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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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RELATOS


Por Fej Delvahe
fejdelvahe@gmail.com


EL ODONTÓLOGO DOMINICANO

Asistía a un congreso internacional de odontología en Barcelona. Escuchó muchas ponencias de españoles, argentinos y norteamericanos que parecían sobre todo maneras de decorar y ritualizar el arte que les había reunido, de cara a ganar mucho dinero encandilando a los pacientes. Al acabar una ponencia de un docto colega enriquecido con sus tretas, se levantó, pidió la palabra y una vez concedida, dijo: «¿Saben ustedes por qué los dentistas dominicanos somos cien veces más queridos que los norteamericanos, españoles o argentinos? Porque mientras nosotros recibimos directamente al ser humano que aguarda para que le arreglemos algún problema en su boca, ustedes los hacen esperar y gastarse más dinero, poniendo por el medio a una especie de secretarias o enfermeras con bata blanca, mediante las cuales encarecen la consulta o visita, obstaculizan todo lo que pueden y más el trato básico-equitativo con los enfermos bucales y encima los tratan como a gente sin cerebro pensante, como a carne a la que cobrarle altas sumas de dinero, que deben preguntar lo menos posible y obedecer sin rechistar las indicaciones tanto de ustedes como de sus acólitas. ¿Lo entienden?... No, parece ser que no.»

Efectivamente, muy pocos comprendieron lo que atónitos acababan de oír; al contrario, en su mayoría, los congresistas se sintieron atacados por las palabras curativas o ensalivadas, surgidas de la boca de aquel dentista dominicano, venido de una pequeña ciudad al este de Santo Domingo.

UN LIMPIABOTAS HABLANDO EN ESPAÑOL


Fue en Barahona. El pequeño limpiabotas lustraba uno de mis zapatos cuando me preguntó de sopetón: «Varón, ¿nosotros los dominicanos qué es lo que hablamos, español o castellano?»
Le respondí más o menos esto:

—Creo que el castellano surgió en la zona norte de España, por una región llamada Cantabria, pero poco a poco se hizo común en los territorios de León, Navarra, Aragón, y sobre todo de Castilla, allá por el siglo X d.C. De ahí tomó su nombre. Luego con el paso del tiempo, ese "castellano" fue transformándose en lo que hoy llamamos "español", es decir el idioma que ahora mismo estamos hablando tú y yo. Pero mira bien la diferencia: aquella lengua castellana era muy pobre en vocablos y contenido, en cambio el español o idioma surgido y evolucionado a partir de aquel, es muy rico y variado porque fue creciendo sincréticamente, o sea, incorporando términos de muchos otros idiomas con los que entraba en contacto, desde vocablos gallegos, catalanes, visigodos, árabes, caribeños, aztecas, incas, hasta ingleses o franceses. Por tanto, el idioma tataranieto de aquel "castellano" con el cual hoy nos comunicamos, que posee cantidad de variantes y hablado ya por casi unos quinientos millones de seres humanos, es más correcto denominarlo como "español", dado que es el idioma oficial del conjunto de los pueblos de España y también de otros muchos Estados del mundo que lo tienen como su habla fundamental y al cual designan sin ningún tipo de dudas como «español». Puedes tener por seguro, joven, que ni en República Dominicana o México, ni en Perú o Venezuela, ni en California o Argentina se habla el castellano sino el español.

—Entiendo Señor. Es verdad lo que usted dice, porque yo por ejemplo no soy ni mi padre ni mi madre, aunque haya salido de ellos, sino que soy su hijo, alguien distinto, otra persona diferente.

—Intuyo, muchacho, que tú no vas a ser por mucho tiempo limpiabotas.

LOS MAÑOSAZOS

La vida es un ininterrumpido espacio de ladrones siempre quitando algo unos a otros.

Al lechón le quitaron las ocasiones de revolcarse en el barro. A la niña le quitaron su primer amor, andaba demasiado salida. Al presbítero le quitaron su parroquia por afirmar sin temor de Dios que era «marica». Al decano de la facultad de medicina le quitaron dos almorranas en la mesa de operaciones, pues no cree que la «vix medicatrix naturae» las remedia con ayunos y enemas de infusión con «equisetum».

LLEGADA AL CORAZÓN Y LLEGADA A LA UÑA DEL PIE

Cuando viajo de Madrid a Santo Domingo siempre aviso a uno u otro conocido de este mundo pobre que, nada más y nada menos, acude trabajosamente desde un extremo del país a recibirme. ¡Qué alegría hallar en toda ocasión a la entrada de América, carne más alma con una gran sonrisa, abrazos, afecto, ayuda y sensación de familia u hogar!

Cuando viajo de Santo Domingo a Madrid siempre aviso a mis familiares de este mundo acomodadamente rico, pero ninguno puede venir a recogerme pues tienen mil y una excusas de ciudadanos avinagrados en su «calidad de vida» y les cuesta demasiado esfuerzo a sus carnes de vidas enlatadas en el consumismo y el exitismo, tomarse la molestia de hacerle un favor a un viajero que sólo es de la asqueante sangre propia. Así, al poner mis pies en tierra europea, ya cuento siempre con toparme de golpe ante el estercolero de la buena educación, la roñosería u hostilidad civilizada.

EL EDUCADOR PLATÓNICO

Adolescentes dominicanas, parecen mujeres que lo son, se las ve en sus colegios con adornos preciosos de belleza, aretes y cabellos artísticamente entretejidos, exhibiendo sensualidad; imposible e inaudito verlas fumando, les encanta respirar aire puro; apasionan a cualquiera que les instruya; suelen ser madres ante de los 18 años, dado que todo su ser es naturaleza explosionándose al amor.
En sus institutos, adolescentes españolas, no dan sensación de mujeres sino de niñatas malcriadas, llevan como atavíos de supuesta libido un tipo de perforaciones que se ha universalizado con la voz de piercing, ya en las orejas, debajo de los labios, en alguna de las fosas nasales, a veces incluso en la lengua o el ombligo; además chupan uno tras otro, constantemente, una especie de finos penes llamados cigarrillos, cuyo semen es humo que aspiran y respiran con fruición; púberes que repelen sensualmente a cualquier maestro; suelen dejar la maternidad para más allá de los 25 ó 30 años, dado que su naturaleza es una especie de cultivo abonado con declinaciones económico-artificiales, también llamado «calidad de vida».

Dicho lo cual, os lo anuncio ahora —dice el preceptor contratado ante el claustro reunido—, no aguanto más tanta degeneración, es demasiado ingrato para un hombre docente dar lecciones a muchachas desimantadas de erotismo en la edad propia donde su exuberante femenino trastorna al más santo varón, que ni enamoran ni cautivan ni atraen deseos de fundirse con ellas; me voy a tierras caribeñas, a República Dominicana, a un paraíso donde todavía se hallen adolescentes en estado natural.

Sin Lolitas es un desencanto horripilante ser profesor.

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