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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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JORGE CARRERA ANDRADE: LA VOZ DE LA NITIDEZ CRISTALINA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Nací en el siglo de la defunción de la rosa
cuando el motor ya había ahuyentado a los ángeles.”
Jorge Carrera Andrade

 

“He defendido la poesía lírica como la única que ha dado libertad al hombre –decía Carrera Andrade- ayudándole a sí mismo”. Poeta profundo y de una original concepción en el ejercicio del verso. Este poeta de relieve domina el siglo XX en el Ecuador.

Jorge Cabrera Andrade nace en Quito el 18 de septiembre de 1903. En su ciudad natal cursó la enseñanza media y estudió Derecho. Desempeñó durante muchos años funciones diplomáticas en países de América, Europa y Asia, y desde 1951 fue delegado permanente de Ecuador ante la Unesco. Más tarde fue nombrado embajador en París y ministro de Relaciones Exteriores, en 1966. Se le considera uno de los mayores poetas ecuatorianos del siglo XX y uno de los más significativos de la lírica hispanoamericana. Jorge Cabrera Andrade muere en Quito el 7 de noviembre de 1978.

Su primer libro de versos se remonta a 1922 y fue publicado con el título de El estanque inefable. El poeta se inspira en la vida rural, el amor por su país, expresándose a través de composiciones líricas en los que están presentes las más variadas experiencias, las influencias de todo tipo que experimentó el autor, que van del romanticismo al simbolismo y a las corrientes de la poesía de vanguardia. Pero en el libro sobresale con mucho su perfección formal, la nitidez cristalina que será característica de toda la obra de Carrera Andrade.

Al libro citado sigue una abundante producción. Entre sus obras más importantes Registro del mundo publicada en 1940 y para cuya segunda edición Pedro Salinas escribió un prólogo. También son dignas de mención Boletines de mar y tierra (1930), con prólogo de Gabriela Mistral, de quien fue colaborador; El tiempo manual (1935), Biografía para el uso de los pájaros y Poesía última publicada en 1968. Entre sus libros en prosa figuran: Rostros y climas (1948), Viajes por países y libros (1961), El fabuloso reino de Quito (1963) La tierra siempre verde (1956), y El volcán y el colibrí (1970), autobiográfico.

La lírica de Jorge Carrera Andrade está dominada por una constante nostalgia por su tierra. Viajero incansable, sintió como se hacía cada vez más insistente, en sus largas estancias en Japón y Europa, como diplomático, la llamada del mundo ecuatoriano, coincidiendo con una profundización del sentimiento de la existencia que recibió orientación definitiva con motivo de su permanencia en Asia, tal como le ocurrió a Neruda y le ocurrirá a Octavio Paz.

El origen de la etapa más intensa de la poesía de Carrera Andrade hay que buscarlo en el impacto que le produce la Segunda Guerra Mundial. Es el momento en que el poeta revela todas las posibilidades de su arte en una canto en el que manifiesta, en lúcido discurso, la preocupación por el hombre ante el naufragio de las cosas, ante el caos en que parecía precipitarse el mundo: La euforia vital que había caracterizado en el pasado a la poesías de Carrera Andrade cede el paso a una compresión profunda, a la preocupación existencial que se impregna de una melancolía milenaria.

Con el correr del tiempo se acentúa en la poesía de Jorge Carrera Andrade la atracción de la tierra natal. El propio poeta ha declarado que los árboles y los pájaros de América equinoccial lo visitaban en sueños; todas las noches un colibrí anidaba en su corazón, y el veía, al cerrar los ojos, los ríos, el maíz. “Cada vez que el viento de la nostalgia sopla en los huecos de mi conciencia –decía el poeta ecuatoriano- se impone la vuelta al país natal”.

Carrera Andrade afirma eufóricamente su propia existencia y la de las cosas en la victoria de la luz. Por medio de la luz se abre la comunicación con lo creado: “Ya comprendo la lengua de lo eterno”. En la luz encuentra el poeta “la clave de la existencia terrenal”, percibe “la música del mundo, el cántico de la familia universal en la unidad planetaria”.

En Hombre planetario (1959) la solidaridad de Jorge Carrera Andrade se extiende a todos los hombres. Esta obra se convierte en poesía del hombre histórico, y todos los hombres son llamados a firmar un pacto eterno de paz: “Sobre mi corazón firman los pueblos / un tratado de paz hasta la muerte”.

 


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