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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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ANTONIO MRA DE AMESCUA: LA VOZ DEL CONTINUADOR DE LA COMEDIA LOPESCA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Por ti he perdido el jornal
que pensaba recibir
del Señor universal,
y entro de nuevo a servir
a un amo que paga mal.”
Antonio Mira de Amescua

 

Mira de Amescua imprimió un sello peculiar a toda su obra: su lírica es desigual. Su estilo como poeta lírico muestra las mismas contradicciones de su carácter entre las populares composiciones de sus autos de Navidad, hasta las brillantes exhuberancias del gongorismo.

Antonio Mira de Amescua nace en Guadix , provincia de Granada, hacia 1575. Su nacimiento de padres solteros en una España rural e intransigente condicionará su carácter y su vida. Estudia en Granada y adquiere una sólida formación teológica y literaria. Consigue la canonjía en la Capilla Real de Granada que permuta por la de su ciudad natal. Viaja a Roma,. Estuvo al servicio de conde de Lemos en Nápoles (1610-1616). Desde 1622 hasta 1631 vivió en Madrid, participando activamente en la vida mundana y literaria de la corte para trasladarse definitivamente a su ciudad natal en 1631. De carácter airado, casi neurótico tiene constantes enfrentamientos con su jerarquía diocesana y sus compañeros de letras. Los escándalos que proporciona el arcediano son de tal naturaleza que tiene que reunirse el cabildo con su obispo al frente para tratar del asunto y allí se informa que “desde que entró en esta santa iglesia... no ha tenido enmienda”. En los últimos años de su vida se centra en la reflexión y en un aislamiento voluntario. Antonio Mira de Amescua muere en Guadix el 8 de septiembre de 1644.

Como autor dramático, reparte por igual los brillantes momentos de sorprendente inventiva y los fallos más manifiestos en la construcción teatral. En sus comedias hay personajes muy bien construidos entre los que destacan los temperamentales –este es el caso de mujeres que vestidas de hombres, como la Fénix de Salamanca, muestran tan fuerte carácter que asustan a los más valientes caballeros-, en otras comedias, sin embargo, se acumula un torrente de acontecimientos sin ilación alguna.

El disfraz de varón de la mujer, diríamos que era el más seguro engaño escénico, precisamente para desenmascarar en el teatro la naturaleza específicamente antiviril de los femenino. Vistiendo de hombre a la mujer se trataba, y lograba la más de las veces, desenmascararla, casi diríamos que desnudarla, por la apariencia escénica de su más púdica intimidad y secreto. Logrado este efecto teatral que era lo que importaba, el pretexto cómico o dramático en que se originase era ya lo más fácil del mundo.

Mira de Amescua cultivó todos los géneros dramáticos de la época (autos sacramentales y de Navidad y comedias de todos los temas). Se conservan del dramaturgo granadino unas sesenta obras dramáticas, entre autos y comedias. Entre los autos sobresalen: Auto del Santo Nacimiento, El Heredero, Pedro Telonario y Las pruebas de Cristo. Su ideología se centra en la valoración del libre albedrío, ya que el mayor pecador puede recibir loa auxilios de la Gracia. Entre sus comedias podemos citar: El esclavo del demonio, Galán valiente y discreto, La mesonera del cielo, La Fénix de Salamanca, No hay burlas con las mujeres, La manzana de la discordia, La desdichada Raquel, El ermitaño galán, La rueda de la fortuna, La mayor soberbia humana, La adúltera virtuosa santa María Egipcíaca, Obligar contra la sangre, La casa del tahúr y Lo que puede una sospecha.

Mira de Amescua en su época gozó de reputación de hombre docto, de poeta feliz y de buen comediográfo, de él dejaron recuerdo los grandes autores del Siglo de Oro: Cervantes, Lope –al que conoció en Granada-, Vélez de Guevara, etc., y hoy ocupa un lugar privilegiado, junto a Tirso, Alarcón, entre los que siguieron y mantuvieron la comedia inventada por Lope de Vega. Y como dijo el poeta y dramaturgo: “Busca el bien; huye del mal, que es la edad corta / y hay muerte, y hay infierno, hay Dios y gloria”.

 


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