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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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RELATOS


Por Fernando Romero Cordobés


ISLA DE LA LIBERTAD

Salir del rebaño de una sociedad globalizada implica asumir riesgos de costes demasiados altos para la mayoría de las ovejas adormecidas por el consumo de tanta simplicidad mediática. Buscar un faro que ilumine la libertad significa contemplarla con la luz de focos diminutos, los cuales reportan más soledad que bienestar general. Una isla salvadora en medio de un océano de incomprensión en la que Robinsones desarrollarán sus ininteligibles ideales.

Un péndulo que oscila desde la complacencia de lo cotidiano hacia el pavor a la libertad más sola pero más reveladora de nuestro interior. Términos escribo casi incompresibles por lo que mejor narrar una pequeña gran historia.

Zoram acudía cada día por la misma calle arropado por una multitud de ‘gente’ hacia su rutinario trabajo en la fábrica de Renault. Cada día montaba las mismas piezas, en el mismo orden y bajo la misma cadencia. Monotonía al fin al cabo. Pero un día decidió partir por un vericueto ajeno a su conocimiento habitual. Al traspasar la esquina, primera sorpresa. No había nadie. Y comenzó a... ¡pensar! Un tupido velo descendió de su mirada y ésta divago cual linterna en la oscuridad por los entresijos de su conciencia. Recordó como de pequeño siempre quiso ser escritor de novelas. Personajes venideros de la fantasía se agolpaban en su imaginación y cobraban vida en las líneas que relataba al golpear las teclas dela vieja máquina de escribir de su abuelo. Un pasaje de su vida que aparcó hace muchos años.

De repente, una luz cegadora le permitió observar un horizonte distinto. Tenía que luchar por lo que siempre quiso: ser escritor. El paso se torno en firmeza inaudita en Zoram. Llegaría a la fábrica y se despediría para regocijo de su deseo y vería la cara de su jefe descompuesta ante tal ventura.

Picó a la entrada de la fábrica como todos los días. Subió al ascensor. Hacia arriba su deseo oculto y ahora resplandeciente. Abajo su infierno de autocomplacencia. Primer paso. Ya estaba en el interior de aquel aparato de incomodidades al ser compartido con otra persona. El dedo entre dos botones. Arriba o abajo...

ODA A LA ISLA DE TAVIRA

Al arrullo de una nana cantada por la luna conocí a la más tierna ninfa que encontré junto a la orilla. Las aguas se mecían en un vaivén lento y sosegado. Los suaves aromas de Venezuela se mezclaban en mí como una turbulenta ola de pasión que transportaba una inimaginable botella llena de amor de verano.

Quizás lo inesperado de nuestro encuentro sumo un halo de nostalgia en el recuerdo. Tan lejos pero a la vez tan cerca de mi corazón. Solo tres horas pero suficientes para que permanezca indeleble al paso del tiempo. Han transcurrido varias semanas desde su llegada. Y su partida parece eterna pues a pesar de la distancia que nos separa aún permanece en un recondito lugar del que parece no marcharse.

La arena se deslizada entre mis dedos, las estrellas pululaban en el firmamento, el candor de la luna iluminaba nuestra figuras y el tierno rugido del mar sosegaba nuestros instintos. Sí. Amor de verano. Fugaz y eterno.

Besos nos acompañaban. Caricias nos deleitaban y nuestras palabras acompasaban el latir de dos corazones que al unísono se enamoraban. Sentimientos que brotan desde la lejanía de tiempos pasados. Pasado y presente. Todo en uno. Pues si ya no siento tus delicados dedos en mi cuerpo si albergo una parte de tu ser en mi interior. Ese pedazo de ti que aún no partió.

Una apuesta. Eso es nuestra aventura. Irá a más, no sé. Pero la realidad que compartimos durante aquella noche será solo nuestra. De nadie más. Sólo tú y yo podremos acariciar esas sensaciones que compartimos en la isla de Tavira.

Leila. Suave mezcla de azahar y deseo. Bella entre las más bellas musas que pude contemplar en el Olimpo de la dulzura. Instantes que a la vez fueron eternos y diáfanos. Oscuridad siento ante el futuro. Un miedo ante el que pasara que se difumina al pensar en que lo vivido fue lo importante. No vale nada más sino lo que sentimos al calor de nuestros labios.

Palabras despliego junto al sonido de mis dedos al golpear cada tecla del ordenador. Palabras o sentimientos. Sentimientos expresados en palabras que se suceden al compás de unas notas que dictó mi alma. Compositor pues de unas sensaciones que aún preservó y que serán mías y tuyas si las deseas.

Tan solo puedo decir que quiero verte para comprender si esto que escribo lo lleva una suerte de brujería confeccionada por la maldad de la imaginación. O si bien los impulsos más certeros me han conducido hacia una chica que me puede dirigir hacia la meta de una vida: la felicidad

 

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