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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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  Guías culturales

GUILLAUME APOLLINAIRE: LA VOZ DEL ABANDERADO DE LAS VANGUARDIAS


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“Entre el rumor de las campanas,
bella gitana, amante y mía,
nos amamos perdidamente
y nadie, nadie, nos veía.”
Guillaume Apollinaire


Para tener una idea clara del significado y la importancia del gran lírico que fue Gillaume Apollinaire, nada mejor que el juicio que le mereció a Lemaître: “Sin Apollinaire, el cubismo pronto hubiera expirado...” , y concluye nuestro eminente crítico, Guillermo de Torre, de un modo más contundente y revelador: “Cuando Apollinaire, al igual que Picasso, descubre el cubismo y Ramón la greguería, se descubren a sí mismos”. La poesía de Apollinaire se distingue por ser realizada sobre frases sueltas, escuchadas por el autor aquí y allá. Apollinaire dio una nueva proyección a la poesía por medio de lo que él dio en llamar “poemas-conversaciones”. Amante de la lengua y de sus diferentes registros, del juego verbal y visual, así como del misterio, fue uno de los principales impulsores de la vanguardia literaria y artística de comienzos del siglo XX. Colaboró y fundó numerosas revistas literarias, donde ejerció la crítica. Descubrió el arte naïf, el arte negro, apoyó el grupo pictórico de los fauves y escribió en apoyo de los cubistas (Los pintores cubistas, 1913) y los futuristas (La antitradición futurista, 1913). A principios del siglo XX participó en París con Picasso en discusiones sobre el reciente cubismo. Apollinaire fue el primero en utilizar los términos surrealismo y surrealista. Inventó el término en 1917  (con motivo del estreno de su obra de teatro Las tetas de Tiresias a la que calificó de drama surrealista) para expresar una forma de ver la realidad, porque no le servía ningún otro.

 

Wilhelm Apollinaris de Kostrowitzky  nace en Roma el 26 de agosto de 1880  Será bueno recordar el disfraz-leyenda con el que caracterizó su personalidad –se autodescubría como hijo de un cardenal italiano y Picasso le dibujó con una tiara y una mitra-. Su  madre era una aristócrata polaca  y una ludópata empedernida que le llevó por todos los lugares donde hubiera un casino donde perder algo de dinero. Muy niño su madre le llevó a la Costa Azul, donde vivió los mejores años de su infancia. Estudia en el Liceo de Niza y más tarde en Lycée Sant –Charles de Mónaco. En 1899 se traslada a París. Comienza su vida laboral trabajando en un banco, y posteriormente se marcha a Alemania para ocupar el puesto de preceptor de la vizcondesa de Milhau. Allí se enamora de la dama de compañía de aristócrata, llamada Annie Playdu. Termina por afincarse en París definitivamente en 1902. Su actividad literaria se inicia con la colaboración en publicaciones como La Revue Blanche  o Mercure de France. En 1903 funda la efímera revista Le Festin d’Esope y La Revue Inmoraliste. Comparte tertulias con Picasso, Braque, Derain,  Matisse, Max Jacob... y la pintora Marie Laurencin, con quien mantiene una relación sentimental. “Es la alegre época  en que se dedica a mil cosas-nos cuenta Ramón Gómez de la Serna-, falta a mil citas y llega tarde a otras mil. Él mismo lo ha dicho, poetizando, cínicamente su informalidad en las citas: “Un día. / Un día yo me esperaba a mi mismo. / Yo me decía : “Guillermo, ya es hora de que llegues””. En septiembre de 1911, Apollinaire es detenido como supuesto autor del robo de La Gioconda y conducido por dos guardias a la cárcel. Sus amigos llevan la convicción de la inocencia de Apollinaire a los jueces y es puesto en libertad. Al estallar la Primera Guerra Mundial se alista como voluntario y es herido de gravedad en 1916, un día, estando leyendo un número de Mercure de France  en la trinchera, un pedazo de obús se le clava en la cabeza. En 1918 se casa con la rusa Jacqueline Kolb. El gran día del armisticio, el 9 de noviembre de 1918, muere en París, víctima de la gripe.

 

Escribió, entre otras obras, los cuentos El encantador en putrefacción (1908), centrado en el mago de Merlín, y El poeta asesinado (1916); los libros de poemas El bestiario o el cortejo de Orfeo (1911), Alcoholes (1913) y Poemas a Lou (1955), publicado póstumamente; el drama surrealista Las tetas de Tiresias (1917); los textos eróticos Memorias de un joven don Juan (1907), Las once mil vergas (1908) y El fin de Babilonia (1914), y sus famosos poemas gráficos o dibujos construidos con palabras Caligramas (1918), 86 “poesías de la paz y  de la guerra”. En 1917 pronunció su última conferencia “El espíritu nuevo y los poetas”, en la que pretendió conciliar la invención y la tradición. Apollinaire que amó lo difícil, murió después de haber dado permiso para lo imposible. Y como dijo este gran poeta: “El amor se nos fuga como esta agua corriente”.

 


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