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ARTÍCULOS


Por Fernando Bragado Julve
fernando-bragadojulve@yahoo.com.ar


DISPUESTO A ESCUCHAR. " Un corazón bien argentino"

"NO LLOREMOS, LUCHEMOS"

Empiezo esta carta con el orgullo de habitar en este bendito país. Nací catalán y soy catalán, pero los amigos argentinos me convirtieron en "gallego". Y fue tal el afecto de este apodo que lo llevo con mucho orgullo.

Crecí en esta tierra, aprendí a amar la democracia, sufrí como tantos otros las pérdidas de los setenta. Todos dejamos algún jirón en ese tiempo, no importa el signo político.

Y hoy noto con preocupación el escepticismo que nos rodea, pero no veo el mismo ánimo de compromiso para cambiar las cosas y elegir cuando nos toca lo que sea mejor de acuerdo a nuestra conciencia.

Muchas veces me han dicho por qué no vuelvo a mi tierra, ahora próspera. Y yo respondo que me van a enterrar en este país, al que di ocho hijos para que ayuden a bien construirlo. Hoy no recibe mi tierra a los inmigrantes como me recibieron a mí aquí. No lloremos, luchemos y construyamos aprendiendo a enriquecernos en la diversidad.


Fernando Bragado Julve


COMENTARIO " No Lloremos, luchemos" por Osvaldo Pepe en el Clarim.com

Cautivante desafío. El lector nos llama a creer en nosotros mismos. Podemos leerlo como miembros de una generación, como integrantes de una sociedad, como partícipes de un proyecto de Nación. Sería errático interpretarlo desde el voluntarismo de los manuales de autoayuda. Despojaríamos el mensaje de la riqueza subyacente que transmite.

Fernando Bragado Julve convoca al compromiso con la autoridad de quien no nació acá, pero es de acá. Aquí está su historia de vida. Pequeñas glorias y también cicatrices. Su propia memoria. Tiene la certidumbre de quien dice que el día que le toque irse de este mundo quiere que eso ocurra en esta tierra. Su tierra.

El lector pide dejar atrás el escepticismo, con una síntesis envidiable: "No lloremos, luchemos". Eslogan que haría propio cualquier político en campaña porque contagia hasta a las piedras. Y también nos recuerda la utopía humanista "de crecer en la diversidad".

No lo dice por nada. Es de una época en la que esa diversidad abonaba el proceso de articulación de diferencias para construir, al fin, una identidad colectiva. Siempre había un "gallego", un "rusito", un "tano", un "polaco" en los barrios porteños y en las ciudades del interior. Ni una pizca de discriminación en el apodo. Todo lo contrario, puro afecto: una puerta abierta a las solidaridades vecinales.

El desafío de integrar al "gringo" inmigrante con el criollo, que hoy convulsiona a la "vieja Europa", fue acá un proceso de mixtura creativa. Ortega y Gasset llamó a la Argentina "país poroso" por su generosa capacidad de absorción. Según datos censales, en 1895 y 1914 los extranjeros representaban el 25% y 30% de la población total del país, con mayoría de italianos y españoles. En 1947 ese porcentaje ya había bajado a 15,3%. Empezaba ya la inmigración fronteriza y, con ella, las primeras sombras discriminatorias caían sobre el país, no sólo por la condición extranjera. De aquella época es "el cabecita negra" que pisaba fuerte y molestaba a muchos.

Aunque el país y el mundo hoy son otros, hay cosas que no cambian. Fernando lo sabe. El es universal, pero argentino. Como que nació en Catalunya.



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