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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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  Guías culturales

EL PADRE JUAN ANDRES: LA VOZ DE LA ERUDICIÓN LITERARIA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Ojalá se introdujera entre los señores
y caballeros ricos de nuestra nación
este lujo de formar una buena librería.
El padre Juan Andrés

 

Decía Menéndez Pelayo que el padre Juan Andrés tenía un espíritu generalizador “de los que de vez en cuando produce la erudición literaria para hacer el inventario de sus riquezas, de una manera atractiva, popular, agradable y al mismo tiempo científica”.

El padre Juan Andrés se nos muestra como un espíritu de universal curiosidad, y, con ello, sumamente característico de la tendencia enciclopédica de los tiempos de la Ilustración. Al jesuita alicantino le seducían por igual todos los campos de la ciencia y de la cultura.

Con el fin de reunir materiales e información para su gran obra Origen, progresos y estado actual de toda la literatura, emprendió diversos viajes, dentro y fuera de Italia, durante los cuales visitó, salones, academias, bibliotecas, universidades, museos y todo género de centros de interés cultural y cuanto podía interesarle para su objetivo. Un mérito especial de la obra del padre Juan Andrés fue la atención prestada a la literatura de la Edad Media, tenida hasta entonces por una época oscura y desprovista de interés.

El padre Juan Andrés y Morell nació en Planes, provincia de Alicante, el 15 de febrero de 1740, de una familia perteneciente a la pequeña nobleza campesina. Estudió primeramente en el Colegio de Nobles que tenían los jesuitas en Valencia, y en 1754 entró en la Compañía. Durante varios años estudió en diversos colegios catalanes (Tarragona, Manresa y Gerona), siendo ordenado sacerdote en el Colegio de San Pablo de Valencia. Fue entonces enviado como profesor de retórica y poética a la Universidad de Gandía, donde entonces ejercía de rector el famoso Mateo Aymerich. La proximidad de Mayáns, residente entonces en Oliva a sólo unos kilómetros de Gandia, hizo posible la amistad del famoso erudito con el padre Juan Andrés.

Cuando en 1767 se decretó la expulsión de los jesuitas, el padre Juan Andrés tras una estancia de varios meses en Córcega, se estableció en Ferrara, donde enseñó filosofía durante cinco años. El marqués de Bianchi le ofreció el cargo de preceptor de sus hijos y el padre Juan Andrés se trasladó a Mantua, donde residió desde 1774 a 1796, cuando las tropas de Bonaparte entraron en la ciudad. Allí tuvo ocasión de relacionarse con eruditos y escritores y disponer de auténticos tesoros en bibliotecas y archivos. En Mantua adquirió el padre Juan Andrés una reputación que se extendió por toda Europa; Moratín pudo decir que “nadie sale de Mantua sin haber visto al padre Juan Andrés”, y no exageraba pues allí le visitaron personajes como Goethe, José II, Leopoldo II y los papas Pío VI y Pío VII.

Las campañas de Napoleón llevaron sucesivamente al padre Juan Andrés a Parma., Roma y Pavía, de cuya biblioteca fue nombrado director por el emperador de Austria, Francisco I. En 1804, el rey de Sicilia, Fernando IV, restableció la Compañía en sus estudios, y el padre Juan Andrés se dirigió a Nápoles para ingresar de nuevo en ella. Fernando IV le honró con altos cargos culturales, entre ellos, el de Rector del Seminario de Nobles, y, más tarde, el propio Napoleón, le nombró director de la Biblioteca Real. Y cuando en 1814 regresaron los Borbones a Nápoles, el rey Fernando IV mantuvo en su mismo puesto al padre Juan Andrés. Al año siguiente quedó ciego a consecuencia de unas cataratas, pero todavía siguió trabajando hasta su muerte, acaecida el 12 de enero de 1817, en Roma.

La publicación de los Orígenes del padre Andrés representó uno de los mayores éxitos literarios de su tiempo en toda Europa. Carlos III ordenó que los Orígenes fueran adoptados como texto oficial para la clase de historia de la literatura en el Real Colegio de San Isidoro de Madrid y en la Universidad de Valencia, que fueron así los dos primeros centros de Europa que tuvieron un curso de historia de la literatura universal. Francisco Javier Borrull, diputado en las Cortes Gaditanas, llamó al padre Andrés: “Jesuita verdadero en el vivir y en el obrar”.

 


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