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IMAGINARIO URBANO: HISTORIAS DEL BARRIO SAN RAFAEL, LA VEGA


Eduardo Planchart Licea
eduardoplanchart@yahoo.es

HISTORIAS DE BARRIOS

Estas historias de barrios, se iniciaron en el 2003, en el barrio El Bucaral, de la Castellana. El actual proyecto en la parroquia La Vega, es una continuación de esta iniciativa por crear investigaciones con metodologías participativas y dinámicas, que ayuden a mejorar la calidad de vida de los venezolanos. Al recopilar las memorias de vida en las comunidades se establece un proceso de reflexión sobre si, que se da en un primer momento al ser entrevistados por miembros de la comunidad, y después se logra otra visión tras tener la publicación para su lectura en talleres y de manera individual. Y ante el conocer se generan las pautas para el actuar.

Se ha desarrollado esta actividad hasta el momento en dos barrios de la parroquia la Vega de Caracas, Venezuela: Simón Bolívar y San Rafael, ambos barrios fueron creados a fines de los sesenta, por lo que deduce de los testimonios del sector Simón Bolívar fue fundado quizás algunos años antes que San Rafael, donde se contó con la colaboración de tres facilitadores y asistentes de investigación de la comunidad, como fueron: Alexis Salazar, Gonzalo Álvarez y Arelis Álvarez que se dieron a la meticulosa labor de realizar entrevistas dentro de la misma comunidad, y dedicarse a fotografiar su entorno vivencial. Además se dieron talleres de fotografías y dibujo a niños y jóvenes para crear un acercamiento al imaginario del barrio, estas metodologías se alternaron con entrevistas directas y trabajos in situ.

Las historias de vida escritas en estas líneas, fueron transcriptas con detenimiento en sus modismos, poniendo atención en los giros regionales y personales del habla; para no homogeneizar el lenguaje. Pues la palabra hablada expresa el ser de cada quien. De igual manera, se tomó en cuenta el lenguaje corporal que acompaña el hablar. Un ejemplo de ello es la conversación que se tuvo con Orlando Castillo, la cercanía de él con el entrevistador no era evitada, su acercamiento rompía de manera continua el espacio intimo. Su mirada frontal afirmaba sus conclusiones con palabras seguras y personales como esas de“la foto, dame letra, I don’t know”. Vinculó de manera estrecha sus gestos con su discurso, tal como ocurrió cuando describía lo que se cree que es un malandro y quien es un balandro. Mientras hablaba de esto, apuntó al entrevistador con sus dedos en forma de pistola y presionó su cuello para gritar: Toma letra, aprende, ¡zas!, te robaron.

El sentido de estas historias de barrio es mostrar a través de la diversidad un acercamiento a esa otra Venezuela. Se da así a conocer a los sectores populares la validez de su cultura, como afirmaría Alexis Salazar, Chicho:

Cuando una comunidad está consciente de lo que le preocupa, ese es el primer pasó para decir: la solución está en nuestras manos, porque nosotros podemos corregir estos problemas sin imposiciones. (Testimonio, Alexis Salazar, 2006).

HISTORIAS DEL BARRIO SAN RAFAEL, LOS MANGOS, PARROQUIA LA VEGA

En una de las lomas de La Vega, detrás de la carretera Panamericana, en el año 1968, corría un río cristalino. Su fluir estructuró al barrio San Rafael, con su calle principal de la cual brotan escaleras a sus lados, muchas de las cuales llegan hasta la parte alta en recorridos azarosos, determinados por los relieves de estas lomas. A la entrada había un portón con candado y una cerca, que poco a poco fue destruida por las invasiones.

Las primeras familias del sector recuerdan cómo el camino de tierra se dividía en dos partiendo la trocha principal, a causa del caudal de las aguas del río que la atravesaba cuando crecía por los chaparrones. Esta amenaza hoy ya no existe, pues se han canalizado las aguas de lluvias, y una amplia carretera de concreto, llamada Santa Lucia, va de la esquina de la Calle Negra, hasta la redomita que es el fin de la vía, donde los jóvenes improvisaron una cancha de futbolito, única opción de hacer deporte que tienen en las cercanías.

Para los habitantes de San Rafael, uno de los recuerdos vinculados a su fundación es la quinta que fue de Marcos Pérez Jiménez, que existió en el lugar donde hoy se ubica un complejo educativo del sector. Es un recuerdo recreado muchas veces por el deseo de retornar a los orígenes del barrio. La gente en San Rafael narran y discuten aún sus razones de ser: como el de haber sido lugar de descanso para el dictador, sitio donde estaban las maquetas de la futura urbanización que se haría en La Vega. Serán los hallazgos, en sus alrededores de cráneos y esqueletos humanos por los jóvenes de la zona, lo que trae a lugar la sospecha de que pudo haber sido también un espacio de tortura, que recuerdan las consecuencias de las dictaduras: centenares de asesinatos y desaparecidos, junto a un retroceso en el desarrollo político de un país, debido a la represión de la libertad de pensamiento y participación.

Las entrevistas coinciden en que la quinta es un símbolo de los orígenes del barrio, tenía una piscina, en una amplia y moderna construcción, rodeada de jardines con una quebrada. A donde iban a bañarse los habitantes del naciente sector, cuando no encontraban agua de los camiones cisterna. Fue también el lugar de donde tomaron la electricidad para sus ranchos. A sus alrededores abundaban matas de mangos, al igual que en las zonas adyacentes, razón por la cual algunos vecinos opinan que se originó el nombre de Los Mangos, como zona que aglomera a casi veinte barrios, de la parroquia La Vega.

El señor Colorado o Coloroa, es uno de personajes más recordados en San Rafael, él convirtió la residencia en su hogar, tiempo después del 23 de enero de 1958, fecha de la caída del régimen. La quinta junto a sus terrenos pasó a formar parte del Inavi, y del banco Obrero. Y Colorao como aún es llamado, era encargado de proteger los terrenos adyacentes de invasiones. Así convirtió la moderna construcción en el hogar de su familia. Será Juan Pelúo Teránotro de los hitos de la memoria de San Rafael. El paso del tiempo ha reforzado la actividad que realizó en pro del sector, fue presidente de la junta vecinal, y responsable de iniciar las luchas por cristalizar junto a la comunidad las mejoras de vida del barrio, como era hacer llegar el agua con más frecuencia, lograr materiales para construir las cloacas y empezar a levantar las escaleras, traer la electricidad, y mejorar las vías de comunicación que eran caminos de tierra.

La construcción de escaleras para este barrio, entre cerros, es importante para la vida diaria, porque ellas facilitan las vías de acceso de los pobladores, pues gran parte de los hogares quedan en la parte alta de los cerros que bordean la calle central. Día tras día llegan los habitantes a estas laberínticas escaleras, cargados de bolsas con alimentos y otros insumos para enfrentar los empinadas escalones de cemento, en los lugares que han sido construidos. Tras pasar horas de espera en las paradas de los autobuses, entre agresivos coleadores y un pausado recorrido hasta llegar a la calle Santa Lucia.

Se inicia la jornada laboral al bajar a las paradas de transporte colectivo en la esquina del sector, con sus ventas de alimentos, vendedores de loterías, hierbateros y santeros ambulantes. Y al regreso se repite el ritual, entre los vecinos se dan encuentros breves, en este peregrinar humano. Es este un rasgo común en gran parte de los barrios que rodean a Caracas.

La construcción de las vías de acceso, y las escaleras de cemento son episodios importantes para la comunidad, tanto como la llegada con mayor regularidad del agua y de la electricidad. Por eso son recordados con detalle. En San Rafael, en el 2005, se terminó de reconstruir la calle principal, llamada Santa Lucía. Dos años atrás parte de la zona alta del barrio, fue mejorada al construirle escaleras, plazoletas y bancos, área que se comunica con zonas del sector donde aún se vive entre caminos de tierra. Esta parte alta colinda con el barrio Unión.

Vivo en la parte alta, entre San Rafael y la Unión, esa casa con la reja es la mía, entre Colombia y Venezuela, como dicen por aquí. Ahí los malandros se encuentran en veces, los de la Unión con San Rafael y ahí hay tiroteo”. (Testimonio, María Vasilea Mesa, 2006).

Cuando María Vasilea hace referencia a la frontera entre Venezuela y Colombia, es una metáfora apropiada al ambiente de violencia irracional que se vive en el sector. Por esta causa, los habitantes de la zona baja de San Rafael perciben la parte alta como peligrosa. Debido, sobre todo, a que esta frontera se ha convertido en una tierra de nadie. Sin embargo, los espacios recuperados de la zona alta se encuentran limpios y cuidados, e incluso se ven pequeños jardines al lado de algunos de estos humildes hogares.

Este barrio caraqueño se ha expandido en las últimas décadas entre casi todas las lomas adyacentes, y ha creado una cultura que se integra a la multiplicidad cultural de Los Mangos. En donde la cultura popular urbana tiene rasgos definidos y dinámicos, que la distinguen de las otras parroquias del país, como es la celebración el 14 de octubre fiestas del patrono del barrio, día de San Rafael el Arcángel. Y a su vez posee una esencia común a la cultura popular urbana, presente en la dimensión del juego en los adultos y en los niños, que se expresa en la pasión por los deportes de pelota, los gustos musicales. En el terreno de lo religioso, están los rituales y festividades vinculadas a la religiosidad híbrida como la Navidad, la Semana Santa, el Carnaval y a los santos patronos que conviven con los sincretismos propios de las culturas afrocaribeñas, presentes en la expansión del culto a Santa Bárbaraen estas comunidades urbanas. Los movimientos evangélicos de origen protestan también se encuentran presentes en estos espacios urbanos, en su lucha por imponerse sobre las otras religiones.

En San Rafael la gente vive y pasa parte de su vida en la calle principal, pues el transporte llega por lo general hasta la entrada. A los lados de la calle Santa Lucía, el sector se divide en innumerables callejones, con nombres de fechas significativas entre los que destacan: el 12 de octubre, el 19 de abril, el 5 de julio, Las Flores. Así, entre estas estrechas escaleras, los caminantes son vistos y oídos por sus vecinos, se da de esta manera un contacto sensorial continuo, acompañado por el amor del venezolano a la música. Pues, si algo caracteriza a este barrio es la “sinfonía” de música caribeña, donde cada quien pareciera regalar su gusto musical al vecino. Esto crea un intercambio de gustos auditivos de música folclórica con salsa brava, ballenatos, Shakira, Juanés, Guerrilla Seca, Vagos y Maleantes, reggaetón y lo que venga, determinados por los ritmos de vida de la comunidad.

La solidaridad es un gesto cotidiano entre los miembros de la comunidad. Es común que alguien reciba ayuda de sus vecinos de manera desinteresada, o vea la calle principal limpia, porque habitantes como Antonio Correa, se dan a labor, de barrer en la madrugada la calle Santa Lucía, o barrer los frentes de sus casas. Este sentir se enraíza en las historias que recuerdan a las primeras familias de la zona. Cuando sólo era monte y banqueos esas lomas, los fundadores eran: Colorao, la familia Álvarez, Juan Pelúo Terán, familia Martínez, Filomena Soto, Cayetano, William Blanco, Guillermina Medina... Ellos desherbaron continuamente a machete, abrieron a pico y pala los senderos de tierra que se fueron ampliando con el tiempo. Y se convirtieron por la participación y el esfuerzo de la comunidad en carreteras. También cavaron juntos las zanjas para las cloacas, tras las jornadas de trabajo, lograron que el agua llegara cada semana, y se regularizara la electricidad. Estas mejoras en la calidad de vida no fueron dádivas sino resultado de manifestaciones, y presiones de diverso tipo para lograrlas. . Casi todos los vecinos han oído de ellosen algún momento de su vida, y cada quien tienen guarda sus propias anécdotas. Por tanto, uno de losrasgos para obtener el respeto y cariño de la comunidad, es el esfuerzo y la generosidad por mejorar la calidad de vida de los habitantes de estos sectores.

En cuanto a las primeras familias del barrio, la señora Eva Caveneiro, es uno de las personas queridas. Al confrontar los diversos testimonios de los habitantes con mayor tiempo en el sector, se puede calcular que el año de fundación del barrio fue entre finales de los sesenta y principios de los setenta, aproximadamente en el año de 1968. El día conmemorativo de la fundación del barrio es el 14 de octubre, debido a que es la celebración de San Rafael Arcángel, sobre el origen de este nombre existen varias versiones. Unas afirman que entre los primeros habitantes del sector había muchos andinos, y con ellos trajeron la fe por el santo; otros señalan que se debe a que la casa que se convirtió en el punto de referencia espacial para ubicar al barrio en la zona, estaba ubicada en la esquina, y era y es habitada por los Martínez: Rafael y su esposa Lucía.

Las diversiones más comunes a que hacen referencias sus habitantes son las competencias de gurrufíos, las guerras de chinas, las metras, la ere, el fusilao. Pero sobre todo la pasión de la primera generación de niños y de algunos adultos es por lo que llaman “el esquí sobre pavimento”. En esta arriesgada diversión se lanzaban por la empinada cuesta niños, jóvenes y algunos adultos, dentro de una gavera de refresco de material plástico; diversión que es cosa del pasado debido al tráfico automotor.

Entre los jóvenes de esa generación, recuerdan que las excursiones por los alrededores eran comunes cuando iban a casar tortolitas, bañarse en el peligroso tanque del INOS, ir a la hacienda de Caricuo a cazar, los templetes que se hacían en la parte alta del barrio. Donde se celebraban los Carnavales, con sus concursos de belleza y otras festividades. Y en estas caminatas de caza y excursiones se fue creando las leyendas del sector, como es la del árbol del ahorcado. Aún se recuerda, con sabores entre palabras los golfeados que hacían y vendían en una casa de madera, donde en la actualidad hay una ferretería.

Las tradiciones urbanas se caracterizan por su fuerte dinamismo, tal como sucedió con las fiestas que se celebraron en el pasado el día del niño en el barrio, con recursos y organización provenientes de la comunidad, que demostraron su capacidad de dar lo mejor de si a la comunidad, pero también evidencian creatividad al crear celebraciones con medios de alta tecnología, como es la video-proyección.

En cuanto a los oficios y profesiones que dominan entre los habitantes de San Rafael se encuentran los albañiles, obreros calificados en la construcción, maestros de obra, carpinteros, herreros, maestros, motorizados, taxistas... Y el trabajo en las diversas áreas de las imprentas de Caracas, tal como se da en el caso de la familia Álvarez, en la que casi toda la primer generación trabajan en importantes imprentas del país como es Gráficas Lauki, Editorial Arte, y ExLibris.

Entre las nuevas generaciones del sector también hay jóvenes estudiantes en las universidades, y en institutos de estudios superiores; otros trabajan en sitios tan lejanos como Los Dos Caminos, o han abierto pequeños negocios de venta de música y DVD quemados. Muchos tiene una gran curiosidad intelectual, como es el caso de Jesús Ramírez, asiduo lector de libros vinculados a la historia política del país y de novelas de ficción como El Código Da Vinci; a diferencia de Alexis Salazar, que gusta mucho de las novelas de Gabriel García Márquez, y Paulo Cohelo. En ellos se da un pensamiento libre, sin prejuicios. Evidencia de esto es la conversación que fue registrada un sábado de junio por la tarde del 2006, donde expresaron la agudeza de su pensamiento crítico, al poner sobre el tapete los problemas del sector.Y para ellos, barrios del este de Caracas como el Bucaral, ubicado en la Castellana se han convertido en un paradigma:

El Bucaral es un tremendo barrio que está conformado en Chacao. Es un sector que no parece un barrio, ves canchas cubiertas, módulos policiales, plaza, iluminación, bancos, dispensario..., eso sería ideal para acá”. (Testimonio, Jesús Ramírez, 2006)

Entre las nuevas generaciones también se encuentran jóvenes comprometidos profundamente con el país de manera concreta. Como Roxana Gómez, quien trabaja con niños que han sido expulsados de la educación formal, o la abnegada vocación de Alexis Salazar ‘Chicho’, quien trabaja en el Hogar Don Bosco de la Andrés Bello, abordando a niños de la calle, para darles un nuevo horizonte. Pero esta comunidad se encuentra también amenazada por los antivalores que brotan del derecho del más fuerte, por los enfrentamientos de bandas que crean cada vez más víctimas inocentes, en esta zona de Los Mangos formada por la Unión, San Rafael y el Hueco. Como señala Sonia Serrano, la tipología de los géneros de violencia del barrio se transformó:

Cuando la población fue creciendo, empezaron a cambiar todas las cosas; vinieron otras terminologías, si el malandro que existía antes, que era de botella y cuchillo, y que tu lo podías calmar, ahora es el malandro con la pistola, con la droga...” (Testimonio, Sonia Serrano, 2006)

Cuando hacemos referencia al barrio, es necesario despojarse de los prejuicios y estereotipos, como diría Orlando Castillo:

Lo que pasa es que tenemos una impresión del barrio medio ignorante, si yo vivo en un barrio, y tengo una cara de malandro, soy un malandro, y esa es la foto. (Testimonio, Orlando Castillo, 2006) (fotografía 1)

Los niños del presente en estos sectores siguen viviendo las consecuencias de un país caracterizado por el desarrollo económico desigual y la necesidad de mayor justicia social. Por esta razón las primeras familias que llegan a Los Mangos vienen a La Vega del interior del país, a buscar nuevos horizontes. Porque en sus estados de origen las condiciones laborales eran malas, y emigraron por necesidad.

Vine para acá porque en aquel tiempo la situación estaba muy mala en Rubio... En Táchira era taxista en San Cristóbal, primero empecé en el transporte... La última vez que sobrevivitrabaje hice dos carreras: una de dos bolívares y otra de cuatro. Ahí dije: “No, yo voy pa’ Caracas.” (Testimonio, Evaristo Rangel, 2006)

Desde que se inicio inició esta investigación en el sector San Rafael en noviembre del 2005 hasta julio del 2006, se ha notado una escalada de violencia, cada vez mayor, que tiene en un estado de zozobra a sus vecinos, es común oír expresiones como:

Esto de noche es pavoroso, ahora de noche da miedo, esos muchachos son como vampiros, a las seis o siete de la noche hay que encerrarse; hay que estar prudente: mantener vista de águila, ojo de perro, paso de lobo ...”

De una semana a otra, varían los relatos de los sucesos violentos y los nombres de las víctimas por estos enfrentamientos aumentan. A los medios de comunicación no llegan estas realidades la mayor parte de las veces, pues son esquivas, sorpresivas y difíciles de reportar. En ocasiones salen algunos registros, como en las páginas de sucesos de El Universal el martes 13 de junio y 16 de junio del 2006, donde entre titulares se afirma: “Cuatro personas asesinadas en La Vega”, y “Atrapados azotes de chóferes...”. En el último de estos artículos se registra el elocuente testimonio de un vecino de las Casitas, en un sector cercano a San Rafael, en el momento del allanar las viviendas de los azotes del barrio afirma: Aquí matan gente todas las semanas y la policía llega para llevarse el cadáver... Es esta una queja común a todos los habitantes del sector: la inseguridad, y la ausencia de módulos y rondas policiales. Esta comunidad junto a otras tantas a lo largo del país, viven sometidas a esta silenciosa guerra civil. Relata un miembro de este barrio, que hace unos años se tuvo que llegar al extremo de encapucharse junto a otros compañeros, para poder sacar el malandraje del barrio.

En las últimas visitas realizadas al sector a principios de agosto, en los rostros se veía la preocupación, pues la noche anterior a las cinco de la madrugada un taxi que traía una madre y su hija se encontró con un grupo de malandros. A la madre de 40 años con cuatro hijos la confundieron con una malandra buscada, y le destrozaron el rostro con una escopeta recortada y a la hija le dispararon en el pecho, y sobrevivió. El taxista fue tiroteado y murió. Esto pasó en una madrugada de Caracas en los primeros días del mes de agosto.

La ausencia de organizaciones vecinales, creadoras de consenso entre los habitantes en sus conflictos cotidianos podría ser un factor que ha contribuido a agudizar la violencia en San Rafael y sectores aledaños. Se crea, así una sensación de desamparo, pues no se sabe cómo canalizar sus problemas y buscar estrategias colectivas y participativas para solucionar estas situaciones. Se ha llegado al extremo de que este ambiente ha impedido realizar celebraciones populares típicas, como son las festividades patronales. Esto ha creado un vacío organizativo, e incluso algunos de los líderes de la zona,han tenido que abandonar el sector debido a que su actividad en el área formacional y recreativa, molestaba a ciertos sectores de la comunidad.

En este barrio Jonás, con otros muchachos organizaban cuestiones bien bonitas para niños y jóvenes.., luego vinieron unos muchachos y se metieron con él y empezaron los problemas, llegó gente mala por acá...” (Arelis Álvarez, 2006)

En oposición a esta cultura de la violencia, son esclarecedoras las descripciones de otros entrevistados, pues nos llevan a conocer los diversos ritmos cotidianos de la comunidad. En ellas se señala cómo muchos jóvenes antes de ir a los liceos a estudiar, se paran en la madrugada a acompañar sus familias a vender café, y empanadas en las paradas y otros lugares, para después irse a sus respectivos liceos o escuelas. Estas son muestras de la voluntad que tiene el pueblo venezolano para enfrentar esos diarios desafíos.


FOTOGRAFÍA PARTICIPATIVA Y DIBUJOS

Mientras suben o bajan por la calle Santa Lucía, del barrio San Rafael hombres, mujeres, niños y niñas ríen, saludan y conversan. Es la diaria rutina captada por las fotografías tomadas por niños y adultos de la comunidad. Dominan las escenas de madres y niños, jóvenes y adolescentes arremolinados saliendo de los centros educativos. Se observa sosiego, alegría, preocupación en estos rostros, al igual que en sus gestos, sustraídos en ocasiones por la lectura de la prensa a la orilla de la acera. Así vemos los grupos de vecinos que viven entre lo privado y lo público, debido a que dentro de la estructura de los hogares, ésta división no está muy marcada, pues la puerta principal abierta conecta la sala a la calle, y es uno de los sitios predilectos para el contacto diario con el entorno.

Gran cantidad de fotografías se encuentran centradas en lasescaleras, pero la mayoría dirigen su mirada a la calle principal recientemente reconstruida. Se transforma de esta manera la calle Santa Lucía en un elemento importante de la comunidad. Se ha reconstruido varias veces y este proceso ha ido paralelo a la historia de sus pobladores, quienes por sus ritmos cotidianos saben lo que significó esta mejora para su calidad de vida.

Los encuadres de los niños y jóvenes son casi todos a cuerpo entero, muestran lo que es subir por calles sin barriales, el no tener que estar ingeniándosela para ir al trabajo, la escuela, el liceo.., sin tierra y sin barro en los zapatos y la ropa. Esta vía toma vida día a día con el bullir de gente: en las mañanas bajan al trabajo y la escuela, a comienzos de la tarde empiezan a subir los niños, y jóvenes que salen de sus centros educativos. Es común ver a los adultos sentados leyendo las noticias del momento en sus periódicos predilectos, otros simplemente están sentados viendo el trajinar diario, o conversando con sus vecinos.

Existen varios barrios San Rafael coexistiendo en el mismo espacio y tiempo, esto nos permiten reconstruir el proceso de nacimiento del sector. Subiendo las empinadas escaleras se llega a la parte alta del barrio, tras pasar las áreas construidas en estos años, con pequeñas plazas, bancos, y escaleras se llega a lo que pudo haber sido este barrio en sus inicios. Fue la mirada externa, que recorrió estos caminos y escalones de tierra entre pasadizos de láminas y ranchos de zinc; donde se muestra la religión presente en los graffittis, que hacen referencia a frases bíblicas de inspiración evangélica, como: “Jehová es mi luz y mi salvación, Cristo salva y cura.” En la parte baja la religiosidad se hace presente en las devociones íntimas como lo son los altares a vírgenes y santos. Y en la celebración en semana santa del Vía Crucis, que se celebraba en la parte baja del barrio con una bella misa nocturna, alumbrada con vela y fogata.

El detritus urbano en la parte alta es reciclado, así se encuentran desde olvidadas máquinas de escribir, bateas de lavadoras descompuestas, sillas desechas, piedras, cabillas que dan fortaleza al rancho y evitan que vuelen con los ventarrones y aguaceros. Cada uno de estos elementos reutilizados a su vez tiene su propia historia, así es posible encontrar entre un rancho en proceso de construcción, con sus endebles bases de maderas el caparazón de un PC, carcasa tecnológica convertida en mesa. Destacan en este reciclamiento las bases metálicas de las camas, al ser convertidas en rejas, o los envases de alimentos y refrescos como bases protectoras de los bombillos que surcan las escaleras.

Este sector alto, permite imaginar las descripciones de las historias de los entrevistados, cuando señalan que San Rafael a finales de los sesenta, era puros barriales y caminos de tierra, que con los aguaceros dividían el barrio en dos. No por ello se observa pesimismo en los rostros, sino fe en la posibilidades que va abriendo el tiempo, como se mira en la fotografías de grupos familiares conversando recostados en la pared, jugueteando con un niño, o los grupos de niños jugando dominó, evidenciando con sus gestos la seriedad con que toman el juego, sentados sobre latas de pintura, acompañados de perros.

Entre estas escaleras “la vida da sorpresas”, como diría la canción de Rubén Blades, como ocurre con los personajes arrinconados, casi escondidos en los sitios más insólitos jugando cartas, o recostados sobre cartones. Al llegar a un sitio de estos, dicen que nadie busca sus historias sus palabras delatan su visión de mundo, como cuando afirman: “para el pobre sólo hay hambre y techo de zinc. Vine a Caracas, por lo que vienen todos los pobres, por la sobrevivencia”.

Junto a ellos destacan la coquetería del vestir de parejas de jóvenes sentados entre las pequeñas plazoletas, cerca del jardín que con orgullo cuida Vestalia. Se observa una segura y clara concepción del gusto, e incluso belleza en el vestir y en el cuidado personal, común a la parte baja y alta del barrio, rasgo que la mirada interna muestra de manera patente en las jóvenes que bajan, vestidas deportivamente, o las parejas sentadas en los bancos.

Algo común en San Rafael es la vestidura de los niños y jóvenes, es el gusto por lo playero. En lugar de pantalones largos visten trajes de baño o shorts que llegan hasta las rodillas, y es usual verlos sin camisa de manera natural, como si estuvieran a la orilla de una playa y no en un cerro cerca de la autopista panamericana. Este gusto por lo playero se evidencia en una serie de imágenes donde varios niños posan en traje de baño en la sala de su casa, de manera espontánea. Este clima de informalidad es reforzado por los vendedores de comidas playeras, que recorren las calles ofreciendo sus mariscos sin necesidad de vocearlos.

Se devela en estas fotografías la libertad gestual en las poses del cuerpo, así esto se expresa de manera patente en el grupo de fotografías tomados en el callejón 12 de octubre, donde un grupo de jóvenes que cargaban sacos de cementos por las escaleras, son fotografiados en poses que delatan la placidez corporal, libertad y compañerismo cuando se abrazan y piden ser fotografiados como lo que son: amigos. No hay reclamos, ni amarguras, en sus gestos sino aceptación de la inexplicable realidad en que les ha tocado vivir. Es esta su filosofía de vida, revelada por la fotografía participativa.

De los personajes fotografiados una y otra se encuentra el señor Evaristo, con su cachucha de tela, bastón en mano, chancletas de cuero, plumas entre bolsillos, bigotes y siempre una sonrisa en su rostro. Otro personaje fotografiado de manera reiterada es Juan Mugre, con su desarreglado tipo de vestir.

Varios grupos de fotografías de estas miradas tomadas por la comunidad se dirigen al recolector de basura, donde es recogida por el aseo de vez en cuando. En la parte alta del sector donde no existe la recolección de basura se amontonan ente cerros en sitios verdes, como muestra las fotografías; sin embargo los espacios públicos se encuentran limpios.

Las fotografías tomadas por niños en los interiores de las casas, delatan sus vidas intimas, y el orden y concepción del gusto que los rodea. En una de estas imágenes de interiores se describe una de las bodegas, lo cual da una idea de lo que se consume. Los niños gustan retratarse estudiando, y concentran las composiciones en detalles de sus útiles escolares. Se muestran también elementos de la iconografía contemporánea como los personajes antropomórficos creados por Walt Disney en las paredes, en los muebles y en las sábanas. No dejan de hacerse presentes en estos hogares copias de cuadros famosos en las casas como son las marinas de Turner, enmarcados en la sala y entradas, junto a diplomas, fotografías de graduaciones, de bebés que tienen un lugar especial en la sala, en mucho de estos hogares.

Ante la cámara no hubo inhibiciones, sino frescura y alegría, las morisquetas son comunes en estos retratos, pues se está ante un juego como es mostrarse al otro. Los momentos familiares como la comida y el descanso son privilegiados también por el ojo mecánico de la cámara que mira desde adentro.

Es común ver a los niños jugar entre ropas secadas al sol, y jaulas con aves como codornices, pericos o gallinas. En una de estas fotografías, la coquetería de una de estas niñas sobresale con sus tacones blancos, y la forma como viste y posa, delatan una sensualidad natural propia del venezolano.

El juego predilecto de los jóvenes es el fútbol, así al final de la calle han hecho una improvisada cancha, donde a diversas horas del día, grupos de jóvenes pasan horas jugando no solo con los zapatos típicos de este deporte, sino con sandalias o descalzos. La alegría y pasión por hacer deporte esta presente, la cámara ha captado sus movimientos y su descanso, lo cual hacen con evidentes signos de compañerismo. )

DIBUJOS

El mayor anhelo que delatan los dibujos referenciales es la necesidad de infraestructura deportiva, gran numero de ellos representan canchas de fútbol y básquetbol.

En los dibujos no estamos antes vehículos en cualquier situación, sino en la búsqueda de un orden que no existe en la realidad, se ubican junto a semáforos inexistentes, y esa ausencia delata una preocupación, propia de los niños por el caos automotriz. Así, varios dibujos representan carros parados ante un semáforo, junto a un niño o niñas haciendo deporte.

Destaca la crónica de un día en el barrio, el trazo lineal permite darse una idea las diversas situaciones que se dan simultáneamente en San Rafael, desde los diversos tipos de trabajo que se centran en el sobredimensionado módulo, debido al gran interés que existe sobre él. También se materializan situaciones diarias como el comprar en la bodega, o situaciones de violencia. La amenaza y el peligro, se presienten en el dibujo cuando delinea la frontera hacia otro barrio. Senda dibujada como mancha acompañada de la palabra bad. Sentido reforzado al dibujar los ranchos de la Unión, abigarrados, unos encima de otros como si estuvieran cayendo sobre San Rafael. Destacan en algunos de estos dibujos las lomas y el verdor que todavía dominan en áreas de San Rafael.


Conversación en San Rafael, calle Santa Lucía, Los Mangos, La Vega.

Jesús Ramírez (Caracas, 1983).

Soy bachiller y me gusta leer. Unos de los últimos libros que me he leído es el Código Da Vinci. Me gustó la investigación que hicieron de la vida de Cristo, pues si Magdalena fue la amante de Cristo pudo haber dejado descendencia ¿Qué de raro tendría eso? También leo poesía y bastante sobre política, bastante.

Muchas cosas pasan, y uno tiene que buscar la forma de conocerlas porque en todos los medios de comunicación de verdad no hay que creer mucho, uno debe investigar por si mismo, para saber en lo que uno cree o no cree.

Peter Omaña (Caracas, 1987).

Tengo diecinueve años viviendo acá, toda la vida, la edad que tengo desde que nací, vivo con mi madre en San Rafael y se llama Marisol, tengo dos hermanos. Del barrio me gusta la gente que uno conoce, por decir los panas. Actualmente trabajo en una empresa de cosméticos para el cabello en Los Dos Caminos

J. R.: Tengo los veintitrés años de mi vida viviendo en el barrio. Nací en la maternidad Santana, mi familia es fundadora del barrio. Mamá se llama Rosa Díaz, venía de los Magallanes de Catia, y su padre vivía en una quinta en lo que hoy es el liceo Yanes, de la que abuelo era el cuidador hasta que lo sacaron de allí y se mudo al barrio, y así fueron de los primeros fundadores.

Papá falleció hace mucho tiempo, pero fue una de las primeras personas que llegaron al sector, él venía de Altagracia de Orituco, estado Guárico. Y bueno según lo que cuentan, aquí cuando llegaron había alrededor de seis o siete casas nada más. Todo lo tuvieron que hacer a lo rudimentario: robarse la luz, buscar agua donde la hubiera, pero con el tiempo se pobló y mejoro la cuestión. Lo que más me encanta de aquí es la gente, es muy amena y como tengo toda la vida viviendo en San Rafael, uno conoce a la mayoría de la personas.

Las cosas no están bien en el barrio porque la gente tiene que estar más dispuesta para hacer las cosas, por lo menos aquí no hay una junta de vecinos, ni comité de tierra, hay un comité de salud que trabaja a duras penas. Lo que pasa es que la gente sólo se une para lo que le conviene, hace falta más solidaridad entre las personas, para lograr las cosas que se quieren.

Porque hay barrios que se organizan y ya las personas tienen los títulos de los terrenos, como en Pedregal y hay muchas mejoras en esos sectores que aquí no las tenemos, por lo menos en el Bucaral, es un tremendo barrio que esta conformando Chacao, con la Alcaldía de Chacao, es un sector que no parece un barrio, uno entra y ve una cancha cubierta, modulo policial, plaza, iluminación, bancos, dispensario eso sería lo ideal para acá.

Lo que necesitamos son personas de entes gubernamentales, que nos orienten a encaminar lo que queremos, por ejemplo un módulo policial aquí no lo ahí, el más cercano esta allá abajo en Montalbán. Tampoco ahí Módulo de Barrio adentro en San Rafael y sus alrededores, muchas cosas no están funcionando.

Aquí hubo consultorio de Barrio Adentro, era donde estamos ahorita conversando, pero esto sufrió un incendio por causas accidentales, y a los médicos los reubicaron. El comité de salud esta organizándose y está buscando una casa para que las personas de Barrio Adentro, y el ente compre la casa. Entonces el médico que nos corresponde esta en el módulo de allá arriba en Simón Bolívar, y allí es que esta recibiendo a las personas del sector.

P. O.: Ahorita aquí nosotros no tenemos médicos, y el horario de los módulos es de ocho de la mañana a doce, eso debería extenderse a todo el día y toda la noche. Entonces para que están, las emergencias que yo sepa no tienen horario.

Eso es lo que se hablaba de los médicos cuando estaban aquí, sólo trabajan hasta las doce del mediodía, uno venía a las dos, tres de la tarde y no te querían recibir porque su horario de trabajo había terminado, aunque estuvieran ahí.

J. R.: La gente de Barrio Adentro trabajaba y trabaja a duras penas de ocho a doce, ese es su horario. No era ni siquiera un horario de oficina, que es hasta las cuatro, cinco de la tarde. Pero tu venías a las nueve, diez de noche y ellos no podían prestarte el servicio porque ellos no estaban laborando, y era fuera de su horario. A veces, ni estaban ahí...

P. O.: De música no me gusta mucho el reggaetón, lo mío es pura salsa vieja, como la Billo’s, esas son buenas canciones, como “Epa Isidoro” y cosas por el estilo. Pienso en el futuro seguir estudiando, mi meta es ser químico para cosméticos del cabello, pero no me gustan las universidades Bolivarianas, y en la Central para nada, gustaría estudiar mucho en la Católica, que me queda aquí mismo.

J. R.: Papá, en aquel entonces, se vino para Caracas, porque él era del campo, vino para abrirse horizontes, de hecho toda mi familia vive en Caracas, son siete hermanos. Unos viven en Catia, otros viven en el 23 de Enero, varios viven aquí en La Vega, se quedaron aquí toda su vida desde que vinieron de Portuguesa tenían entre catorce y trece años cada uno.

Me redondeo vendiendo películas que compró al mayor, vivo más o menos, no es una gran ganancia pero si da para subsistir. El mayor número de películas que más se venden son las comiquitas para los niños, las de acción para adultos, últimamente sale mucho una que se llama “Chaos”, el “Código Da Vinci” y “X-Man”. También vendo música: reggaetón y salsa. El reggaetón me gusta más o menos, prefiero la salsa brava, como la de Fania.

P. O.: Los problemas que tenemos en San Rafael no son con los vecinos, sino con la gente del barrio el Unido, pero más problemas tenemos con el barrio que le dicen el Hueco, está frente a la salida del barrio. Hay problemas con bandas de allá, que matan mucha gente. Se meten para acá a las once, doce de la noche, y agarran a quien encuentren, en estos días de junio (2006) han muerto varios por problemas, pero la gente de aquí no roban, de aquí nada que ver con eso. Pero bueno, lo que esta ocurriendo es un problema grave que hay aquí por cuestiones de bandas, y si los chamos de otros barrios, ven que uno se la pasa con esos chamos, entonces creen que uno es de esa banda y te caen encima. Hace poco por esos problemas hubo varios muertos a tiro.

Entre los personajes que llaman la atención en el barrio, esta el señor Antonio Correa. Era un señor que estaba en lo que se dice por hay con los malandros. El fue un malandro, como los de por aquí, pero con el tiempo se regeneró, y bueno cuando esta sano, barre su calle porque le gusta y se para a las cinco de las mañana.A él, le mataron los dos hijos mayores a tiros, aquí abajo los chamos del Hueco.

P. O.: De personas por aquí que representen buenos valores, ni idea de quien puedan ser. Si existen será que viven escondidos, porque hay quienes se consideran buenos porque ayudan, pero en realidad son malos, porque igualito tienen mala conducta y son unos tomadores...

Hay personajes curiosos como un señor que llamamos Juan Mugre, le dicen así porque toda la vida desde que lo conocemos ha estado sucio, desde el comienzo del barrio. Todo el tiempo ha sido un recoge lata, y anda siempre con las uñas largas, cochinas; con una barba larga porque nunca se afeita, ropa sucia y todo el tiempo hace mandados: que si para botar la basura y cuestión de esas, así, viven los recoge lata en un barrio se rebusca por hay pues. Y, así como él, hay varios aquí como tres o cuatro que hacen lo mismo, y son tan sucios como él, por eso le dicen Juan Mugre.

J. R.: Estoy casi casado y tengo dos hijos, el mayor se llama Enderson que tiene tres años y la niña se llama Enderlin, y va cumplir dos años en agosto. Al mayorcito lo tendremos que inscribir en el preescolar de arriba, porque el de abajo lo están construyendo aún, a ver si terminan ese módulo al fin, por el que tanto hemos luchado. El sector hizo muchas peticiones desde hace tiempo. Pero lo han estado haciendo muy poco a poco, según y que ahorita para Agosto(2006) y qué lo entregan, eso esta por verse.

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