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JOSE BERGAMIN: LA VOZ DEL PEREGRINO MARAVILLOSO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“De una España Peregrina.
¿qué le queda al pensamiento
que no sea el convencimiento
de que cree lo que imagina?”
José Bergamín

 

Grande le viene todavía a muchos la obra peregrina de este extraordinario poeta y pensador. “José Bergamín –decía Jacques Maritain- tiene la locura del cristiano y la locura del poeta”. Su vida es todo un ejemplo de dignidad, de autenticidad, de desprecio de cuanto podía exigirle la menor claudicación.

Desde que su voz se hizo silencio, cansada de peregrinar, no se ha reparado un clamoroso olvido. Hasta en un ambiente que pudiéramos llamar culto, José Bergamín sigue siendo un desconocido. Solamente en Francia –influencia quizá de André Malraux- el nombre de José Bergamín tiene supremacía sobre toda la gama de poetas y escritores, toda la expresión cultural de esa mal llamada Generación del 27, tan influida por la cultura francesa. Recordemos aquellas palabras de André Malraux cuando al quejarse un corresponsal oficialista de los tiempos de la dictadura de la “no españolidad de Picasso” le dijo Malraux:

- Pues en el porvenir van a encontrarse ustedes otro drama, que será tener que traducir a José Bergamín del francés.

José Bergamín Gutiérrez nace en Madrid, el 30 de diciembre de 1895. De familia malagueña. Su padre fue conocido abogado y ministro de la Restauración. Vive en Madrid los cuarenta primeros años de sus vida. Estudia en la Universidad Central de Madrid la carrera de leyes. Desde niño empieza a leer y escribir literatura con empecinamiento. Hacia 1912 entra en la vida literaria madrileña, frecuenta primero las tertulias literarias de Valle-Inclán y Benavente en “El gato negro”. Después la de Ramón Gómez de la Serna en “Pombo”. Dirige durante unos meses Los Lunes el Imparcial En 1921 aparecen sus primeras colaboraciones en Litoral. En la revista Índice, fundada y dirigida por Alfonso Reyes, Enrique Díez-Canedo y Juan Ramón Jiménez, publica sus primeros textos, al mismo tiempo que Lorca, Salinas, Guillén, Antonio Espina, Moreno Villa, Marichalar, Gerardo Diego, Corpus Barga... También, como Salinas y Espina, publica su primer libro, en la colección de la revista dirigida por Juan Ramón Jiménez, El cohete y la estrella (1923). En 1928 se casa con Rosario Arniches hija del popular sainetero. Viaja por Europa, Francia, Inglaterra, Rusia, Países Bajos, Escandinavia, Italia, Alemania... Publica en casi todas las revistas literarias de la época y funda, en 1933, Cruz y Raya, una de las revistas más originales de esos años, de la que fue director hasta su desaparición en 1936. Entretanto ha publicado en España sus libros: La gatomaquia (teatro, 1923), Tres escenas en ángulo recto (teatro, 1925). Caracteres (1926), Enemigo que huye (1927), El arte de birlibirloque (1930), La cabeza a pájaros (1933), Mangas y capirotes (1933), La estatua de don Tancredo (1934), Disparadero español (1936) En el curso de estos años fue uno de los más caracterizados intelectuales católicos que prestó su apoyo a la República. En 1935 asiste al I Congreso Internacional de Escritores, en París, en que se constituyó la Asociación Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, cuya junta directiva estaba compuesta, entre otros, por Thomas Mann, André Gide, Forster, Aldous Huxley, Selma Lagerloff. Máximo Gorki, Valle-Inclán, Ricardo Baeza y José Bergamín. Iniciada la guerra es nombrado agregado cultural en la Embajada Española en París. En agosto de 1936 es elegido presidente de la Alianza Internacional de Escritores Antifascistas. Participa, junto con Rafael Alberti y otros escritores, en la fundación El Mono Azul. Colabora asiduamente en las revistas Hora de España y Cuadernos de la Casa de la Cultura. Fue el impulsor y presidente del II Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura celebrado en Valencia en 1937. En 1939 es nombrado presidente de la Junta de Cultura Española. Desde de este cargo y ya en el exilio en México (1939-1945), publicaría la revista España Peregrina, que junto con la Editorial Séneca, fundada y dirigida por él, constituyen las primeras realizaciones editoriales del exilio republicano en México. Publica en revistas y diarios americanos; y sus libros: El pozo de las angustias (1941), Detrás de la cruz (1941), El pasajero. Peregrino español en América (1943), La voz apagada (1943) y también sus piezas teatrales: La hija de Dios y La niña guerrillera (1945). Sale de México en 1946 y, después de dos años en Venezuela, se traslada a Montevideo donde da clases y cursos libres de Literatura en la Universidad y su Facultad de Humanidades y Ciencias. Colabora en revistas literarias y publica: Melusina y el espejo (1952), Fronteras infernales de la poesía (1954) y Medea, la encantadora (1954). Tras un breve viaje por Europa, regresa definitivamente de América en 1954. Reside en París hasta 1958, que vuelve a España quedándose en ella hasta 1963, que otra vez tiene que volver a salir, involuntariamente, para Montevideo, primero, para París después, aunque sus estancias madrileñas son cada vez más largas. Este segundo destierro involuntario de España duró siete años más, sumando un total de veintisiete los que, contra su voluntad, tuvo que vivir desterrado de su patria. En 1970 es autorizado a regresar a España, fijando su residencia en Madrid. Colabora en Sábado Gráfico. En las elecciones de 1979 es candidato al Senado por Madrid por la coalición de Izquierda Republicana. Colabora en Vanguardia Obrera, y Tricolor. En1982 se traslada a San Sebastián, en Euskadi colabora en la revista Punto y Hora y en el periódico Egin. En Argentina se publica su libro La corteza de la letra (1957)- En España se publican: Lázaro, Don Juan y Segismundo (1959), Al volver (1962), Rimas y sonetos rezagados (1962), Duendecitos y coplas (1963), De una España peregrina (1972), Beltenebros y otros ensayos de literatura española (1973), La claridad desierta (1973), La risa en los huesos (1973), La importancia del demonio y otras cosas sin importancia (1974), El clavo ardiendo (1974), Del otoño y los mirlos (1975), Apartada orilla (1976), El pensamiento perdido (1977), Velado desvelo (1978), Por debajo del sueño (1979), Poesías casi completas (1980), La música callada del toreo (1981), Al fin y al cabo ( 1981), Esperando la mano de nieve (1982). José Bergamín muere en su casa de San Sebastián , el 28 de agosto, a los 87 años de edad. Después de su muerte se han publicado varias antologías de artículos periodísticos inéditos: Cristal del tiempo (1983), sobre temas políticos, El pensamiento de un esqueleto (1984), sobre diversas cuestiones, y La claridad del toreo (1985), recopilación de artículos sobre tauromaquia.

Bergamín, como otros escritores, se vio profundamente afectado por los acontecimientos sociopolíticos que se desarrollaron a partir de la proclamación de la República, hasta el extremo de que podemos afirmar que en él vida y política recorren el mismo camino. Y es admirable observar cómo, a través de tantos años, este peregrino maravilloso ha permanecido inconcuso en sus ideas políticas, aunque se haya quedado sólo defendiéndolas.

Como Don ´Quijote, su escuálida figura –ya al final con un bastón como débil espada-, salía cada mañana este genio literario a derribar los molinos.

Pobre, rotundamente pobre, tirando piedras contra su propio tejado, se ganaba a pulso, el oscurantismo y el silencio. Siempre este desesperado descontento de España, abandonaba la paz intermitente de su éxodo, para emocionado volver a verla.

El largo exilio marcó definitivamente la vida de José Bergamín; aunque la segunda expulsión de España (1963) –inesperada y totalmente injustificada-, le supuso mayor sufrimiento, si cabe, que la primera salida. Bergamín, se iba y se volvía para que le detuviera Fraga Iribarne, primero, y le diera lecciones de democracia, después.

La España de la transición, del “consenso” no le gustaba, y en ese “su siempre esperar “, ¡tan largo!, cuando ya no hay tiempo más que para morir, le hacía su peregrinaje, casi sin rumbo.

En 1977, con motivo de la convocatoria “A los diez años del renacer de Litoral y en el cincuentenario de la generación del 27”, un numeroso grupo de intelectuales, hombres dedicados a las artes y las letras, consideraron a José Bergamin como la personalidad literaria más completa por la amplitud de su expresión y con mayor proyección sobre nuestra cultura dentro y fuera de España de los miembros vivos de la generación del 27.

José Bergamín es el escritor español moderno que tiene la originalidad de ser el más español de todos los escritores españoles modernos. Lo español no es sólo estar, lo español es ser. Era como una reencarnación de Cervantes y Quevedo y Larra y Bécquer y Unamuno, ¡tan españoles todos ellos!

Unos españoles que unos se suicidaban, otros sufrían años y años tras los barrotes de una cárcel o se marchaban huyendo de exilio en exilio, o morían en tierra extranjera.

El vivo esqueleto que fue Bergamín cayó suavemente sobre tierras de Euskadi. Se cerraba la última etapa del peregrinaje Le llegó la muerte como siempre la había deseado: “Señor, yo quiero morirme / como se muere cualquiera: / cualquiera que no sea un héroe, / ni un suicida, ni un poeta / que quiera darle a su muerte / más razón de la que tenga. / Quiero morirme, Señor, / igual que si me durmiera”.



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