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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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  Guías culturales

LAS JÓVENES DEL CAMPO

Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“La que cultiva mi vida
se fue sin decirme adiós,
y me recorrió una herida
que me abrió la vida en dos.”
Miguel Hernández

 

Las jóvenes de las áreas rurales no quieren seguir el camino de sus madres. No necesitan conocer las encuestas que se han realizado para saber que en muchas zonas las mujeres trabajan en el campo hasta 70 horas semanales la mayor parte de las veces sin remuneración diferenciada del marido o del padre, sino como ayuda familiar y que además de las faenas agrícolas luego toca hacer las faenas de la casa. En otras zonas la situación es todavía peor, hay jornaleras que no consiguen trabajar en el campo ni siquiera 70 horas al año.

Los jóvenes, hombres y mujeres, no quieren ser trabajadores agrícolas o quedarse de por vida en una fábrica del pueblo, o lo que es peor, en el paro. Esto está más claro en el caso de la mujer, donde el control social que sobre ella se da en muchas zonas rurales es tremendo.

Mucho se ha hablado del éxodo de los jóvenes en los municipios rurales, pero las mujeres desde que apenas son adolescentes, se van en mayor cantidad. Aparte, la anécdota de las búsquedas de novia, es cierto que hay una proporción de cuatro hombres por cada mujer en bastantes pueblos de zonas montañosas deprimidas o de zonas desérticas.

Antes la salida estaba clara, ir a servir a la ciudad y si había suerte y se tenía formación, a lo mejor se podía mejorar el trabajo, pero era peor, aún así, quedarse en el pueblo. La otra salida era el matrimonio y los forasteros eran especialmente cotizados. En muchos casos para estas jóvenes el matrimonio suponía una auténtica “liberación”.

Pero ahora se da el caso de que se encuentran en la ciudad jóvenes con una formación similar a las originarias de la ciudad y no resulta fácil sobrevivir.

En los municipios de hasta 10.000 habitantes, el 15% de las mujeres ha tenido como primer trabajo remunerado un trabajo agrícola, y el 13% de las mujeres de los municipios de entre 10.000 a 100.000 habitantes también han comenzado a ganar algún dinero con este tipo de trabajo. Las cifras bajan ostensiblemente en los trabajos sucesivos porque las que pueden se van del campo.

Pero el hecho es que muchas vuelven . No hay sitio para ellas en la ciudad, para muchas que por su cuenta intentaron salir de las áreas rurales. Les queda a algunas el recurso de seguir en el campo, de pedir trabajo en una fábrica o pseudocooperativa textil o en la conservera del pueblo. La mayoría no se siente con capacidad o iniciativa para pedir un crédito y empezar un trabajo agrícola o de otro tipo por cuenta propia.

Lo peor es que la situación no cambia con el tiempo. Los trabajos siguen siendo los mismos de hace diez o veinte años. Es más la situación puede decirse que se agrava, ya que cuando se habla de un primer empleo continuado solo cuatro profesiones suponen el 60% del empleo de las jóvenes y éstas no pueden ser más tradicionalmente consideradas “femeninas”. Son las de empleada administrativo, dependienta de comercio, trabajadora de la industria textil y el servicio doméstico.

A pesar del fuerte éxodo de las jóvenes del medio rural , las dificultades por la que atraviesa el mercado de trabajo deja a demasiadas jóvenes en el campo. Los deseos de cada una y su preparación apenas cuentan para poder salir del mismo, si bien, no han perdido la esperanza. Y como dijo el poeta: “Voy huyendo como el río / sin saber que voy huyendo”.

 


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