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EL ABUSO SEXUAL DE LOS NIÑOS

Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Cuando me lo contaron, sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas...”
Gustavo Adolfo Bécquer

 

Probablemente, el abuso sexual de los niños es el aspecto más problemático del maltrato infantil, si bien tiene una corta historia como objeto de atención de profesionales. Hasta hace relativamente poco tiempo, las denuncias de niños de ser objeto de abusos sexuales eran interpretadas como maliciosas o, más comúnmente, como el producto de la imaginación infantil.

En parte, esta tendencia a descartar el abuso o culpar a la víctima, encuentra su origen en las formulaciones sobre la sexualidad infantil de Freud, que fueron revisadas más tarde por el mismo Freud.

En años recientes, se han producido importantes cambios, traducidos en una mayor sensibilidad y respuesta a la realidad de este problema. En la actualidad es ampliamente aceptado que numerosos episodios de abuso sexual infantil tienen lugar en la familia y que quién los ejerce es alguien que conoce al niño, con frecuencia un familiar u otra persona de confianza. Las asociaciones para la defensa del niño consideran que unos cien mil niños españoles son objetos de abusos sexuales.

Este mayor reconocimiento, social y profesional, del abuso sexual ha supuesto un incremento en el número de casos conocidos aunque, probablemente, ello representa únicamente una pequeña parte de la incidencia real. Además, el abuso sexual de los niños constituye un área de investigación particularmente difícil y problemática que cuenta entre sus componentes el secreto., la vergüenza y la culpa, y que remite y pone en evidencia aspectos controvertidos de la sociedad contemporánea tales como la sexualidad, el poder y los valores y actitudes hacia la infancia.

El abuso sexual de los niños no es fácil de identificar o diagnosticar puesto que pocas veces tiene como resultado lesiones físicas. El niño que es objeto de abusos sexuales lo es por una persona que puede convencer al niño de que el abuso es una parte normal del crecimiento, aunque debe mantenerlo en secreto. Las amenazas de represalias o castigos también pueden disuadir al niño de denunciar o revelar los abusos sexuales e, incluso, los miembros de la familia pueden tener la censura de vecinos o amigos si denuncian los abusos sexuales y, sobre todo, hay un temor a involucrar al niño en procesos legales.

El maltrato sexual incluye numerosas categorías de actividad sexual entre un adulto y un niño, así como el uso y explotación sexual de niños. Existen, además, algunas características distintivas del abuso sexual de menores. Cuando el abuso sexual tiene lugar en la familia, generalmente, el entorno familiar como un todo contribuye a generar las condiciones bajo las cuales ocurre dicho abuso. Un padre, por ejemplo, aunque no participe, contribuye al abuso sexual directa o indirectamente alentando esta actividad mediante el silencio o no facilitando la seguridad sexual del niño. Por otra parte, los adultos al cometer abusos sexuales con niños utilizan las ventajas que le proporciona su superioridad física, su autoridad, su poder y sofisticación sexual en relación a su víctima infantil.

Entre las formas más comunes de abuso sexual, se encuentran, aunque no se limitan: incesto, estimulación sexual, vejaciones, violación, exhibicionismo, pedofilia y explotación sexual (prostitución, pornografía....). En tales casos, como dijo el poeta: “Casi es más triste –pensaba- / mirar la vida que empieza / que ver la vida que acaba”.

 


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