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JUAN DE ARGUIJO: LA VOZ DE UN EXQUISITO SONETISTA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“En segura pobreza vive Eumelo
con dulce libertad, y le mantienen
las simples aves que engañadas vienen
a los lazos y ligas sin recelo.”
Juan de Arguijo


 

A pesar del enorme influjo que ejerce la personalidad de Góngora, no toda la lírica del siglo XVII camina tras su huella ni se entrega al cultivo del preciosismo culto. Por caminos personales o bajo el signo de otras influencias se producen otras corrientes líricas que prolongan la dirección clasicista del siglo anterior. Estos poetas “clásicos” aparecen especialmente en torno a dos centros geográficos: Sevilla y Aragón, formando como dos grupos, llamados con más o menos propiedad “escuelas”.

 

Resulta curioso que casi todos los poetas del grupo sevillano muestran una especial sensibilidad ante las ruinas, que cantan con nostalgia de poetas, pero que examinan con curiosidad de arqueólogos; y de esta visión, propia de eruditos, extraen el germen de lo que no sería muy inexacto calificar de melancolía romántica. Asimismo el paisaje y las bellezas de la naturaleza les brindan otros motivos de contraste para cantar la caducidad de lo terreno.

 

Por lo que respecta al estilo domina en todos ellos una equilibrada serenidad del mejor corte clásico, pero pulida y abrillantada por mesurados esplendores de tradición sevillana, en los que fácilmente se rastrea la huella de Herrera.

 

Juan de Arguijo nace en Sevilla en 1567. Hijo de familia adinerada, adquirió en círculos académicos una erudición clásica y arqueológica que como hemos dicho era típica de la Sevilla renacentista.

 

Su poesía es de un formalismo exquisito, sobre todo en los sonetos de tema clásico. La mayoría de sus temas pertenecen a la mitología grecorromana, o a su historia -A Baco, Júpiter a Ganímedes, Psiquis a Cupido, Apolo a Dafne, A Sísifo, Narciso, Ulises, A Rómulo, A Lucrecia, A Julio César mirando a la cabeza de Pompeyo- o son de intención filosófico moral -Al tiempo, Las estaciones, La avaricia, La tempestad y la calma-.

 

Perfecto en su forma, su exquisita y elaborada plasticidad resulta con frecuencia demasiado estudiada; no obstante, consigue muchos aciertos de expresión. Recuérdese el último terceto del soneto La avaricia: “¿cómo de muchos Tántalos no miras / ejemplo igual? Y si codicias uno / mira el avaro en sus riquezas, pobre”.

 

Sus sonetos Al Guadalquivir, en una avenida, La tempestad y la calma, La avaricia, En segura pobreza vive Eumelo... figuran entre “Las cien mejores poesías líricas de la lengua castellana”, escogidas por Menéndez Pelayo, entre lo mejor de la literatura española antigua y moderna, pero son muy pocos los que se interesan por los versos de Juan de Arguijo. Y, sin embargo, sus sonetos deben figurar entre los más destacados de su época. He aquí el último terceto del soneto En segura pobreza vive Eumelo...: “Al fin, muriendo con pobreza tanta / ricos juzga a sus hijos, pues les deja / la libertad, las aves y la liga”.

 

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