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GONZALO DE BERCEO: LA VOZ DEL PRIMER POETA ESPAÑOL


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“Gonzalvo fue so nomne que fizo est tractado,
en Sant Millán de suso fue de niñez criado,
natural de Berceo, ond Sant Millán fue nado.”
Gonzalo de Berceo

 

 

 

Berceo es el primer poeta castellano de nombre conocido, y el más genuino representante del mester de clerecía, del que fue  quizá su introductor. “Berceo siente humildemente de sí –escribe Ramón Menéndez Pidal-, aunque clérigo, confiesa que no es bastante letrado para escribir la lengua de los doctos; sólo sabe algo de latín para entenderlo, y quiere entonces servir de intermediario entre la ciencia de los clérigos y la ignorancia del vulgo, informando a éste, fiel y escrupulosamente, de lo que halla en el latín de la vida de los santos, en los tratados piadosos y en los diplomas archivados en los monasterios, sin que el poeta se le ocurra casi nunca hacer alarde de invención personal . El público para quien Berceo escribe es, pues, el mismo para quien cantan los juglares; al público desigual de los iletrados quiere servir el clérigo piadosamente, hablándole en el romance claro y llano “en el cual suele el pueblo fablar a su vecino”: “Quiero fer la pasion de señor sant Laurent / En romanz, que la pueda saber toda la gente”. En la Vida de Santo Domingo de Silos dice de su obra el poeta que “Bien valdrá, como creo, un vaso de buen vino”.

 

Sus obras no eran para ser leídas en privado únicamente por los doctos, sino más bien para ser recitadas o leídas en público por juglares. Por eso usa en el poema fórmulas como las de “Sennores, si quisiéredes atender un poquiello”; “Amigos, si quissiéssedes un poco esperar”; o bien “Aun si mi quisiérades, sennores, escuchar”

 

Gonzalo de Berceo es una figura delicada, tocada por las pálidas luces de un Giotto, con esa curva de actitud contemplativa idónea para la meditación pausada. Humilde en su celda, no presume de poeta letrado, antes bien, considera su trabajo traducción de otras obras; su anhelo consiste en verterlas a “román paladino”, para popularizarlas, para que sean comprendidas por todos; de ahí esa limpidez de estilo, su lengua llana y llena de comparaciones; de ahí también ese tipo de humorismo, que no desperdicia la ocasión de hacer sonreír y que provoca una sonrisa de inteligencia que nada tiene que ver con la risotada del Arcipreste. Berceo no desdeña el empleo de técnicas juglarescas, pero siempre procura dejar bien claro la superioridad de su oficio, no sólo por los temas que trata, sino porque él utiliza para componerlos lo que “yaze en escripto”, incluso deja episodios en suspenso porque afirma no tener fuente escrita para utilizar en la confección de su poema.

           

Aunque poseemos escasos datos de la vida de Gonzalo de Berceo, bastan para encuadrarlo en una época y región precisas, para conocer su vida cotidiana y sus sencillos hábitos.  En la Vida de San Millán de la Cogolla y en otros pasajes repite el lugar de su nacimiento. Nacido, pues, a finales de siglo XII en el retirado pueblo riojano de Berceo, se educó como clérigo en el monasterio cercano de Sen Millán de la Cogolla. Alcanzó el poeta edad avanzada según se desprende de una pasaje de su Vida de Santa Oria, o sea Santa Áurea, y murió con posterioridad a 1264, año en que lo cita un documento notarial. Hacia 1230 compuso la Vida de Santo Domingo, primera piedra de una producción poética considerable.

 

La mayoría de sus obras ha llegado a nosotros; se conservan tres poemas hagiográficos: Vida de Santo Domingo de Silos, Vida de San Millán de la Cogolla y Vida de Santa Oria; tres poemas dedicados a la Virgen: Loores de Nuestra Señora, Planto que fizo la Virgen el día de la passion de Fijo Jesu Christo y Milagros de Nuestra Señora; dos obras doctrinales De los signos que aparesceran antes del Juicio y El sacrificio de la missa; además conservamos un poema incompleto sobre la vida de San Lorenzo, y también se le atribuyen tres himnos (Veni Creator, Ave Sancta María y Tu Christe).

 

Los tres poemas hagiográficos siguen el mismo esquema, división tripartita, perfectamente equilibrada: vida del santo, milagros realizados en vida y milagros realizados por el santo después de su muerte. Estas obras se encuentran profundamente arraigadas en la tradición hagiográfica medieval europea y se nutren de fuentes latinas en prosa. Se ha especulado mucho acerca de los móviles que inspiraron a Berceo estas vidas de santos; la ligazón tanto de San Millán como de Santo Domingo, Santa Oria e incluso San Lorenzo con el monasterio, y su supuesta participación  en la falsificación del Privilegio de los Votos de San Millán nos hacen pensar en un fin encaminado a atraer fieles y peregrinos a San Millán con el deseo de obtener dinero en una época en que el monasterio atravesaba por una crisis económica.

 

Distinta finalidad tienen los poemas dedicados a la Virgen. Los Milagros fueron escritos en una época tardía, después de 1252, quizá inmediatamente antes de la Vida de Santa Oria,  su última obra; en ellos entronca con una tradición muy extendida y floreciente en Europa: las composiciones hagiográficas dirigidas a la Virgen. Los Milagros son su obra más importante y extensa. Se componen de 25 narraciones precedidas de una introducción alegórica que describe una pradera, el tradicional “locus amoenus” de las retóricas latinas, y que viene a significar las perfecciones de la Virgen. En los Milagros su objetivo primario no es el de proporcionar información acerca de la Virgen, sino inspirar devoción hacia ella. El Planto que fizo la Virgen incluye el famoso Eya velar, cantiga de veladores puesta en boca de los guardas del sepulcro de Jesús: “Eya velar, eya velar, eya velar, / Velat aljama de los judíos, / Eya  velar. / Que non vos furten el fijo de Dios, / eya velar. / Ca furtárvoslo querrán, / eya velar. / Andrés, e Pedro et Johan, / eya velar”.


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