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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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RELATOS BREVES

Por Emilio Sarmiento
emysarmiento@hotmail.com

 

LOS PASOS

Vivir sólo no me afectaba en lo más mínimo, una mamá que se fue con su novio y una padre premuerto no eran causal de trauma alguno. La casa era de estilo inglesa, con enormes persianas verdes y techos tan altos que pasaban desapercibidos. El amoblado antiguo recordaba varias dinastías, casi todas desconocidas, al menos para mí. Como percibirán a esta altura del relato mi casa fue el primer motor de mis miedos y pesadillas y me costaba horrores dormirme cuando me encontraba sólo. Por suerte todo eso pasó y ya soy grande y mis miedos se circunscriben a la economía o la limpieza del caserón, por los juegos de naipes o el cuidado de mi madre ya anciana. Pero las cosas no dejan de suceder por más edad que uno tenga y los miedos precoces dan lugar a otros fantásticos y más racionales.

Como cualquier lunes la quietud de la calle abruma, y mi cabeza en la almohada choca con la pared que da a la calle. Ya no me cuesta dormir, pero este estado de ensueño y vigilia donde se transita de la perfecta conciencia a la más profunda irracionalidad se extiende cada vez por un periodo más largo. Estoy a punto de dormirme cuando, de la calle siento a la distancia pasos, ruidos de tacos (creo que de hombre; zapatos) y comienzo a imaginar los negros y altos zapatos seguro de algún señor de tez mortuoriamente blanquecina y con algún pañuelo en el cuello que recuerde colores tenues. Los pasos suenan cada vez más cerca y estoy completamente despierto. Los pasos son ahora fuertes y debe estar por pasar por el frente de mi casa. Si, de repente y cuando yo me digo por dentro que está en la vereda y me disponía a imaginar la retirada de sus pasos, se detiene inmóvil y comienzo a preocuparme. Salto de la cama y busco que coincidan mis ojos con las hendijas de la persiana, logro acertar cuando veo que él intenta hacer lo mismo del otro lado, y me tiro repentinamente hacia atrás del susto. Creo que lo notó porque enseguida los pasos siguieron hasta dejar de sentirlos. No podía dejar de pensar que los pasos volverían esa noche y que la soledad de mi casa se acentuaba con el eco que producía mi miedo. Pienso que debo ir a buscar un vaso de agua pero la pereza me detiene y alargo el momento. De repente comienza a sonar el despertador en la antigua pieza de mi hermano y con un reflejo asombroso me levanto de la cama. Camino hacia la habitación cuando de pronto se oye un quejido de humano en ella y un golpe que apaga el despertador, !!pero si estoy sólo¡¡, quién más puede estar ahí. Me acerco a la puerta semiabierta y miro: para mi asombro aquel cuerpo dormido era el mío y comienzo a sospechar de la casa como si fuera un enemigo acechándome. Comienzo a recorrerla y noto que en cada habitación está mi cuerpo dormido, como si me hubiese multiplicado para llenar los vacíos que la ausencia dejaba en los colchones de las otras piezas. Comienza a matarme el sueño y me tiro en el desván y lentamente me duermo. Al rato abro los ojos y estoy durmiendo en la habitación de mi hermano, dejo la cama y me dirijo al desván: allí estaba yo durmiendo placidamente. Tardo un rato en percibir que todos nosotros, es decir, todos los "yos" de la casa hacemos guardia por turnos para proteger el viejo caserón del hombre de los pasos de afuera, que cada dos horas aproximadamente intenta entrar al viejo caserón, quizá con la inocencia de pensar que habita una sola persona. De repente los pasos de nuevo, me acerco a la ventana y miro expectante y nervioso, estoy con mucho frío y trato de hacer poco ruido, cuando percibo que me olvidé las llaves en la oficina y no puedo entrar, me acerco a la persiana y no dejo de sorprenderme al ver que un sujeto me mira desde adentro y pienso: "deben ser intrusos, la puta madre".


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