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AMBROSIO DE MORALES: LA VOZ DEL HUMANISTA CORDOBES


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Solo el necio veo ser
en quien remedio no cabe,
porque en pensando que sabe,
nunca cura de aprender.”
Boscán

 

Ambrosio de Morales, como Montaigne y como Vives, se inclina por el buen ingenio, prefiere una cabeza construida a otra amueblada con exceso y en vano, donde no haya, lugar para el criterio. El humanista cordobés denuncia en uno de sus Discursos, la tontería de muchos que, si no ven un libro escrito en latín, ya lo juzgan horro de toda erudición, y piensan que la sabiduría no tiene nada en común con el castellano, y que no importa la corrección ni la perfección de éste. Dicha actitud le parece un suicidio literario y además una estupidez, que no sabe el atribuir a malicia o ignorancia. Sigue a esto un elogio de quienes han alcanzado el difícil privilegio de usar nuestra lengua con perfección, y pone entre ellos a su tío Fernán Pérez de Oliva, a cuya alabanza iba encaminado todo el anterior discurso, pues en verdad éste, aun siendo doctísimo, escribió en castellano casi toda su obra, incluso la de carácter filosófico.

“Y no es razón que tengamos nosotros los españoles –escribía Morales- en menos nuestra poesía, que las de otras naciones y sus hombres sabios y santos estiman las suyas, y particularmente esta copla de Boscán, tiene mucho fundamento para ser muy grave”, refiriéndose a lo que con tanta agudeza y donaire dijo del necio.

Ambrosio de Morales nació en Córdoba en 1513 y murió en la misma ciudad el 21 de septiembre de 1591. Fue sobrino de y discípulo de Fernán Pérez de Oliva, respetó su memoria y procuró su fama. A su vez fue maestro de don Juan de Austria. También enseñó Retórica en la Universidad de Alcalá.

Nombrado cronista con el encargo de continuar la Crónica General de España, iniciada por Floríán de Ocampo, se dedicó a la tarea con todo su interés y su cariño, y recorrió España visitando lugares, examinando bibliotecas, comprobando datos, inquiriendo indicios. En su tarea como historiador aporta novedades importantes. Viaje Santo es un detallado inventario de las reliquias, manuscritos, libros, etc. recogidos con motivo de un viaje por León, Asturias y Galicia. Se aficionó a la Arqueología, y hasta escribió un tratado sobre las antigüedades españolas, Libro de las antigüedades de las ciudades de España. También prologó y preparó para la imprenta las obras de su tío Fernán Pérez de Oliva.

Su prólogo al Diálogo de la dignidad del hombre de Pérez Oliva, es muy importante por la defensa que en el se hace de la lengua y la escritura castellanas frente a la moda de hablar y escribir en latín, sobre todo de asuntos elevados. Según él, la misión del sabio es comunicar el resultado de sus meditaciones al resto de los hombres, y esto lo podrá hacer tanto mejor si se expresa en su lengua materna, que todos conocen y no sólo los letrados. Conocer bien el propio idioma, a serlo en la corrección y con belleza, es el mejor ornamento del sabio, además de su instrumento más eficaz.

Sobre el conocimiento de la lengua se funda la elocuencia, de donde brota el bien público. Los antiguos honraban tanto su lengua materna que si cometían una falta en su uso se sentían avergonzados y aun se tenían por ignorantes, aunque poseyeran gran número de ciencias; por eso no consideraban que ninguna especulación fuese demasiado sublime para ser expresada en su lengua, y en ella escribían todo lo que entendimiento alcanzaba a vislumbrar. Bueno es saber otras lenguas para entender que en ellas razonaron los varones ilustres, pero es insensatez expresar nuestros propios pensamientos en un idioma que no sea el nuestro natural. Y es que como dijo el poeta: “Dices que no te doy / más que palabras: / palabras volanderas / que no son nada. / Pero te engañas, / que la palabra es aire / y el aire es alma”.

 


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