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EMILIO BALLAGAS: LA VOZ DE LA LIRICA NEGRISTA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Si pregunta por mí, dile que habito
en la hoja del acanto y de la acacia.
O dile, si prefieres, que me he muerto.
Dale el suspiro mío, mi pañuelo;
mi fantasma en la nave del espejo.“
Emilio Ballagas

 

La lírica negrista se desarrolla en las Antillas en la segunda mitad del siglo XX movida por la atención que empieza a prestarse a partir de 1910, año en el cual Frobenius publicó Der Scharwarse Dekameron . Después de la Primera Guerra Mundial el agotamiento espiritual de los ambientes artísticos encontró en el motivo una evasión exótica. En París despertó numerosos entusiasmos, entre ellos el de Picasso que pobló de fetiches su arte, mientras Josephine Baker revelaba desde los escenarios europeos los secretos de la danza negra. Fue el periodo en que se descubrieron también los grandes músicos y poetas negros de los Estados Unidos.

La atención dedicada al negro en las Antillas, presencia directa y no pocas veces dominante, marcó dos corrientes en la poesía: una folklorista que se contentaba con un acercamiento epidérmico al tema, y la otra de signo más profundo que trataba de penetrar y expresar la compleja espiritualidad del alma negra. Como es sabido García Lorca, extrajo iluminaciones determinantes durante su estancia en Harlem entre 1929 y 1930 y del contacto directo con el mundo y la poesía cubana. Rafael Alberti pareció dar empuje con el “Poema del mar Caribe”, escrito tras su estancia en Cuba en 1935, al acento social de la poesía negra antillana.

Con Emilio Ballagas, al folklore se une, superándolo, una profunda participación humana. En el “Baile del papalote”, por ejemplo, él se convierte en intérprete feliz de la espiritualidad negra en la que actúan profundamente el rito y el animismo, en la “Comparsa habanera” lo que domina es el ritmo, mientras que en la “Elegía a María Belén Chacón” se impone el problema humano y social que da vida a una de las interpretaciones más sensibles de la condición negra americana.

Emilio Ballagas Cubeñas nace en Camagüey el 7 de noviembre de 1908. A los quince años ya había escrito un cuento y a los dieciocho publica su primer poema “Rostro de cara”. En 1926 se gradúa de Bachiller de Letras y Ciencias en el Instituto de Segunda Enseñanza de Camagüey . En 1928 comienza los estudios de Pedagogía en la Universidad de la Habana. En 1933 se doctora en Pedagogía y ocupa la cátedra de Literatura y Gramática en la Escuela Normal para Maestro de Santa Clara, cargo que desempeña hasta 1946. Colabora como redactor en el periódico La Publicidad. En 1937 viaja a Francia. En 1942 edita junto a otros poetas la revista Clavileño. En 1946 obtiene el título de Doctor en Filosofía y Letras de la Universidad de la Haban y al año siguiente se casa con Antonia López Villaverde. Se traslada a la Habana y es profesor en el Instituto de Segunda Enseñanza de Marianao. En 1951 obtiene con Cielo en rehenes el Premio Nacional de Poesía. Emilio Ballagas muere en la Habana el 11 de septiembre de 1954.

Emilio Ballagas es junto al puertorriqueño Luis Palés Matos, uno de los máximos representantes de la llamada “poesía negrista, negra o negroide” , cuyo iniciador fue Nicolás Guillén. Poesía que mediante el ritmo y los registros léxicos refleja la influencia de la cultura africana en el mundo americano.

Las composiciones de Ballagas son sensuales, dramáticas, dinámicas y de lenguaje propio. Su fama se debe sobre todo, a su producción negrista en Cuadernos de poesía negra (1934) y analogías fundamentales sobre el tema Antología de la poesía negra hispanoamericana (1944) y Mapa de la poesía negra americana (1946). En realidad, él representa una de las expresiones más logradas de la poesía pura. Desde Júbilo y fuga , hasta Elegía sin nombre, Nuestra Señora del Mar y Cielo en rehenes –libros reunidos más tarde en Obras poéticas (1955)- está documentado el proceso a través del cual ha pasado su lírica: de un verbalismo jubiloso –“gimnástico” lo han definido- del que es singular ejemplo el “Poema de la ele” , en las huellas de “Verdehalago” de Brull, a una doliente expresión romántica, para llegar finalmente a tonalidades neoclásicas. El periodo negrista es, sin embargo, uno de los momentos que mejor caracteriza a la poesía de Ballagas. Y como dijo el poeta cubano: “La carne es un laurel que canta y sufre / y yo en vano esperé bajo su sombra”.

 


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