientos, pero mira a ve.

Antes de vivir aquí, vivía en el sector de San Rafael. A los padres no los conocí. Ahora todo está bien, porque hay agua, hay luz, cuando vine pa’ ca no había nada de eso. Nos alumbrábamos con lámpara de kerosén, las hacíamos con un pote y le metíamos un trapo, haciendo un huequito y le echábamos kerosén.

(Voz de fondo):Cuéntamelo todo, pero esa era la bulla de todo lo que ibas a comprar, dos chigüís, no jodas.

Eso era hace añales, cuando llegué a este sector tuve cuatro niños, son dos varones y seis hembras. Están trabajando ahora. En esta etapa de la vida me siento bien, porque al menos están grandes, y bueno, ya no trabajo. Pero antes era duro, pa’ salí de aquí era a patica, porque pa’ ca antes no había carros que subieran, bajábamos por la carretera y salíamos por la calle Zulia. Porque por ahí nos quedaba más cerca.

(Voz de fondo):Los reales no rinden, qué voy hacé: te voy a desvalijar esa bodega.

Estuve un tiempo jugando en la cancha de Hilario, bochaba o arrimaba de todos lados. Cuando llegué vivía aquí José Rivero, tenía un rancho, esto era como hacienda antes, había matas de café, cacao... Etanislao también fue fundador, el compadre Hilario y tabaquito tenía un ranchito azul chiquitico.

Irma Cordero: Bueno, donde más he participado ha sido en las bolas criollas de Hilario. Tenía un equipo, era con el esposo, pero eso terminó. Había muchas mujeres celosas, principalmente yo. Pero el equipo se acabó, porque nos fuimos apartando los que jugábamos.

Recuerdo que en esa época salimos a jugar a la cota 905, y a Aurora le dijeron que si no bailaba, íbamos a tener problemas todas las mujeres y tuvo que menearse con el tambor, mientras nosotras le hicimos las rueda para poderla cuidar. Eso sucedió porque ganamos y para poder salir de ese barrio, teníamos que hacer eso.

De donde nací en Cumanacoa, en mil novecientos sesenta y cuatro, llegué directo a Caracas. Viviendo establecida tengo diecinueve años. Cuando vine para acá tenía dos años, vivía en esta casa, y de aquí fui a donde Auristela. Mamá me llevaba a donde estaba trabajando, luego para acá los fines de semana o el tío Efrén iba a buscarme.

Tengo tres niños. He trabajado en la casa cargando material, bastante material cargué. Primero tenía un ranchito, compramos otro ranchito más a ese sí le hicimos un murito, después ahora compramos una casa grande. Pero ya no puedo hacer eso, porque de cargar tanto peso, tuve que operarme hace dos meses. Tuve trece años cargando agua, cuando estacamos en el ranchito. Ahora sí hay agua y soy feliz.

Estudié en la escuela esa que está después más abajo del colegio Fernando de Yañez, ahí no había nada, sólo unas matas, porque eso antes era, así he escuchado, donde metían a los presos…, por ahí había una construcción de Pérez Jiménez. Peleaba por defender a mi tío Domingo, por ser un borracho, pero a esas personas ahora las trato. Lo que más nos hace falta es tranquilidad porque uno a veces tiene que andar corriendo por medio de ese poco de gente que anda armada, o uno esta sentao ahí tranquilo y empiezan a tirotear.

María Parra: Bueno, todavía tengo las marcas de las quemadas que se me reventaron cargando agua en lata con la cabeza, cargábamos el agua de abajo, de La Vega. Venía con esa lata de abajo para arriba, cuando estaba preñadota de Yovani, me montaba la lata en la parte de arriba de la barriga, no teníamos escaleras, el camino de tierra todos caíamos en la cancha de Hilario. Cuando hacía mercado, primero llegaba la bolsa que yo, eso era un resbaladero de chivos. Pasamos bastante trabajo aquí. Cuando comenzó la escuela, era un cinc con cuatro palos, así era que mis hijos tomaban clases, y se sentaban en laticas de leche. Eso era donde está Colorao, por la parte de San Rafael, que había una mata enorme, en lo que llaman La vuelta de los chivos. Después fue cuando se fueron arreglando las cosas poco a poco. Pero esos tiroteos cada vez empeoran, me hicieron gatear el otro día, porque como estoy mal de la rodilla, no puedo arrodillarme ni pararme, tengo que ponerme en cuatro patas, agarrándome para poderme parar, sí señor, porque venían los jungleros.

Aquí antes se hacían muchas fiestas, se dormía con las puertas abiertas porque no se veía ese maladreo de ahorita. A la virgen del Valle desde hace un tiempo que no le hacen nada por esos tiroteos, ni las misas… Porque uno cuando viene para acá tiene que salir corriendo. Lo que se puede hacer es que venga la policía para acá para que se lleven a los que están malandreando. Pero esta es ya como la cuarta generación de muchachos que se arman.

ENTREVISTAS

Hilario Alejandro Cordero (Estado Sucre, Cumanacoa, 1945)

Salí de Cumacoa a la edad de diecisiete años. Trabajaba en el campo la agricultura, después salí de ahí, no me gusto mucho y me vine por aquí por el Estado Aragua, tuve nueve años y medio en el Estado Aragua trabajando en una fábrica, después vine pa’ los Teques, a una pollera cuidando pollo y broma, de ahí me vine para acá pa’ Caracas hasta la fecha que estoy horita aquí.

Lleguédirectamente aquí, en mil novecientos sesenta y cuatro más o menos.Esto era monte y culebra. El primero que se metió aquí fui yo. Hice el rancho poco a poco, con madera, hice uno así como lo tengo todavía. He trabajado en construcciones, y en albañilería.

Soy fundador de este sector del barrio Simón Bolívar, tengo cuarenta y dos años en él. Cuando vine no tenía mujer, no tenía casa, estaba pagando alquiler, y me metí por aquí. Me gustó este terreno, porque quería criar animales sembrar, y cosechar. Cosechita que aún tengo más o menos, ahí hay aguacate, coco, cambures, guayaba, mamón, además la cancha de bolas. Desde que llegué tengo todo igual y entre más días, sembrando más matas.

Sí, vedá, el tiempo es mío, después fue que vino el barrio poco a poco, y horita tamos full de gente aquí ya.Antesno había nadie, solamente los padres de familia que salían a las cinco de la mañana a trabajá y llegaban a las ocho, a las nueve, habían unos que llegaban a las once, y llegaban tranquilo a sus casas, pero horita pa’ llegá a sus casas cuesta.

Aquí había una quebrada, pasaba por aquí, y otra por allá atrás, que horita pasa también cuando llueve. Y cuando llueve esta broma aquí, tiene que pasá uno en canoa.

Nojotros buscábamos el agua allá abajo, venía por allá por un campo el agua y uno la iba a buscar, en guindas, un palo, con un tobo aquí y otro tobo allá como los chinos.Sin se chino, agarraba la luz de allá abajo, un solo pelo y después ponía una cabilla ahí enterrá y agarraba tierra, aquí no había nada, nada. Cuando llegue aquí esto estaba solo, solo, solo. Bueno llegó después “tanelao”, después llego el difunto José, después del difunto José llegaron los Pérez allá arriba, después llegaron los Riveros, y después llegaron estos aquí, el paisano y el otro.

La guardia nacional aquí no vino, tumbó unos ranchos después que había gente, pero el mío no lo tocó, ni tuvimos problemas. En el barrio bajo vivenpuros orientales, bueno, se vinieron poco a poco y el primer oriental que llegó aquí fui Hilario y después vinieron muchos otros. Esto se fue poblando poco a poco y venía gente de afuera y aquí hay gente que han vendido su casa se han ido y han vuelto otra vez. Y se vinieron solos, yo no los trague, sino se corrió la pista, por ahí se decía:

- Busca un carro, vamonos pa’ allá pa’ Caracas, vale que allá hay terreno donde viví. Vinieron poco a poco, y ahora son más de mil familias, en la parte baja. En ese entonces tenían que bajar por aquí, no había escaleras, no había carretera, solamente una veredita por donde uno pasaba.

Cuando llegué hice un hueco ahí y esta todavía tapao, después que metimos las cloacas, hice otro hueco, pero no me veía haciendo mis necesidades en ese lugar. Así que hice esa barraquita y bueno ahí hacíamos eso, lo que había que hacer.

El único alcalde que estuvo aquí es el negrito Claudio trajo la carretera, trajo la luz, mandó a meterles cloacas, mandó a hacer algunas escaleras y todos trabajamos aquí.

Esto antes era más tranquilo y ahora es peor, porque vive mucha gente y uno no puede vivir como vivía antes. La comunidad esta peor. Es lo que veo, de lo que está sucediendo de ahorita enadelante.

Porque ahora, se ve mucho malandro, jodiendo a la gente, maltratando a los demás corriéndolos, y esa vaina no es buena.

La seguridad ahorita no es como antes, aquí vienen la policía cuando cualquiera los llama, cuando sucede alguna broma aquí en el barrio. Pero antes la seguridad era todos los días pasaban por aquí.

Antes se celebraban fiestas con la virgen del Valle, eso lo hacía el hijo de Víctor, ahorita no hay fiesta, aquí tienen tiempo que no sacan la virgen, antes no había problema si uno amanecía en la calle, ahorita no puede uno amanecer afuera, a las siete de la noche tienen que estar recogiéndose. Antes, si uno amanecía con cuatro o cinco personas, por ahí, nadie se metía con uno pero ahora si lo hace no lo cuentas al amanecer siguiente. La inseguridad viene de afuera, de otros lugares.

Esta bodega la comencé, pa vé semanas pasadas, la tenia un chamo ahí que puede ser como hijo mío, hijo de una mujer con que vivía, él estaba pequeño así cuando empecé a viví con la mamá, y el se fue pá… San Cristóbal y dejo esto aquí. Y ya que estoy sin trabajo me metí aquí a échale duro, y aquí estoy.

¡Yo no me voy de aquí! Porque soy una persona que no le echo broma a nadie, no me meto con ninguno, a veces tomo mi caña, y me rasco, pero no tengo problemas con los vecinos. Además de la seguridad, es necesario acomodar la carretera que esta fea y resolver el problema del aseo, que viene aquí cuando quiere. Antes el aseo venía lunes y viernes y ahora viene un día a la semana cuando le da la gana. Bueno, algunas cosas se arreglarían poniéndonos toditos de acuerdo, ¡Cómo no ponernos de acuerdo para arreglar la calle! Porque a todos les interesa tener su barrio acomodadito y bien limpiecito. Me gusta vivir feliz con la gente, dialogar, hablar con las amistades, hablar con los vecinos y hacerles bromas sinceramente, para reírnos juntos.

Etanislao Marchan( Lara, Barquisimeto, 1945):

Tengo treinta y dos años por aquí, por lo que ven no soy el mismo ¿verdad? Ahora me la paso con esta temblequera. Cuando llegue había más o menos como nueve casas. Recuerdo que aquí no había calle, aquí no había luz, puros caminos de tierra era la única vía que teníamos, aunque había bastantes sembradíos.

Pero las cosas mejoraron con el tiempo, bueno, cuando nosotros fuimos a hablar con la señora concejal de la época, aquí en las Vegas, nos aconsejo que para conseguir todos los servicios que necesitábamos para nuestro barrio tendríamos primero que legalizar una asociación de vecinos. Entonces, bueno tomamos la alternativa, legalizamos una asociación de vecinos en la cual ayudé, en la primera que hubo ayudé pero no fui el presidente de la asociación, sino era simplemente un oyente y un vocero más de ellos.

Antes de vivir, acá vivía en la Silsa, y de ahí vine para acá. Eso fue porque mi abuelo se vino para estos lados y siguiéndolo, miren donde estoy todavía. Cuando vinimos nos pusimos de acuerdo una tía, mi abuelo y mi persona, tres miembros de una familia, vinimos y cada quien hizo su vivienda aparte. La Guardia Nacional vino para acá, si, en una oportunidad cuando por lo menos éramos diecisiete ranchos por ahí a tumbarnos, pero mientras ellos tumbaban por una parte, nosotros construíamos por otro lado, ellos tumbaban por aquel lado y nosotros veníamos a construir el mismo día.

Aquí incluso quisimos ponerle a esta zona, barrio Ajuro lo que pasa es que no le dimos ese mérito y de ahí fue que surgió la idea de ponerle barrio Nuevo, y después bueno se le cambio el nombre a barrio Simón Bolívar. Lo de Barrio Ajuro era porque la Guardia un día lo tumbaba y nosotros lo volvíamos a parar, el mismo día. Por lo menos, en la casa de fulano le tumbaban tres láminas de zinc y nosotros llegábamos al rancho fulano de tal y parábamos tres palos o poníamos cuatro láminas de zinc, entonces mientras ellos tumbaban nosotros construíamos por otro lado. Por eso decidimos ponerle barrio Nuevo, porque siempre era nuevo, pues se la pasaban tumbándolo y él se paraba otra vez.

El primer presidente de la Asociación de Vecinos aquí fue el señor Bernardo, después como era una persona que estaba muy mayor, decidimos nombrar a otro presidente que es el señor, bueno,ahorita no me acuerdo del nombre del señor, después fue el señor José Rivero y después de él fue Etanilao, esa es mi persona.

Para ir mejorando este Barrio Nuevo, tuvimos que participar en varias manifestaciones, pedir varios derechos de palabra en el concejo para que nos pudieran oír, porque la primera obra de gran envergadura, fue la escalera principal, después un puentecito ahí que bueno también nos costó, pero lo conseguimos, después vinieron las cloacas, las carreteras. No pudimos conseguir la cuestión del alumbrado, pero vinieron otros compañeros después y lo lograron, lo que nosotros no pudimos. Uno de nuestros principales problemas, ahora es la inseguridad y el transporte, esos son los principales problema que tenemos aquí.

Antes cuando aquí no habían muchas casas, o sea no había casi nadie, por allí abajo pasaba una especie de quebradita, si, por allá abajo pasaba una quebrada, incluso hasta burros teníamos aquí. Si, tuve un burro varias veces, la gente siempre estaba echándome broma por aquí por el barrio cuando andaba como mi burro, me decían:

- ¿Andas como un burro o en un burro? Porque antes le echábamos a la agricultura, si, esto era un sector agrícola. Lo que pasa es que la gente decidió construir casas y así dejaron los sembradíos.

Andrés Bello (Estado Monagas, Caripito, 1967):

Soy de Oriente, nací en Caripito, estado Monagas, el treinta de noviembre de 1967, pero a los días me llevaron a Macuro, porque donde vivía no había hospital y la familia más cercana vivía en Caripito, y ahí si había hospital. Mamá, cuando estaba embrazada, en los últimos días se fue para allá, y me dio a luz, después volvió otra vez para el campo, para Macuro, eso queda en Sucre. Después del río San Juan, para pasar a ese pueblo había que hacerlo en canoa, pues antes no había carretera. Mamá era tan rigurosa, que cuando nos mandaba hacer un mandado nos decía:“van a ir a tal sitio, eso de aquí allá son como diez minutos, voy a escupir aquí”. Y escupía de paso en un sitio donde la tierra se tragaba rápido la saliva. “Ya escupi aquí” —sentenciaba—, si cuando vengas está seca saben lo que les espera. Eso era un mandato extremo, así aprendimos disciplina.

Ese era un pueblito bien bonito, pero vivíamos en las afueras. Cada casa quedaba a cinco o a seis kilómetros de las más cercanas, y el único sitio donde se reunía toda la gente era donde se jugaba lotería. Hacían unos cartoncitos que pintaba la gente con insectos y animales como el alacrán, el ratón, el tigre y los sacaban de una bolsita, como un bingo. Todos los domingos se reunían allí.

Mamá siempre insistía en salir del pueblo, tanto dio que el viejito hizo un conuco y con los reales que hizo de la siembra, compró una casa en el pueblo de Caripito, ahí comenzamos a estudiar. Pero poco a poco, la gente fue abandonando la escuela, debías, en cuando llegaba un señor, regarla en DDT, pero no veíamos a más nadie.

En los Morros, sí había una escuelita rural. Empezamos a estudiar, pero antes de eso mi hermano, que vivía en Caracas, cada vez que iba él le decía que me enseñara a leer. Y aprendí escribiendo en la tierra, lo primero que hizo fue enseñarme mi nombre, y después traía cuentitos de Memín, el Águila Solitaria, con esos suplementos empecé a aprender rapidito.

Cuando llegué al colegio de trece años a primer grado, me sentí montuno y tímido, sentado en el último puesto, pero todo lo que hacía la maestra en la pizarra lo escribía.

Después comencé en el liceo, eso fue bien complicado, porque éramos una familia de muy pocos recursos, mamá tiene ocho muchachos menores, y entonces paso al liceo. Y quedaba muchísimo más lejos, había que tomar un transporte, entonces se presentó un dilema: ¡O estudiaba yo o estudiaban los otros hermanos la primaria!; no seguí estudiando. Me vine para Caracas, en esa fecha, empecé a trabajar aquí con mi hermano.

(Afuera cantantes de fondo rapeando):

No, esto es lo que le que da a uno,
Le da a uno, porque
esta tarde me metí una,
eso es lo que le queda a uno.
¿Entonces hace tiempo que no te veo?

Al llegar al sector comencé a trabajar con mi hermano en la construcción, pero todos los días sucedía algo diferente, llegaba con una cortada, la mano hinchada, porque no sabía nada de eso. Era su ayudante sacando las piedras. Hasta que un día le dije: “mira hermano, este trabajo no es para mí. Así comencé a trabajar en una especie de mantenimiento en el aeropuerto de Maiquetía, pero era demasiado lejos, pedí cambio, y me trajeron a limpiar los Metros. Pero me decía: “Es que estos trabajos no son para mí, tengo que estudiar. Así fue como me inscribí en el liceo, estudié bachillerato en Caracas. Trabajaba de Lunes a Sábado. Mientras, empecé a trabajar en la Nabisco la Favorita.

Cuando vine al sector tenía diecisiete años, pero como no me gustó la construcción, regresé para Oriente y me reclutaron, en el 87- 88.

Cuando íbamos por el camino, nos metieron la cabeza en la bolsa, era un castigo y llegamos a ese sitio de adiestramiento asustados... Los primeros dieciséis días fueron fatales, inclusive a las seis de la mañana recuerdo que con otros amigos intentamos volar la cerca. Porque era demasiado, uno no está acostumbrado a que te golpeen, a que te maltraten, a que te manden... Eso era demasiado.

El primer día que llegamos, sentí que estaban tocando la diana. No sabía que eso era para uno pararse, ni nada. Me decía, mientras seguía en la cama: “estos sí hacen ruido”. Al momento me vuelvo a arropar, hasta que pasa un tipo con el FAL dándoles a las camas y gritando “¡Diana!, ¡Diana!, ¡Diana!” ... Inocente, de todo, respondí:

“¡Pana! Aquí no está Diana, aquí hay puros hombres”. Eso bastó para que me bajaran de la cama a golpes.

“¡Firme!”. No había visto todavía instrucción premilitar, y no sabía pararme. La siguiente orden fue:

“¡Clávate de cabeza en el piso!”. No sabía que hacer. El tipo que dada las órdenes era un cabo primero, y llamó a un cabo segundo, “¡Uno te va hacer la práctica! Para que te claves en el suelo”. Cuando buscan a un subalterno, para hacer eso es para que te mate a ti, por la rabia. Tuve suerte, al sobrevivir.

En el barrio estoy desde el año 1987. Vivía antes con mi hermano en Catia, en casa de un cuñado, y entonces decidió comprar una casa en otro sitio. Y bueno se vino para acá, para este sector, y vine con él. Estaba bastante deprimida la zona cuando llegamos, y empezamos a organizarnos con algunos vecinos, para tratar de ayudar a la comunidad, bueno y así comenzamos a generar cosas. Llegamos a una casita, y le dije a mi hermano: “Bueno, vamos a conocer este barrio, porque puede haber malandros, uno no sabe. La gente no lo conoce a uno”. Bajamos y conocimos a una muchacha, que se llama Doraima. Ella nos invito a que la ayudáramos a pesar azúcar. Le pregunte: “¿Qué es eso de pesar azúcar?”. “Es que aquí tenemos una cooperativa, y empezamos a empaquetar el azúcar”. Así me fui integrando. Al día siguiente seguí yendo, yendo y me quedé aquí hasta el sol de hoy.

Me gusta leer y escribir poesía, el último libro que leí, fue un regalo de una representante, es como una enciclopedia, se llama Sociedad, habla mucho de las Favelas en Brasil, habla de la pobreza, escribí un verso sobre la pobreza inspirado en ese libro:

 

La pobreza es un problema de miseria y escasez,
pero también es un problema que así entiendo:
Es como tener dinero y gastarlo inútilmente,
es como tener un cuerpo y en él no tener la mente.
Es igual tener recursos sin saberlos utilizar
es como estar en una piscina y no aprender a nadar,
es como tener los pies donde deben ir las manos,
es como vivir aislado dentro de la sociedad,
también vivir prisionero dentro de la libertad.

 

Aníbal Pérez(Caracas, 1957)

Nací Caracas, en la Maternidad Concepción Palacios, en el año de mil novecientos cincuenta y siete. Vengo de la zona de Catia, en Propatria. Bueno, palte de mi familia viven allá todavía, otros viven en Valencia, los Teques, la Guaira, pero la mayoría está aquí en Caracas. De pequeño fui muy dinámico, y despierto en el deporte. Nuestros padres nos enseñaron el respeto hacia los mayores, esto era imprescindible para uno permanecer vivo, aunque la violencia anteriormente no era igual que hoy en día, el respeto pelmitía de que uno mantuviera la distancia. Papá me tenía un nombre de pila “canibita”, porque mi nombre es Aníbal ¡no!, entonces me decía pol comer calne, cosas de mimar a sus hijos ¡no!, bueno eso me regocijaba …

Papá se llama Saturno, no diría fue el fundador pero si como la tercera, o la cuarta persona que anduvo por aquí. Vive, todavía, en la zona de Catia, en Propatria. Tenía quince años para ese tiempo, desde el cincuenta y siete sería o el sesenta y pico, cuando vinimos para acá. Papá vino como agricultor, proviene de una familia del campo de Yaracuy. El abuelo también era yaracuyano, bueno muchos lo llaman indio. Antes de tener su propio terreno, se vino desde los catorce años, una hermana ayudaba a mi abuelo en la agricultura, ellos tenían hacienda, vendía el cacao, el café, lo que sembraban. A veces habían tiempos buenos por un buen invierno, pero otras también el verano era fuerte ¡no!, y se perdían las cosechas, y tenían que pagarle a los obreros y así fueron desistiendo, fueron épocas malas pues. Y papá empezó a trabajar como ayudante en el INOS, Instituto Nacional de Obras Sanitarias como ayudante de soldadura. Ahí estuvo cuatro años, era un hombre de lo que el se catalogaba como muy atractivo ¡no!…,bueno las muchachas lo perseguían, fue una persona muy educada, que nos enseñó valores y en veldá los agradezco, porque eso me ha permitido también educar a mis hijos de la misma manera.

Recuerdo que papá necesitaba trescientos bolívares para ese tiempo, yo ganaba setenta y cinco bolívares para que me descontaran diez bolívares semanalmente. Sabía que iba a costar un tiempo ahorrarlo, pero mi patrón, sabiendo cuál era la causa y para qué me lo proveyó, y se los di a papá, era una colaboración, o algo así por estilo, para permitir que pudiesen establecerse en Los Mangos.

Cuando vine la primera vez con papá, no había paso a esta parte de aquí, y la misma Guardia no dejaba que construyeran, pero había sembradío hacia la zona del frente que llaman El Encanto. Era de hortalizas como zanahoria, cilantro, y habían aguacates también. En el sesenta y cinco creo fue cuando vinimos, trabajaba hasta las ocho de la noche, papá como costumbre de su niñez en el campo, fue talando pué la montaña. En varias oportunidades la Guardia Nacional le tumbó su casa, la jefa civil para ese tiempo tenía ciertos contacto y bueno permitieron que agarraran algo más de terreno para que pudieran sembrar, pero las personas empezaron a llegar a este sector, y cada quien empezó a encerrar sus pequeñas parcelas, pero sin embalgo no las sembraban, y hasta hoy en día podemos ver que lo que hay es un sembradío de ranchos. Son pocos los ranchos que hay hoy en día, aunque rancho dicen es todo lo que tenga zinc.

En el principio las escaleras eran de tierra con tablitas, y eran muy altas, como unos toboganes cuando llovía bueno, eso era…, si él que estaba subiendo se estaba mojando, se resbalaba y volvía a tener allá abajo, bueno hasta con las uñas uno se agarraba, como el gato, y así iban a tener arriba, aquí arriba. En veldá eso ayuda también a que las mujeres tengan pielnas, pero los hombres también, ese es el sitio donde hacer ejercicio, porque no tenemos áreas donde tené una cancha.

Al principio a mi señora le daba miedo, metía ahí, justamente en esa parcelita que todavía conservamos hoy en día, que estaba en el monte, pero sin embargo ahí estamos luchando, tratamos de mantenerla, como anteriormente habíamos dicho, ya hemos empezao a sembrá unas semillas porque vamos a empezar a transplantá, para seguir conservando lo que realmente vinimos a hacer desde el principio, la idea que tuvo mi papá de conservar este pulmón. Ojalá sirva para una escuela en un futuro, si el gobierno así lo permitiera, estoy dispuesto, o sea, cómo digamos, a dar mis manos a torcer de… que se haga algo ahí bueno.

El cultivo es un trabajo duro de nunca terminar, por eso dicen que al campesino, hombre luchador, o sea que lo ponen igual que al hombre de la construcción, porque son trabajos pesados, el hombre de la construcción tiene los dedos rotos, no tiene uñas, como dicen, pá qué ir al maniculista, tendrá que hacerle una uña nueva porque uñas no tiene, está al ras de la carne. Pero los dedos, hay que hacerles unos nuevos.

Bueno, una de las cosas agradables era la tranquilidad que había, el respeto, y no existía pues, cómo digamos, esa brutalidad, del que viene llegando hoy en día… por lo menos de los jóvenes que cada día se van perdiendo más. Sin embargo es como si nacieran con esa mentalidad, los muchachos hoy en día no escuchan.

Siempre a través del esfuerzo hemos visto poquito grano, pero ese grano igual que a la gallina le va llenando el buche y es lo que tenemos, que hemos logrado hoy en día, a través de diferentes grupos que han formado las organizaciones de la junta de vecinos que han ayudado desde el obrero hasta el maestro…, desde el que no trabaja, hasta el que tenía empleo.

Papá, a medida que el se fue extendiendo, bueno me dejó un lugar donde pude establecer mi rancho, ¿erdá?, con opciones a futuro, de poder hacer mi casa, y estoy viendo los frutos a través de mi esfuerzo a pesar del sufrimiento que he tenido de cargar los materiales, porque ahora hoy en día es que tenemos carretera, de concreto, más accesible porque esta carretera no existía. Entonces tenía que cargarlos uno a lomo como ciento cincuenta metros, en terreno rocoso, de tierra, escabroso y si no te apurabas, bueno, te agarraba la lluvia y se llevaba el material, lo perdías todo ¡no!. Recuerdo en que lugar de hacer las cuatros paredes, hice la puerta y la hice redonda. Después que construí mí rancho, bueno hice una ventana cómica, puse mi antenita para poder ver el televisor, porque no se veía bien. Papá la llamaba la iglesia. El rancho lo fui haciendo paulatinamente, a través de programas, me otorgaron primero una vez, recuerdo, un crédito de ochenta mil bolívares a través de la junta de vecinos y lo aprovechamos. Nadie nos creía, hasta que la primera junta de vecinos logró conseguir unos créditos de autoconstrucción, de los cuales nos beneficiamos todos, con eso empecé a construir el muro para poder ampliar después.

Es mucho el esfuerzo que hace uno por lo menos para mantenelce cuando toma el sitio que escogió para formar su familia y levantar su rancho y transformarlo. Cada vez se hace mas difícil, porque a cómo está un saco de cemento hoy en día, a quince mil bolívares, y si vas a comprar diez, entonces nos ponemos a sacar numeritos y tenemos que dejar de hacer muchas cosas para construir, a lo mejor los muchachos durante dos meses sin zapatos, o recortar algo del mercado, o de la ropa, para entonces poder hacer algo más a la casa para vivir mas dignamente. Si el gobierno se apresurara un poco más, cómo digamos, los programas de ayuda y fueran más accesibles, o sea sin mucha burocracia, sin tanto mucho papeleo… ¡ah!…y en veldá se limitara a cambial rancho por la casa, nosotros por lo menos, okey nos beneficiáramos de eso y ese dinero que nos estaban otorgando fuese expresamente para eso. Lo que pasa es que muchas veces también se “salpica” de las manos porque también tenemos otras necesidades… ¡ah!.

Creo que nuestra principal problemática es la de transporte.Otro de nuestro principal problema horita es la sobrepoblación. Y la solución es cambial, cómo digamos, casa por apartamento, otro problemas es el agua; aunque tenemos el agua, pero de tenerla todos los días realmente no la tenemos, y no todo el mundo consigue un tanque por las condiciones en las cuales están construidas las casas, por eso tenemos que tener nuestro pipote, nuestro tobito, entonces es ese es un gran problema.

Hoy en día lo restos de la cancha traen un problema pues, cómo digamos, el delincuente también hace deporte ¡no! y el muchacho que le gusta el deporte también se liga ahí. Por eso, para evitarlo seguimos inculcando pues el folcklor. Entre otras tradiciones que se daban acá están los tambores de salsa, la tango matigua. Esa es una tradición larense. Este es afrocaribeño pero más que todo lo hacen allá en Lara, pero también han venido los diablos.

Bueno, mi vida cotidiana es de esfuerzo, porque trabajé casi toda la vida en la construcción, me gusta ver lo que puedo crear con mis manos, y cuando hago algo nuevo digo “cónchales” no sabía que podía hacerlo, entonces hay un despertal en cada uno al crear.Tengo cinco hijos, hoy en día están todos conmigo, tengo dos nietos y uno que viene por camino, con el favor de Dios, ¡no sé qué es. Horita estoy trabajando en el aeropuerto Caracas, como jefe de mantenimiento, me dieron una oportunidad allá.

Arcadia Escobar (Lara, Cararoray 1943)

Cuando llegué al barrio, eso era puro monte y culebras. Llegué aquí porque me consiguió una amiga y otros que andaban por ahí buscando terreno. Me salió una casa para Guarenas para Trapichito, pero no me gustó, porque no conocía a nadie por ahí, y por eso no la recibí, y preferí venirme para acá donde están mis amistades.Yno tuvimos problemas con la policía, cuando eso estaba tranquilo, a todo el mundo ellos le daban un papelito y uno podía fabricar ahí, hasta cuando le salga la casa y cuando me salió fue para Guarenas, pero que nunca la quise.

Esto antes era puro ranchos y trailer. Recuerdo que los trailer eran azules, verdes, de todos colores, peroles de latón, una broma así, creo que los trajo Luis Herrera. Él no quería ver ranchos y entonces quitaron todo eso e hicieron los bloques, para que cuando él viniera a ver quitaron todos esos trailer. Toda esa gente dormían como los cachicamos: sacando tierra ahí, en la calle Venezuela, porque eso no era una calle, sino un caminito. Yo no viví en esos trailer. Todo el tiempo viví en mi rancho, que hice propiamente. Le pagué a unos muchachos que me hicieran los huecos, fue a Ramón, el hijo de la señora Máxima, y al papá de las muchachas que me ayudaron y eso. Veníamos en la tarde y trabajábamos.

Era una aventura llegar por que eso era un camino que el carro que pasaba hasta allá abajo donde está el quiosquito, donde está el módulo, esa era la única calle que había.

Cuando llegué al callejón Libertador, el camino era puro barro, subir o bajar era como si te lanzaras por un tobogán, no había ningún tipo de escalera, sólo barriales. Para subir lo hacía con unas medias, y unas bolsas me cubrían los pies. Salía con los zapaticos en la mano a ponérmelos allá arribay llevaba una botella de agua para lavarme los pies, llegaba arriba con los pies envueltos en una bolsa para poder subir sin llenarme tanto de barro.

Ahora sinceramente no quiero nada en este barrio, lo que quiero es irme de aquí, de verdad, porque esta tiramentazón todo el tiempo y esos malandros nos hacen la vida imposible. No quiero que mis muchachos sean criados aquí.

Ofelia del Carmen Primera (Falcón, Churuguara, 1944)

Tengo viviendo en el sector veintitrés años, y anteriormente vivíaen el otro barrio de allá abajo, a todo esto lo llaman LosMangos. No, conozco a los primeros que llegaron a este barrio, pero que después llegaron muchos, empezaron a hacer casitas por allá arriba que antes no había, porque las casitas eran de aquí abajo, nada más por donde se hacía la calle que fue la que quedó como la principal.

Vivo, en la parte baja de Los Mangos, escalera Trujillo, sector Unido. Recuerdo que cuando llegué no había nada de escaleras. Me quitaba mis zapatos para bajar o subir porque trabajaba en zapato alto, me los quitaba allá arriba y me ponía unas sandalias bajitas para poder bajar, porque ahí no había escalera para nada. Tampoco había calle, no había nada.

Primero hice un ranchito de verdad, detrás de la calle Venezuela donde están los bloques. Pero bueno, la Guardia no aceptaba que uno hiciera nada por ahí, sin embargo nosotros luchamos, luchamos, luchamos hasta le pusimos un tubito de agua al ranchito y un cablecito de luz.

¡Ay¡ No pude quedarme viviendo ahí, porque después tuve que ir a buscar a los muchachos, no me cabían en el ranchito, no había espacio para trabajar, no había asunto de cloacas, ni nada de eso. Bueno, entonces tuve que bajar para acá y comprar un rancho que estaba hecho aquí, y aquí tampoco había cloacas.

Cuando llegué a este sectorcito habían como veinte ranchos, mucha gente sí había. Aquí abajo la Guardia Nacional no nos molestó. Antes había por aquí una quebrada que pasaba en la calle Rafael Urdaneta. Y ese era el camino, por ahí no sólo corría agua cuando llovía, sino las aguas servidas que la gente botaba hacia la calle. Hacíamos un canal por el lado de la calle opuesto para que el agua corriera por ahí, y uno caminara por otro lugar.

En este tiempo existía cierta organización comunitaria, había una gente que sí se ocupaban de esa cuestión. Eran el señor José Rivero, Yahir, Etanislao y Andrés, pero yo no participaba con ellos, nosotros apoyábamos nada más, en cualquier cosa que comentaban pero de ahí hasta hacer hay bastante trecho.

En la comunidad en general son pesimistas, por eso no se integran. También tienen el mal concepto de que a las cosas nunca se las atiende como debe ser, y bueno todo eso es así. Y ese es nuestro fallo, que la gente no se une a las diligencias por el barrio, hay ese problemita. Lo que uno tiene que luchar por hacer una reunión. Y la gente no asiste, nunca asiste la gente. Siempre ha sido así. Cada quien quiere tomar su camino.

Pero la gente ha tomado conciencia de algunos problemas como son la inseguridad, por eso conseguimos que nos pusieran la luz, porque no teníamos luz propia en la calle; con lo de la luz hicimos varias diligencias allá con el gobernador que había en aquel tiempo y conseguimos que nos la pusieran, porque era un problema grande que teníamos y adelante tuvimos las calles.

Wolfang de Jesús Cordero (Anzoátegui, Cantaura, 1959)

Vengo de Cantaura, Estado Anzoátegui, me trajo una tía, pero antes fuimos a Cumanacoa y de ahí para Caracas. Tengo cuarenta y seis años. Llegué aquí a LaVega el año 67. Soy habitante del sector uno, del barrio Simón Bolívar, calle Venezuela, escalera Libertador.

Cuando llegué al barrio tenía familia: Hilario, Régulo Cordero. Me sorprendió haber llegado a un cerro, pues el sitio mío era un llano. Cuando llegue aquí era madrugada y vi esos cerros alumbrados ¿Qué es eso? —me preguntaba— esperé hasta el otro día, cuando miré amanecí montado en un cerro, y vi las luces. ¡Verdad que estoy en un cerro! Nunca había oído la palabra cerro porque en el pueblo, le dicen es loma, pero cerro nunca, y nunca había subido escaleras. Me tocó subir, subir hasta ahora, pero estoy tranquilo aquí.

Cuando llegué estaba fundado el barrio, usábamos pozos sépticos. El primer pozo que se hizo por aquí lo hice yo. Ahorita por lo menos hay cloacas, pero necesitamos alumbrados y seguridad.

(Voz de fondo): Yo nací en el barrio cantando y no barriendo.

Bueno, aquí empecé a trabajar en las barracas, como ayudante de albañilería. Estaban aquí primero en el sector uno, luego en el sector cuatro. La fabricación de las barracas fue donde ahora está el bloque verde, que no existía. Llegaron unas gentes ahí, y trajeron unos contactos, bueno y se las repartieron. Después de eso tumbaron las barracas, me dejaron encargado de tumbarlas, ganaba sesenta bolívares diarios. Era dinero, en ese momento venía saliendo del cuartel, era el 69. Fui para el ejército y vine.

Ahorita, bueno, hicieron los edificios y las casitas, también trabajé en las casitas.

Llegué directamente a la Mata de Mango, fabriqué aquí el ranchito ese. Con lo que me dieron en el cuartel de caja de ahorro, en ese tiempo setecientos bolívares.

Ahorita, por lo menos tengo tres muchachos, bueno, uno piensa enredao ¡Yo no! La mujer. He colaborado con la comunidad en todo, pertenecí una vez a la junta de vecinos, colaboro y colaboraban conmigo. Al tiempo me retiré de eso, porque el trabajo no da tiempo. Ahorita estoy trabajando en un colegio, como seguridad, en el Aplicación de Montalbán tres, hasta los momentos.

Me siento complaciente con la comunidad, argunos se solidarizan y otros no, pues cuando uno esta haciendo una cosa bien, a otros les molesta. Pues, si unas veces uno pone un alumbrado, entonces estallan los bombillos, es porque les molesta la claridad, debe ser para hacer sus cosas, para hacer fechorías. Una vez hice un portón allá arriba, pero no les gustó porque la seguridad le molesta a los dañinos.

Armando Anchundia (Ecuador, 1956)

Bueno, soy Armando Anchundia, llegué a los veinticuatro años. Tengo cincuenta años, cinco hijos, y he trabajado por este barrio desde que vine. Siempre he estado en la Vega, no he andado rondando en otro más sitio. Sólo este barrio, que era puro monte, puro pantano y gracia a Dios con los consejos de los gobernadores se han logrado hacer carreteras.

Hay personas que han trabajado desde muy jóvenes por la comunidad, los he visto trabajar por veinte y pico de años aquí, yo le he echado como revolucionario también. Después tuvimos, unas grandes ideas por el recuerdo de nuestro pueblo, por eso tenemos nuestra Virgen, y nuestra iglesia de la Monserrat, al esfuerzo de todos nosotros, y quienes nos ayudaron. Soy uno de los encabezados, pero ahora nos nacionalizamos, estamos muy enseñados aquí, por lo tanto tengo veintiséis años en este país, estoy muy contento. A toda mi familia la conocí aquí.

He trabajado en el barrio como vocal uno, vocal dos con varios gobiernos y ahora estamos con este gobierno. El desempleo siempre ha sido, he trabajado como contratista, subcontratista con los hijos. A partir de todo esto, quedé bien grabado: ¡Soy bien claro en decirle! ¡Soy venezolano! Con el tiempo que tengo aquí tenemos un solo corazón, así, como lo hizo Bolívar, que dijo: “adelante muchachos”, que Caracas era un cartel, por eso es que pasan tantas cosas en este país. De toda la familia, soy solo el inmigrante que he venido, porque en Ecuador son políticos, y no me gusta la política, y por eso estoy aquí. Soy solo, botado con la esposa que conocí, no tengo más familia, solo el primo de segundo grado.

Me han sucedido cosas buenas, porque siempre me he portado bien, no tengo enemigos, siempre los problemas los he evitado. Soy un tipo que he venido rodando, emigrando para buscar un porvenir para mi familia. Y las únicas palabras que dijo mi primo: “ni muerto me tendré ya que irme de este país”.

La comunidad de inmigrantes queremos que nos regale alguna autoridad el material para hacer una entrada y nosotros damos la mano de obra. Pero queremos también material para arreglar la calle, pero los alcaldes y concejales nos tienen muy engañados. Aquí vino el concejal de este gobierno prometiendo, y después no hizo nada, hablando, hablando de los políticos adecos, copeyanos y él peor salió.

He luchado, cuando llegue a este barrio no había ni luz, en la Electricidad de Caracas reclamamos que por favor pedíamos la electricidad; y reclamando, reclamando y como los policías eran adecos nos caían a plan, plan, plan. Entonces nosotros luchando y los amigos decían: “Tú eres extranjero, no tienes por qué meterte a pelear luz, ni nada. Pero conseguí luz por último, hasta encontré materiales en una compañía para dar bienestar a mi pueblo, y por eso me respeto.

Tuberías no teníamos para el servicio de agua de nosotros, por eso traje tuberías de la Guaira, pero no para la familia, sino para el pueblo. Las encontré de una compañía europea, porque nosotros aquí la pasamos mal. Pobrecita la madre con cuatro muchachos. Yo tenía cinco hijos, compramos los pipotes, y a veces el sueldo no nos alcanzaba, a diez bolívares cada uno, en el año 81 no había agua. ¿Y como estaba la luz? Había como unos trescientos metros, y me dije: “Vamos a traernos eso tubos en un camión”, y todos agradecidos después por la luz también una guaya de una grúa, traje luz para tener luz propia.., la tubería todavía existe.

Bastantes historias que contar, pregunten por mi nombre, lo conocen rápido; porque vuelvo y repito: nunca he tenido ningún problema con ningún vecino. Y hemos trabajado con varias plantas y me he retirado, porque también llegan al puesto y a uno lo dejan olvidado. Y uno como era sencillo, lo dejaban abandonado y se llevaban los bolsillos llenos…

Ahora estamos aquí esperando cualquier voluntad que se acuerde del pueblo, porque nos falta bastante. Para que un amigo se tire en una plancha a la presidencia y ganamos algo. ¡No! De todas me voy a tirar presidente del barrio, porque me están pidiendo como palito y romero, a ver si me lanzo a presidente, me siento casi ganador. Esta es mi palabra, señor, por parte mía, y estoy agradecido por Venezuela.

Y Cuando tenga un puesto en el gobierno, sacaré reales pa’ mi pueblo, y el dos porciento pa’ mi, para vivir. ¡Sí¡ Me derrotan o bota el pueblo. Cómo voy a vivir emigrando a otros países, tengo que llevar algo como hacen los presidentes, ¡Si! o ¡No! Ahí esta la palabra.

Nuri Farias Rodríguez (Caracas, 1981)

Tengo un chamito de ocho meses. Es lo más sagrado que tengo, lo más bello que Dios me dio, una niña y un varón. En el parto de la hija sufrí bastante, si iba a volverme loca, nadie fue para su entierro; me partí el alma. No tuve familia, no tuve marido, no tuve a nadie. Un palero me ayudó a cargar la urna…

Después, salí embarazada del varón, y lo perdí a los seis meses, no me pegó tanto como la hija; esa sí pegó adentro, era una muchachota grandota, catirota. Entonces, cuando salí embarazada la tercera vez, le pedí tanto a Dios, que ahorita va cumplir ocho meses, es lo más grande que tengo, y lo que dice mi hijo es mamá, casi camina, se llama Gabriel y nadie puede tocarlo si le desea algún mal. Todo el que le de cariño es bien recibido, pero tengo que cuidarlo mucho de los muchachos que le hacen maldades a los niños.

Mi hijo lo tuve con una cesaria, porque estuvo a punto de morirse, venía parado. Cuando me la hicieron pensé que iba a morir, vi el cielo y todo, y Dios me dijo: “todavía no te acepto aquí, vas a luchar por tu hijo”. Todos los días al pararme pido a Dios por mi hijo, por ese ser que tengo.

Deseo para él un futuro bien, que no sea un delincuente ¡Cónchale! Que sea alguien en la vida, quisiera que aprendiera que todos nosotros los humanos somos unos con otros hermanos, siempre he dicho esto. ¿Por qué no será de esa manera? Podemos compartir el comer. Pero no, la cosa es “te mato o tú me matas, te robo aunque no lo necesite”… nunca he estado de acuerdo con eso, porque tengo hermanos, y han intentado matarlos. ¡Cónchale! y esa vaina duele, duele. Hace poco tiraron un atentado en casa, tenía a mi chamito allí, ¡cónchale! Tuve que sacarlo encaletado. ¡Nunca he comprendido eso! Porque los muchachos de aquí nunca se han metido en problemas, porque siempre los tengo en la mira, si se metieran en problemas dijera: “Sí, se meten en problemas, son problemáticos”, pero no. Eso chamos trabajan en Coche, se trasnochan. A las siete de la noche se van hasta la una o las doce del día siguiente. Se vuelven a parar a las seis de la tarde y vuelven a trabajar. Tienen que comprender que esos niños luchan por tener su familia.

A veces, se quedan varaos sin trabajo, como cuando no entran piñas. Cuando llegan los camiones de piña, tienen que carretillar. Si no entra ningún camión, no se trabaja. ¡Por aquí sí hablan pistoladas, no se dan cuenta de esas cosas en el país!. Si trabajaron una noche se ganaron treinta mil bolos, si no trabajaron, no se ganaron nada. Si trabajan toda la semana, se ganan sus reales bien, si no la trabajan completa ganan poco, les pagan diario. Y tienen gastos: con lo que paguen de pasaje viene siendo como veinticuatro mil o veinticinco mil bolos, pagan la carreta, verdad, ya se van quedando mochos, porque son cuatro mil la carreta, les quedan diecinueve mil. Después, por ejemplo, gastan en el saladito que tienen que comprar, y la malta, ¿verdad?. Si al siguiente día no trabajan, vuelven a venir al otro, vuelvan a sacar cuentas, si cuadraron quince mil o tanto pueden volverse a ir a trabajar… No les queda más nada, no se pueden poner unos zapatos buenos, si tienen familia tienen que gastar, si viven alquilados tienen que pagar, hacer mercado, o comprarle sus cholitas a sus hijos, o comprar la comidita. Ellos no ven sueldo, el sueldo normal, no reciben aguinaldo, lo que reciben, lo reciben al día.

Nosotros qué vamos a comer bistec, ni chuleta, eso es mentira. Si tienes nevera y reúnes lo que cuesta, haces un mercado. En mi casa trabajan dos hombres, son mis hermanos. Ellos reúnen, hacen mercado, y a la mitad de la semana no hay nada, tienen que volver a trabajar si no, no comimos. Entonces ¿qué pasa?, cuando los chamos de abajo se meten allá arriba, ese día no van a trabajar, por cuidar la casa.

La casa la han amenazado tres veces con quemarla o tirar una bomba, una granada. La otra vez subieron con granadas y gasolina, fueron a prender tres casas de ahí. Hubo unos impactos de bala de LosEncantos, contra los de allá arriba y las balas pasaron por la casa. El sobrino, y el hijo tuvieron que irse para donde una amiga. Y, a veces, tengo que salir para poder sacar los niños de la casa o a mamá, porque sufre de úlcera, tiene un cáncer en el estomago.

 

¡Ojalá Los chamos del barrio dieran tregua!, porque en la parte donde estoy, todos estaban de acuerdo, lo que pasó es que esos muchachos a los dos o tres días, se metieron otra vez a los ranchos. Y ahí no había un hombre, había puras mujeres, los hombres estaban trabajando. Ahí quedamos sólo mujeres a partir de las seis y media de la mañana. Porque los chamos tienen que irse a Coche por la comida. Y en Coche sólo lo logran algunos, como Bambi, se trabaja por suerte. Si trabajan hay real, si no ¡Nada! Por lo menos ahorita con las lluvias, ahora nada, de nada, de nada…

María Rodríguez (Miranda, Caucagua, 1970)

Bueno, quisiera decir algo básico, que el ente que pueda ayudar a los seres humanos de carne y hueso, por favor, tuvieran un poquito de comunicación con la gente que vive en la Jungla, porque van a matar a mujeres, niños injustamente, y a los hijos de las mujeres de los que viven en la Jungla, es lo que hemos tratado de evitar a toda costa.

Estamos cansados de que digan que richita, de que digan que esti, de que digan que el tuerto, de que digan que Eduardosiempre son los bichos. Pero qué es lo que pasa, que cuando nombran a esos, es porque los otros han abordado a esas personas. Porque vienen otros y se meten allí, sí, sí, sí, y luego señalaban al tuerto, richita, Eduardo y esti, muertos ya. Cuando realmente son otras personas los bichitos ¿cómo podemos hacer nosotros para eliminar ese problema?

Todos los malentendidos se pueden arreglar, pero cuando hay heridas de por medio nada se puede arreglar. Las heridas pueden sanar, pero en el orgullo no; eso no va sanar, no lo voy a dejar pasar, es el error que tenemos todos los humanos: no perdonar. Así como lo digo, lo puede decir cualquier padre, que ha perdido o le han quitado a un ser querido…

Puede ser que por salvar a uno que uno ama, se puede doblar el orgullo y mucho más, hablando, dialogando, tratándose de entender con la familia agraviada, comunicándose, perdonando. Eso es lo más importante. Por que si no nos comunicamos yo no sé lo que tu sientes, o lo que estás padeciendo. Y de el otro, no puedo entender lo que pueda sentir. Pero habemos personas que no reaccionamos al padecer de otros.

Han sido tantas cosas, una tras de otra, quisiera que la escalera Monagas dejara de llamarse la Jungla. Estoy dispuesta a hacer algo, para que no destruyan al sector y a los más jóvenes, ni a las mujeres, porque eso duele, a las que somos madres y a los padres.

¿Cómo surgieron estos problemas?, por muchas cosas: unas sucedieron a causa de un juego de básquetbol, porque unos no se dejaron montar la pata con los que se la querían montar, otros problemas surgieron, porque alguien se las dio de más malandro, y otro viene con su mujer y no se iba a dejar joder. El otro podrá ser más malandro, pero a quien van a joder no se va a dejar...¡Sí!, y jode adelante.

Soy la Mujer del tabaco, María Rodríguez, y me pregunto ¿por qué los vecinos de la escalera Monagas no pueden bajar, por la Mata de Mango o por LaRedomita? Todos no tenemos la culpa si hay personas que dan problemas. Tratamos de solucionar los problemas como podamos, pero hay seres inocentes en la escalera y no tienen que pagar justos por pecadores.

Yo le agradezco a todo ente de organismos de seguridad, que por favor sean conscientes de que todos no tenemos la culpa de todo lo que le pase a la gente de LaRedomita. Por que se ha corrido la voz que toda la gente de la Monagas que baje o suba por la Mata de Mango o pase a la Redomita lo van a tirotear, eso ha sucedido, porque nos han parado allá abajo y nos han dicho que no subamos, ni bajemos por ahí, por que nos van a tirotear. Soy testigo fiel de eso.

Nosotros no podemos vivir en esta zozobra, o nos defienden las autoridades, o nos vamos a matar como perros y gatos, son cosas que le pasan a uno, por vivir en un barrio, eso parecieran ser cosas naturales.

Todo pasa... Pero eso es una zozobra, que los muchachos de allá no pueden bajar por aquí, porque no se pueden comunicar con los otros...Ahora, se están reuniendo cerca de la vereda del Caimán, pero están en una zozobra, porque están ahí, pero saben que el que vive arriba o abajo los puede joder. Nosotros los que vivimos arriba en la Jungla, no queremos ni que les pase nada a ellos, ni que ellos le hagan nada a otros. Pero los chamos tienen que defender su vida, tratando que no los maten, ¿Por qué los otros tienen pistolas?, ¿dónde las consiguen? Ah, no sé. Supongo que cuando alguien de un cuerpo policial estudia, es para ganarse una pistola. ¿Cómo los chamos de la Mata de Mango y LaRedomita pueden llegar a tener una pistola? Me imagino que porque tienen familias policiales, el resto no las tienen; y los jungleros no las tienen, y no se pueden dejar matar.

La verdad la digo donde sea, cuando he tenido problemas con mis hijos, hasta los he corrido de casa, pero no voy a tolerar que los quieran matar injustamente.

Si mi hijo va morir, que sea por una causa noble, no porque otro sea más malandro. Y una causa noble es cuando defienda a otro que lo quieran joder injustamente, cuando defiende a un niño que abajo lo están pateando, cuando defienda a una mujer que alguien la quiera robar, que defienda a alguien cuando lo quieran escoñetar dentro de su casa. Y Caracas es simplemente eso…

Belkis Villafañez (Sucre, 1967)

Nací en Güiria, Estado Sucre, tengo familia aquí, y en Maturín. Recién conocí a mi padre; porque me crió mi padrastro, fue un padre ejemplar, no tengo nada que quejarme de él. Se llama Miguel, ahora no hace mucho nos regaló muchas cosas bonitas. Pero siempre tuve la curiosidad desde niña de conocer a mi verdadero padre, y lo vine conociendo no hace mucho.

Era un chica rumbera, y no de cuento. Mamá se ponía furiosa, y me encerraban con llave porque era muy tremenda, entonces siempre hacía mis oficios en casa y la ayudaba, pero cuando como dicen me abrían la puerta “los pajaritos, cuando vuelan, vuelan”. Entonces iba de repente con una compañerita a tocar los timbres de las quintas, y escuchar a la gente peleando, eso era una gozadera. Era tremenda, de repente en una de esas bailadas le ponía la mano a alguien en... y entonces decían “sabemos quién fue”… Vivímucho esas experiencias, aún teniendo a los hijos mayores, y aún pequeñitos salía a rumbear con mamá, que en paz descanse, era una mujer muy alegre, hasta lo último de su vida, cuando se estaba muriendo.

Ahorita fuera una bailarina, pero mamá no quiso. También en ese tiempo me gustaba el karate, pero no logré seguir, me enamoré, metí la pata muy joven, viví en San Félix, mucho antes de llegar aquí a este barrio, viví cuatro años con el padre de mi hijo mayor, no me fue muy bien que digamos. Ahí fue que comenzó mi lucha, y a aprender a ser responsable: “tú te lo buscaste, tú tienes que asumir tu responsabilidad”.

Llegué a LosMangos en el año 1988, aquí he criado a mis hijos, porque cuando los traje eran muy pequeños. Y, bueno, han estudiado y se han preparado. No es fácil luchar con la adolescencia y me ha tocado muchas veces el rol de madre y padre.

Desde muchacha fui independiente. Entonces mi sueño fue que si algún día me iba casar, quería tener lo mío por mí misma, y darle un hogar a mis hijos. Y así ha sido, de lo cual estoy orgullosa. Llegué y le dije a mi compañero: “mira, voy con mamá, pero tengo dos hijos, y esa es mi responsabilidad y quiero tener un hogar, comprarme una casita que sea mía, aunque sea un ranchito de bahareque. Pero allí voy a empezar, entonces si llegas a conseguir algo dime”.

Y, bueno ¿ok?, entonces logro conseguir algo aquí. Pero antes quería traerme para que conociera el lugar, en una fiesta para la virgen del Valle, esa era una tradición bellísima, vine a conocer esta comunidad en esa celebración, me encantó, entonces él fue haciendo la diligencia de conseguir la casa. Empecé en un ranchito que era de pura tablitas de guacales, de una sola habitación, no había escaleras, no había agua, nada de eso.

Mi casa la compré en ese tiempo, en ocho mil quinientos bolívares. Bueno, ahí luego duré un tiempecito, empecé a mejorarla. Porque siempre me ha gustado mejorar, porque por el hecho de que uno sea pobre, uno no se debe quedar estancado en la vida, uno debe tener metas, sueños, seguir adelante. Bueno, entonces empecé en ese ranchito. Lo puse bien coqueto, después allí hubieron problemas de delincuencia. Por temor salí de ahí, conocí a una persona que me ayudó a venirme a la parte de abajo. Cerca de la redoma, empecé con un ranchito de un solo saloncito. Fue cuando comenzaron los luchadores de esta comunidad, que fueron los presidentes de la junta vecinal. En ese tiempo estaban luchando por las cuestiones del alumbrado, de las escaleras, el agua, la calle principal, que ahorita es la Rafael Urdaneta. Bueno, y lograron conseguir para esta comunidad créditos, para nuestras viviendas, y solicité uno. Por ahí empecé a fabricar tres paredecitas, eso me motivo mucho y seguí adelante, ¡Porque para lo que dio el crédito! De ahí, seguí el empuje, y con aquel empeño y aquellas ganas de seguir para adelante, no he parado ahí esta la casa. Esos créditos eran de ochenta mil bolívares, y los ingenieros e ingenieras querían hacerle a uno una 4 x 6 y si tienes una familia, cómo vas a vivir en una 4 x 6. Entonces les dije: “¿ustedes saben una cosa?, no me van hacer un 4 x 6 por ponerme una ventana y un techo, quiero aunque sea tres paredes que me motivarán a seguir arrancando más adelante”. Terán y Andrés fueron las personas que ayudaron a la comunidad a obtener esos créditos. Y ellos nos dijeron: “tienen que anotar los materiales que usan. Entonces material que llegaba, era material anotado. Al fin llegó un momento en que me hicieron una pared, y me dijeron: “señora le hicimos una pared sin base llena, y hasta aquí llegan los ochenta mil bolívares del crédito”, pero había anotado todos los materiales usados y fui a la ferretería, y les pedí un presupuesto de todo lo que tenía escrito: ¡No llegó a cuarenta mil bolívares¡

Entonces, papel en mano le digo a la ingeniera: “explíqueme cómo es esto; el crédito es de ochenta mil bolívares y llevo sólo cuarenta mil. Cómo es que el trabajo está terminado, y el crédito llegó hasta aquí”, ella viene y me dice: “Sí, amiga, porque esto es por metro cúbico”. “Usted me va disculpar ingeniera —le respondí—, entiendo de ochenta mil bolívares, que los tengo que pagar billete tras billete, vamos a llegar a un acuerdo, porque no entiendo de metros cúbicos. Usted se puede quedar con 10% del crédito, pero con 40% usted no se queda”.

Peleé, y peleé, trajeron a otro ingeniero, pero no pudieron conmigo, hasta trajeron a una que estaba en la asociación, para que me convenzan tengo que estar sedada.

Al fin nos sentamos a hablar, vamos hacerte esto y esto, pero no le digas a los demás, porque entonces nosotros perdemos.

Y le dije a la ingeniera:

“Mañana voy al Inavi y usted va ver cómo le voy a montar la piedra, porque esto es corrupción. Entonces, dijo: “¡Cómo!”. “¡Sí!, como oyó, usted termina el trabajo, porque todavía falta”, le dije que se podía quedar con 10% pero con 40% no, todavía vamos por 20% de materiales.

Y fui al Inavi, y consigó a la ingeniero, esta mujer es fuerte me dice, cansada:

“Ven chica, vamos hablar, aquí tienes un chequecito para que termines de comprar tu broma, para que llenes tu columna amiga, y negocio cerrado”. Ahora sí me puede mandar para que firme, que ahora sí le voy a firmar.

Bueno, y seguí la lucha y esa aspiración de surgir, y ahora gracias a Dios tengo, y ese es un orgullo grandísimo: ¡casa de dos plantas!.

Llegué hacer también varios actos culturales en el barrio, enseñé a muchas muchachas a bailar tambores, Calipso y Alma Llanera cuando estaba en los eventos de la Virgen del Valle, me metía incluso embaraza del hijo pequeño, y llegué a bailar mucho tambor. Las enseñaba a bailar, cuando aquí se hacían muchos eventos. Todas esas tradiciones se perdieron aquí: el Día de la Madre, el Día de Niño, el Día del Padre, el Día de la Virgen del Valle, se hacían unos ponches buenísimos, donde todas las comunidades ecuatorianas, extranjeras, orientales, mirandinos, no mirandinos, de todos los sectores se reunían. Se llenaba esa calle y había eventos, se cantaban galerones orientales. Eso era muy precioso, caía los ocho de septiembre, se acompañaban de bingos bailables, todo el mundo disfrutaba.

Pero verdad que me gustaría que esta comunidad volviera a ser, lo que lograron las asociaciones de vecinos, esto estaba bien bonito, le pido a Dios, que una mano piadosa se compadezca de esta comunidad. Queremos actos culturales, porque todo eso se ha ido perdiendo. Y, si le pido a mi Dios, porque cuando uno tiene fe, Dios es grande, esas son mis ilusiones, aunque el día de mañana me vaya de aquí. Pero que vea lo bello que quedó este barrio.

TaideRivas (Guárico, Altagracia de Orituco, 1958)

Nacido en el Estado Guárico, allá me crié y tuve una infancia normal. Estudié hasta tercer año. De ahí quise buscar nuevos rumbos, y vinimos para Caracas. Eso fue en el 73 para la zona de Sucre, Petare. Ahí me gradué de técnico industrial, y volví a Valencia en el setenta y pico, porque había una aparente bonanza. Allí hice familia y retorné a Caracas, por los lados de San Martín adonde una prima, pero entonces quería independizarme, había oído de estos terrenos de La Vega. Yo había venido a la parte de abajo, cuando esto era una zona casi verde, y no había casi ranchos, las calles eran de tierra, no había ningún servicio, ni de luz, ni de teléfono, ni de nada.

Cuando llegué al barrio en 1984, conseguí trabajo en la empresa de leche Indulac, como mecánico, estaba bien. Pero quería establecerme, hacer algo para mí. Eso era un terreno solo, lo que pasa es que hablamos con la junta de vecinos, le planteabas la situación y ellos iban allá y te decían: “cuál es el terreno que quieres, bueno, cuánto es, mídelo. ¿Qué es lo que tu vas hacer ahí?”, “Voy hacer una casita”, y primero hice un muro, luego una habitación y un bañito.

Con el tiempo vino el servicio eléctrico, pero los primeros años fueron bastantes malos para todo el mundo, cuando llovía no se podía salir, pues porque todo era barro, toda la calle se llenaba de puro pantano. Y a veces si tenías una entrevista de trabajo debías salir, con una cholas y meter los zapatos en una bolsa de plástico y amarrarlos ra, ra, ra… Entonces, bueno por allá llegabas ¡chaz!, a ponerte los zapatos, amarrabas la bolsa con las cholas, la escondías por el monte; al llegar a la entrevista, bueno estabas seco y ¡ok! Pero ¡sí!, cuando llovía venteado, se llevaba la luz porque para los cables con empates no había recursos. Y eso era una peleadera por los cables sueltos:

“Mira, por qué me agarraste mi cable”. Y venía la trifulca, pero, bueno son vivencias.

En ese entonces se llamó Barrio Nuevo, lo que pasa es que se le cambió el nombre, si es un barrio, pero no estábamos tan nuevos. Le pusimos Simón Bolívar, porque en la entrada del barrio, se quiere hacer un arco y se quiere poner al Libertador como emblema de todos, como él es un símbolo, le da renombre al barrio. No es lo mismo que digas: “Mira, vivo en BarrioNuevo, que digas: vivo en el barrio Simón Bolívar”…

Por parte de mamá tenemos una tendencia musical, tengo un hermano que inclusive está cantando en una cervecería, toca por la avenida Sucre, pero canta a nivel profesional. Pero nosotros tuvimos desde siempre inquietudes de músicos, tenía en la casa cuatro y maracas. A los hijos les fui inculcando eso, inclusive Émerson cantó a una edad récord, fue el niño de menor edad de participar en tío Simón, participo con tres años y medio. Recuerdo que le hacían un biombo para las preguntas y él se sabía las doce.

Lo lleve a tío Simón, porque estaban promocionando a los cantantes inéditos, y el tocaba cuatro, y maracas. En vista de que le vimos esa inquietud, y esa información venía en Meridiano, él se fue aprendiendo las preguntas y las respuestas y cantó, volvió a ir y clasificó y fue a varias sesiones, también cantaba en las escuelas. Y cuando aquí hacían actos culturales, inclusive hace un año vino para la fiesta de Santa Bárbara, que vengo promocionando desde hace tres años.

No soy músico, músico en sí, por lo menos toco cuatro y maracas más que todo. Inclusive Émerson canta dos o tres canciones que le compuse, pero más que todo son quirpas de protesta, son vivencias que me han pasado. Y la quirpa tiene como algo que hace a la gente retomar lo que es folklore, incentiva a que se ocupe más o menos de lo suyo. Viene siendo un ritmo de la música. Pajarillo es otro ritmo, y así… Me acuerdo de una que compuse, a una dama, titulada Cómo quieres que te quiera, que dice así:

Cómo quieres que te quiera,
si no te dejas querer.
Cómo quieres que te quiera con tu manera de ser.
Cómo quieres que te quiera si tú no te portas bien.
Y, si quieres que te quiera porque no cambias mujer
El tiempo y la distancia son mis mejores aliados,
Para estar a tu lado he tenido que aguantar,
tus peores defectos y tu mal comportamiento
Y a veces me doy cuenta de que te quiero dejar.
Yo espero paciente que cambies de actitud,
Que solamente tú estás llenas de problemas
No olvides que las penas las ofrece el corazón
No pagues con dolor,
si tú quieres que te quiera.

Esa es letra y música mía, y el título se llama Cómo quieres que te quiera. Fui hablando, y salio la canción. Porque le decía: “Cómo quieres que te quiera si no se porta bien, cómo quiere sino cambia”. Entonces, con esas peleas se fue con su mamá, y se fue completando la letra: El tiempo y la distancia son mis mejores aliados. Entonces para estar a su lado tenía queaguantarPor eso me doy cuenta que te quiero de más…

También tengo otra canción que se llama Niños abandonados. La compuse cuando sufrí un accidente y fui hospitalizado, una camioneta pasó por encima y me quitó parcialmente el talón; tuve una recaída y después me llevaron pal’ Lidice, por el cementerio y quede allá. Estuve allí como tres meses, porque pa’ poderme salvar la pierna tuvieron que operarme dos veces y hacerme una cirugía plástica.

En ese tiempo, mientras estuve en la cama, la escribí como en diez minutos. Era como si la estuviera copiando, porque a veces al asomarme por la ventana, veía un barrio, y miraba bastantes niñitos solos. Así, me quedaba viéndolos. Eran niños como abandonados. Esa canción es importante porque manifiesta la problemática de lo que sucede con esos niños. Empieza así:


Por qué no quieres que llore, si yo he visto en esa calle
que a un niño de cuatro años le cortaban la existencia.
Después venía otro infante, que era su acompañante,
en vez de traer un libro, traía un arma cortante.
Por qué no quieres que llore, si lo he visto en esa calle,
que otro niño de cuatro años le cortaban la existencia…

Así más o menos es la canción de Niños Abandonados, y mi hijo tiene otra canción parecida, pero es sobre la droga y la violencia.

La música es un deleite, es cultura, tu me tocas música venezolana, y bueno… El contrapunteo es lo que más me gusta, porque uno se siente contento cuando lo hace. Nuestros ritmos son muy lentos y uno se siente muy chévere; pero lo que pasa es que al llanero le gustan ritmos más movidos y el contrapunteo es una extensión de lo que es la quirpa y esas cosas.

Aquí los hermanos ecuatorianos y colombianos son devotos, unos de la Virgen de Montserrat y otros de la virgen del Carmen. Nosotros los venezolanos no hacemos eso, no sé qué pasa, no tenemos mucha vocación. En vista de eso, hacía eso de Santa Bárbara en casa, pero quise compartir con todos. Y un día venía de La Vega abajo, verdad y vi ahí, en la entrada, donde esa piedra sola, y le hice una promesa: “Mira, yo, Santa Bárbara, te voy a meter ahí, yo mismo”. Con un cincel y un martillo me puse hacerla. Fue como una especie de reto, no utilicé sino instrumento rústicos. Eso no fue hecho con nada industrial, y entonces después la protegimos, y le hice lo que es la reja.

El cuatro de noviembre es el día que se celebra, del mismo llano uno trae eso de la víspera, que es un día antes a las doce de la noche cuando empieza la fiesta. Como se sobreentiende que a la una ya es el día de Santa Bárbara, entonces a ella se le compran las frutas, aguardiente, tabaco… Porque la gente se acerca al sitio, y tienen tendencia y creencia a ella y se fuman el tabaco. Y participan, también se baila con tambores, los hemos traído. Este año no, pero el año pasado sí, ellos no cobran sino piden que uno les tenga su aguardiente. Alguna gente la ve de cierta forma, nosotros la vemos como una fiesta, una celebración, pero otra gente la ve y no le gusta, dice que eso son cuestiones de brujería y bromas.

Mucha gente le rinde culto a Santa Bárbara en su casa, entonces si haces una promesa le haces la fiesta, le rezas, le lanzas las ofrendas y participas con tu familia. Yo también lo hacía así, en todas partes se hace, pero quise compartir un poquito más con la gente. Se ha logrado, pero bueno poco a poco eso es un proceso.

Uno de los problemas principales del sector es como en todas partes, el de la inseguridad, y ese problema en sí no es constante. Lo veo desde este punto de vista, de repente viene un grupito, como quien dice echando broma, y se establece a molestar a los del barrio, y tal, y se escuchan esos tiros, y a veces tenemos hasta muertos. Pero, si tu sales por el barrio, no te pasa nada porque más o menos lo he comparado con otros barrios. Y, por lo menos lo del consumo del barrio, no es una cosa, tan descarada como en otros lugares.

El agua, voy a decir honestamente, sí existe el problema del agua, pero no es como antes, no había agua nunca. En el sector que estoy, se va cada cuatro días, pero viene cada cuatro, pero fijo. Pero ahora lo bueno, es que se va pero viene, y uno está preparado. Claro, y uno busca los envases, y ahora para Carnavales y Semana Santa tenemos agua, lo de la luz eso sí esta bien. No tenemos problemas.

Aquí importantes somos todos, aquí por ejemplo vive un muchacho detrás del bloque verde, ha ido a representar a Venezuela en Tailandia, y en Cuba, se llama José Luis, es un atleta formado, y la gente lo quiere. Ha sido uno de los máximos representantes en cuanto al deporte; también está Peter, que jugaba football para la selección nacional, pero lo mataron…

El deporte se debe incentivar porque para hacerlo tienes que ser sano, no puede ir de la mano con los vicios. Primero, en todo deporte tienes un contrincante, verdad, si eres atleta vas a competir con otro, pero si aparte de eso te vas a poner como otro contrincante de ti mismo, estas derrotado.

O sea, vamos a suponer, si se compite no se puede estar tomando, porque fíjate, enfrentarse a otro tipo, quien lo haga lleva un handicap; se está buscando dos adversarios: el licor y con quien se tiene que enfrentar, entonces no es compatible. Cuerpo sano, mente sana y mente sana cuerpo sano, por eso es que los grandes deportistas son sanos.

Y aquí, bueno, vino un señor que era buen músico, vivía allá en la Mata de Mango, le decían “Camarita”, tocaba la bandola, y era buena gente, porque aparte de que tocaba en su casa, se venía para acá a LaRedoma. Por lo menos un domingo se venía con la gente a tocar, y nos reuníamos con mi hermano, siempre cuando viene sacamos el cuatro, y vamos a la bodega que está en la entrada, buscamos equipo e improvisamos y cantamos y la pasamos bien.

En sí, saben, el respeto se lo gana la gente. ¡Ahí está el señor Durán!, que es el señor de los periódicos, es un señor serio y presta un buen servicio, y a él le gusta ayudar a la gente. Siempre está dispuesto hacer algo por la comunidad, no le pone trabas. Porque hay persona a veces que no lavan, ni prestan la batea, pero ayudan, como los hermanos ecuatorianos, ellos se solidarizan con uno sin preguntar mucho.

De mi barrio me gusta todo, por lo menos aquí hay gente con la cual compartir, vamos a suponer, aquí estás estresado, digamos aburrido, bajas y hay gente con la que hablar, hablan de política, hablan de sus cosas, cuentas chistes, si uno quiere hablar de otra cosa habla con otro. Aquí hay muchas cosas buenas. Si alguna vez me voy de aquí, será para una parte donde esté más tranquilidad por la edad, por esas cosas, ahora por lo menos sinceramente no tengo planeado irme de aquí.

Juan Antonio Franco Alava (Caracas, 1979)

Nací en Caracas en el año de 1979, en la Maternidad Concepción Palacios. Mis padres, Juan Antonio Franco y Maria del Rosario, de origen ecuatoriano se trasladaron a Venezuela hace veintisiete años a buscar un mejor nivel de vida. En aquella época Venezuela era conocida por el boom petrolero, entonces había migraciones. Y, bueno, ellos decidieron probar fortuna al venir a Venezuela. Tenían ya dos hijos ecuatorianos, y cuando llegaron a Venezuela transcurrió el tiempo y les costó obtener los papeles de mis hermanos. Por ellos Marcos y Carlos Alfredo, llegaron nada más hasta sexto grado, porque no tenían la cedula venezolana, ya que extranjería se las negaba, en vista de que eran dos venezolanos y dos ecuatorianos. Entonces había una política en la Onidex errada en aquel momento, había mucha burocracia, mucho papeleo y a veces dinero de fondo era necesario para hacer los trámites.

Estudie en LosMangos, en el liceo Y. Llegué hasta tercer año y de ahí me trasladé al Liceo Caracas, después fui a Chacao al liceo Gustavo Herrera, me fue muy bien y aprendí nuevas cosas. Soy de origen humilde, de padre y madre de escasos recursos, pero logré salir adelante, y ser seleccionado en la UCV para ingresar en la carrera llamada geoquímica, que en los actuales momentos culminé. Tengo también una hermana que está en el liceo de LosMangos. En principio quería estudiar en el Paraíso, pero ahora el Ministerio de Educación hizo un reglamento para que cada persona estudie cerca de su comunidad, y eso está bien en parte. Pero no permite relacionarse con otra gente, con otros valores. Ese colegio no me gusta mucho, porque también hay problemas. Espero que termine su tercer año, para cambiarla de colegio e inicie sus estudios universitarios, para ayudarla en su carrera.

En la gente ha habido un cambio, ahora son conformistas, y no tienen aspiraciones de mejorar, sólo quieren ser obreros, vivir de lo que ganan y de eso subsistir. No piensan en el futuro, ni en mejorar la calidad de sus vidas, sólo piensan en el momento y fácilmente olvidan los problemas.

El conformismo de la gente hace que no les interese la política, y participar en los problemas que actualmente pasan en Venezuela, para buscar una nueva transformación. Si todos los venezolanos se unieran para lograr un objetivo como es mejorar la calidad de vida, lo lograríamos, pues este es un país petrolero, y debería haber una mejor distribución de los recursos para la población, bajar las unidades tributarias, aquí pasa algo extraño, cuesta mucho comprender la crisis.

Creo que es importante tener los archivos muertosde las comunidades, para mantener un registro de lo que es el pasado, el presente y extrapolarlo al futuro de estos barrios. Considero que en las barriadas las tradiciones deben mantenerse como son, las devociones, los juegos populares, las carreras de sacos, los deportes y los bailes de manera que permitan mantener la mayor convivencia entre los vecinos y trabajar en conjunto por una lograr una mejor sociedad.

Isidro Heredia (Estado Miranda, 1961)

Nací en 1961, vine a Caracas en 1986 del Estado Miranda. Llegué primero a varias zonas de Caracas como el 23 de Enero, estuve también en el Valle, en Santa Rosa de Lima y de allí a la Veguita, donde anteriormente vivía mi hermano. De ahí ellos se vinieron para acá y no tenía información de donde estaban, pero al llegar a este sector los ubiqué. Así empezó todo el tiempo que he transcurrido aquí, de mis cuarenta y cinco años tengo dieciocho años en el sector.

Vivo en la escalera Monagas, en la calle principal Rafael Urdaneta, del barrio Simón Bolívar. Vine por primera a visitar al hermano, al llegar a su casa observé que le hacían falta algunos trabajos en el baño, por eso habló conmigo, y decidí hacerle esas reparaciones: frisarles el baño, arreglarles las tuberías, comprarles una poceta…

Fui recorriendo lentamente este sector, caminando por la parte de abajo, sin conocer a nadie. En verdad se oían muchos rumores de este barrio, pero al fin y al cabo no era como lo habían pintado. Por la experiencia que tenía en varios tipos de trabajos como el de la electricidad, fui conociendo poco a poco a la comunidad, haciendo amistades, relacionándome, desde ese momento empezó un largo tiempo. Han sido momentos bastantes agradables, ocurren cosas como suceden en cualquier barrio, pero es un área bien acogedora, para pasar el tiempo entre amistades, vecinos, amigos, amigas…

Recuerdo la primera vez que vine al sector donde actualmente vivo, todo esto por aquí no tenía sistema eléctrico, la luz era robada, había cables de doscientos a cuatrocientos metros colgando, parecían un tejido de araña, el agua era difícil para obtenerla, llegaba en ocasiones y a veces pasaban ocho o diez meses y no llegaba. Para otros sectores ni siquiera llegaba, tenían que cargarla a punto de tobo hacia arriba, hacía abajo todos los días. En la noche o en la mañana a la hora que llegaba el agua teníamos que bajar. Esos son tiempos inolvidables, prácticamente pasaron a la historia, y se vivieron en carne propia. Así como cuando había muchos sectores que no tenían escalera, y aún algunos no las tienen, ese era otro servicio que faltaba, no tenían tampoco servicios de aguas negras, y aguas blancas. Esos años fueron pasando y ahora están lo servicios un poco mejor, actualmente lo que hace falta es una línea de vehículos que avance hacia la zona de abajo, para que se haga una vía de comunicación con LosMangos, quiera Dios que se forme. Estamos esperando desde hace catorce años, puede ser que se haga realidad en cualquier momento.

Hace dos años atrás fui hacia Barlovento. Por allá estaba trabajando la agricultura. Ojalá, todo vaya bien, porque tuve que pararme, porque estoy resolviendo un problema de la casa, porque está en alto riesgo. Y tan pronto resuelva deseo seguir en lo de la agricultura. Aquí tuve una pareja, y tengo dos hijas hembras. Para obtener el sustento diario he estado trabajando en alguna compañía contratista de construcción, otras veces he ejercido la albañilería, actualmente reparo lavadoras, he arreglado dos, y voya ver si saco dos más, para alquilarlas, aquí mismo en el barrio. Las tengo en casa de palo, porque eso me hace más fácil subirlas para arriba. La gente se está acostumbrando, ahorita tengo que estar pendiente para subírsela a Zoraida, y a la negra. Se las llevo a sus casas, pero llegamos a un acuerdo, porque si tengo que subir cerro para arriba la cosa es diferente, tiene que haber un recargo. Ahora, si la gente coopera…

En una ocasión también le ofrecí a la comunidad hacer una especie de puente colgante para cargar materiales. Porque aquí prácticamente se llevan los materiales a lomo y carretilla, porque no hay otra forma de transporte. Faltan algunos materiales para llevar a cabo ese sistema de trabajo, para que el servicio del material que compre cada persona llegue cómodamente a su casa.

Aquí se puede ubicar fácilmente el sistema con la transmisión de un vehículo, un motor 220, fuerza que se puede trasmitir por medio de una línea con mecate o con guaya, en forma de una torga con capacidad para tres o cuatro tobos de arena, y se pueden subir en un lapso de dos o tres minutos a una distancia de sesenta o setenta metros, dando las facilidades a todas las áreas que estén en fabricación, y de las personas que estén en capacidad de comprar su material, y no paguen prácticamente más dinero de lo que les cuesta. Porque, actualmente, el material se está pagando al doble de su valor por el transporte. Y para hacerlo colocamos cada quien una cantidad de dinero de acuerdo al precio de esas piezas que se necesitan.

El motor, la transmisión se puede conseguir en cualquier sitio, como chatarra, se compran doscientos o trescientos metros de cable y se forma una línea, se hace una pequeña torga, se ubica el sitio principal donde no halla contacto con las líneas eléctricas, y las casas adyacentes. Entonces ahí se puede hacer un sistema de güinche y se sube directamente hacia arriba. Todas las comunidades se sentirían beneficiadas, y se puede cambiar de un sitio para otro según las necesidades de cada sector.

Aquí actualmente se está buscando que todo vaya cada día mejor. Se están integrando los servicios a través de los comités de tierra organizados, así lo está pidiendo la Constitución. Y lo está diciendo el Presidente, que si se organizan las comunidades llegarán los servicios más cómodos. No habría intermediarios. Si fuéramos organizados pudieran desarrollarse las cosas más rápido. Y problemas como la inseguridad que tenemos también podrían mejorar, pues se desarrollan por la falta de participación de la misma alcaldía que no da seguridad permanentemente. Por que ¿de qué vale? Qué cada vez que se arme un problema lleguen veinte policías, mientras que en el resto de la semana no pasa ni uno al día. El punto es que si diariamente aunque sean dos veces al día pasaran los organismos de seguridad, se resuelve ese problema. Habría también que dar más confianza en el sector, porque entonces podrían existir las denuncias y se podría realizar esta campaña en beneficio de la seguridad para todos.

Luis Malavé ( Caracas, 1965)

Luís Malavé se crió en una de las barriadas más populosas de Caracas, que es la parroquia de Antímano. Vivími niñez en Mamera, recuerdo que vivía en la parte norte del cerro y tenía una vista bellísima del río Guaire, paisaje que quedó eternizado en la composición de Billo Frómeta Mi Viejo Guaire (1) de ahí presencié lo que era la Vega, en lo que es la planicie de las barracas que estaban en la parte baja de Mamera. Por ahí pasaba el ferrocarril, y ahorita nadie se imagina lo que existía ahí, era un paisaje bellísimo y un ambiente muy sano.

A raíz del terremoto del 68, nos vimos obligados a abandonar nuestras bella Caracas, y viví en el segundo terruño que fue en la Victoria, estado Aragua. Prácticamente pasé allí la juventud, y parte de la adolescencia, y también ahí se me inseminó la semilla del amor a la historia. Es una ciudad histórica donde se libró la batalla de la Victoria. Recuerdo todavía los desfiles escolares, es una ciudad juvenil por excelencia. Luego vine a Caracas a estudiar en la UCV ingeniería, pero por razones personales no pude culminar la carrera, y brotó la vocación de la docencia, porque en la misma UCV daba clase de dibujo y de análisis matemático, y con el apoyo de los compañeros de estudio y una querida maestra, me hicieron comprender que tenía vocación para la docencia. Y es lo que estoy desarrollando, y es lo que en verdad me gusta.

Bueno, vivo en Cúa, estado Miranda, ciudad donde nació Ezequiel Zamora, ciudad donde también nació Cristóbal Rojas, pintor. Es una ciudad bastante histórica. Allá queremos mucho a Baudilio Díaz, es una ciudad por excelencia beisbolera, muy arraigada a su pasado, verdad, que es lo que queremos hoy en día que todos los venezolanos sintamos hacia lo nuestro.

Las historias locales son un tema necesario de rescatar, sobre todo cuando se está levantando una nueva generación, la cual muy someramente conoce la esencia de su barriada, de su pueblo. ¿Cómo sentirse parte de una comunidad sin conocer su historia, y la vida que se comparte día a día? Muchas veces me da mucha preocupación el tema, por eso es oportuno hablar de él, pues en nuestras barriadas y pueblos se están perdiendo la identidad por la indiferencia de los entes gubernamentales. Por ejemplo, por querer hacer un urbanismo de manera indiscriminada, suplantan estructuras modernas acabando con el pasado, y así ocurre con el aspecto social y cultural. Cada día en nuestra ciudad capital vemos cómo el casco histórico, se encuentra asfixiado, y lo que queda es el nombre de las esquinas. Nuestra cultura, cada día está desapareciendo con esta globalización, y si nosotros los maestros sobre todo no nos abocamos a investigar y difundir nuestro acervo cultural, en un futuro inmediato vamos a sufrir los horrores de la transculturación.

Los docentes estamos obligados a indagar y transmitir nuestro patrimonio cultural y espiritual a las generaciones futuras de presentarles lo que nos han transmitido las pasadas generaciones, poco tiempo dedicamos a hablar, a compartir acerca de nuestro pasado inmediato, poco a poco se han ido perdiendo los juegos tradicionales, los dichos, las costumbres, y son un tesoro inestimable que guardan personas anónimas, a pesar de que no tengan mucho grado de instrucción, pero sin embargo tiene una gran pasado que debe ser transmitido a las nuevas generaciones.

En verdad siempre invento y busco la manera hacerles atractivo a los alumnos, lo que es nuestro pasado histórico, la esencia de sus comunidades, las edificaciones, las plazas, los personajes anónimos que popularmente en un tiempo jugaron un papel especifico en nuestra Venezuela; un ejemplo es cuando hablamos del Pacheco, o de otros muchas palabras o nombres de nuestro hablar popular. Nombramos a estos personajes de manera inconsciente, pero no sabemos de donde provienen, ni qué significan. Entonces nos vemos en la obligación de indagar porque esos nombres, de por qué razón le damos al nombre del frío: “¡Pacheco!”. Él era un hombre que bajaba siempre desde el Ávila, y anunciaba la temporada fría, aquí en Caracas. En el caso de Billo Frómeta, conocemos mucho de su ritmo, pero él con sus canciones nos transmite la Caracas de antaño, como es el caso de Isidoro (2), entre otros muchos temas que compuso.

También en nuestra parroquias, los orígenes se han ido perdiendo, porque cada vez llegan nuevos habitantes que migran por razones económicas, pero no pertenecen al sitio, y no conocen el pasado del lugar que habitan, ni del que habitaron. Y se abocan a su actividad y no comparten, ni tienen el sentido de pertenencia.

Actualmente laboro en la escuela Zulia, y tengo alrededor de siete años de docencia en La Vega, y la siento mía, porque converso a menudo con los mayores y me gustaría seguir trabajando por siempre en esta parroquia, así no compartan mis sueños físicos, pues vivo en Cúa. Pero prácticamente sin embargo paso todo el día en la parroquia e incluso los fines de semana. Esto es por encima lo que es Luis Malavé…

1) Billo Frometa, Mi Viejo Guaire

Quien no te conoció.
Cuando eras anchuroso
Quien nunca se bañó en tu cauce
Puro cristalino
Quien nunca en tu caudal
Calmó la sed de los caminos
No sabe los momentos placenteros
Que ha perdido

Y siempre sueño que voy remando
En mi botecito
Guaire querido, Guaire querido

Serán hondos los otros ríos
Pero a mi Guaire, pero a mi Guaire
Nunca lo olvido

Caracas se asomó más de mil veces a mirarse
Y el Ávila también quiso en tus aguas
Reflejarse
No importa que hoy te encuentres solo, triste
Y desteñido

Yo evocaré por siempre tus corrientes
Viejo río

Y siempre sueño que voy remando
En mi botecito
Guaire querido, Guaire querido

Basta que seas tan caraqueño
Para ser bueno

(2) Billo Prometa, Epa Isidoro
Billo Frometa.

Epa, Isidoro,
buena broma que me echaste
el dia que te marchaste
sin acordarte de mi serenata.

Epa Isidoro cuando vuelvas por caracas,
Explicale a las muchachas que te fuiste lejos, sin decir adiós.

Y sigo pensando que este viaje tuyo no era necesario,
Ahora que caracas está celebrando cuatricentenario.

Epa, Isidoro
Por las calles de los cielos,
En tu coche roto y viejo,
La cuerdita nuestra te recordará.

Fotografía: Nuria Martín, Diana López

Fotografía participativa: Yuber Bustamante, Winder González, Luis Malavé, Dana Marcela, Marcos Antonio Medina, Modesta Ortiz, Wilmary Pérez, Brenda Santana, Yoander Soto, Kerly Torres, Islet Yorlet.

Promotor: Fundación Cultural Chacao

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