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PADRE JUAN AROLAS: LA VOZ DE UN FRAILE ROMÁNTICO

Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“El arpa sobre el césped olvidada
con el viento sus fibras conmovía,
y de su docto dueño enamorada
parece que lloraba su agonía.”
P. Juan Arolas

 

El P. Juan Arolas es una de esas figuras de nuestro romanticismo cuya obra. popularísima en su tiempo, se recuerda apenas hoy. Su producción poética, recogida en tres volúmenes titulados Poesías religiosas, caballerescas, amatorias y orientales (1860), presenta, sin embargo, algunas cualidades dignas de imperecedero aprecio.

Arolas trabajaba sin cesar y la profusión de sus poemas se prodigaba sobre cualquier materia, indistintamente se tratara de cuestiones religiosas, como de poemas amorosos y políticos o composiciones según la moda oriental, en la que fue un versificador muy experto.

Tanto trabajo intelectual, junto a su dedicación como capellán de la Escuela Normal de Maestros (desde 1842) le obligaban a un desperdigamiento excesivo de sus facultades, excitadas por la necesidad de atraer la curiosidad y atención de su público.

Huésped en su convento, más que fraile, la fama de Arolas, creciente desde la fundación del Diario Mercantil se consolidó de forma definitiva cuando publica su primera recopilación de Poesías caballerescas y orientales (1840), de la cual se hicieron no menos de veinte ediciones vendidas entre España y América. Y, aunque había dado muestras de cierta debilidad mental en los años precedentes, su locura estalló violentamente en 1844. A partir de la pérdida de la razón, Arolas fue recluido en una celda, donde vivió durante cinco años un permanente delirio.

Juan Arolas nace en Barcelona el 20 de junio de 1805. Su madre falleció cuando el poeta tenía cuatro años. Su padre comerciante contrajo segunda nupcias, y el matrimonio se trasladó primero a Reus y luego a Valencia., donde Juan Arolas, con su hermano Pablo, ingresó en las Escuelas Pías o Colegio Andresiano. En 1819, ingresó en el Noviciado de las Escuelas Pías, en Peralta de la Sal. El 23 de agosto de 1821 tomó profesión religiosa.

De su vocación hay ciertas dudas. Sus estudios parecían inclinarse más hacia lecturas profanas y los poetas de su tiempo. La lectura y la imitación de los clásicos, así latinos como españoles, eran su ocupación constante y favorita. Entonces compuso las Cartas amatorias.

Una vez tomado los hábitos, el padre Arolas fue trasladado desde Peralta a Zaragoza, a cursar estudios de filosofía, que completó, ya en Valencia, con los de teología. Terminados sus estudios, Arolas pasó a ser profesor de sintaxis.

Si la Cartas amatorias, imitación de los poetas latinos, supusieron un pequeño asombro para muchos, incapaces de explicarse cómo Arolas conciliaba el amor mundano con el divino, la primera obra importante del escolapio La sílfide del acueducto (1837), fue un escándalo para todo el mundo. En la dedicatoria, románticamente literaria, Arolas no se inhibe de explicitar su amor por una amada muerta. Verdaderamente el argumento, los amores de un clérigo y una mujer en el ámbito del Monasterio de Porta Coeli, no se consideró de lo más edificante, ni siquiera en un momento de liberalismo exaltado como aquél.

Los poemas religiosos de Arolas, los más numerosos de su producción, están muy lejos de representar lo más granado de su poesía. Son destacables, sin embargo, las composiciones tituladas “La creación”, “El juicio final” o “Himno religioso”. De muy otro mérito son sus composiciones caballerescas y, sobre todo, las orientales. Ambas se presentan bien en forma de pequeños poemas, cuya naturaleza participa de lo lírico y lo descriptivo, o bien, ofrecen una mayor extensión y desarrollo; las primeras son las más cuidadas poéticamente y las de mayor interés literario, “Jida y Kaled”, “La sultana”, “El harén”... Es con todo, en la poesía de corte amoroso en la que Arolas consigue sus mayores logros y en la que muestra una mayor significación romántica; el amor es para el poeta catalán origen de la felicidad, del desengaño, del dolor y, sobre todo, es el símbolo de la aspiración vehemente e inalcanzable, “Plegaria”, “La cita”, “El encanto”, o, la más recordada de todas ellas, “A una bella”, y es en esta cuerda amorosa en la que Arolas alcanza esa nota personal que le ha distinguido entre sus contemporáneos.

Sus fuertes dolores de cabeza, que le llevaban a desgarrarse las ropas y golpearse contra los muros, terminaron con una apoplejía fulminante que en Valencia acabó con su vida el 23 de noviembre de 1849.

Su famoso poema “Sé más feliz que yo” figura entre “Las cien mejores poesías líricas de la lengua castellana”, escogidas por Menéndez Pelayo, entre lo mejor de la literatura española antigua y moderna.

Arolas fue poeta de gran aptitud para el revestimiento exótico y consiguió poemas de una notable sensorialidad dionisíaca. Fue un maestro en las composiciones de tipo oriental y amoroso. Y como dijo el poeta:”¿Quién los podrá seguir en su carrera? / Su juramento es fiel, su amor es fuerte, / el árido desierto los espera / y la noche es más negra que la muerte”.

 


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