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JOSE LUIS CANO: LA VOZ PRODIGIOSA DE LA BAHIA DE ALGECIRAS


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“Luciente paraíso cegador,
surcan mis alas tu ámbar en sosiego,
y ebrio voy por tus ondas como un ciego
sumido en tu imposible resplandor.”
José Luis Cano


La poesía española de posguerra tiene con José Luis Cano, cofundador y director de la colección de poesía Adonais, una deuda grande: la creación de la más notable colección de poesía que se haya publicado nunca. En Adonais aparecieron pronto Vicente Aleixandre, Muñoz Rojas, Pérez Clotet, José María Souviron, Rafael Montesinos, Ricardo Molina, Leopoldo Luis... y el propio José Luis Cano. Fundador en 1947 de  la revista literaria Ínsula, uno de los referentes para los amantes de la literatura en español durante la segunda mitad del pasado siglo.

 

José Luis Cano nace en Algeciras el 28 de diciembre de 1911 y se formó en el grupo malagueño de Litoral. “El primer encuentro con Emilio Prados fue en su ciudad -escribe José Luis Cano-, Málaga, en 1928. Terminaba yo mi bachillerato, y el dirigía, y componía en su imprenta Sur, con la ayuda del también poeta malagueño Manuel Altolaguirre, su compañero inseparable, la revista Litoral, que fue el órgano literario más importante de la generación del 27 en su primera época. Muy pronto fue Emilio Prados mi guía poético y el mejor amigo que tuve en Málaga... Por motivo familiares hube de abandonar Málaga y marchar a Madrid, donde llegué en 1931, año de la proclamación de la Segunda República, para seguir estudios universitarios”. En la Universidad Central estudia Derecho y Filosofía y Letras. Pronto comienza a visitar a Vicente Aleixandre, en su casa de la calle Velintonia. “Y en aquella casa, hoy mítica, de Velintonia, conocí a Cernuda, a Alberti, a Neruda, a Dámaso Alonso, y reencontré a Federico, a quien había conocido en Málaga en 1930, ya de vuelta de su viaje a Estados Unidos y a Cuba”.

 

José Luis Cano es sobre todo un poeta andaluz que canta a Andalucía en verso imaginativo y colorista: Soneto de la bahía y Otoño en Málaga. El mundo dramático de su tiempo penetra en Voz de la muerte (1945), su obra más importante: La torrentera apasionada de andaluz, que le barre con angustia el pecho, irrumpe ahora al exterior. Y si, como buen andaluz, es apasionado, también, como buen andaluz, es nostálgico, Bécquer y Aleixandre se dan la mano en este libro, tanto formal como esencialmente.

 

En 1946 publica Las alas perseguidas y, en 1962, Luz del tiempo. Escribe artículos recopilados parcialmente en El escritor y su aventura y ensayos: La poesía de la generación del 27 -premio Fastenrath 1970-, Heterodoxos y prerrománticos. También publica antologías: Poetas andaluces contemporáneos, que comprende desde Bécquer a Caballero Bonald, Nueva poesía española y Poetas del 27. José Luis Cano fallece en Madrid el 15 de febrero de 1999.

 

La poesía de José Luis Cano posee el raro encanto de iluminar suavemente el paisaje de encendidos recuerdos y dejarnos un punto en suspenso al presentar la turbadora y triste hermosura de la naturaleza. José Luis Cano infunde al soneto naturalidad, sencillez y emoción. Los Sonetos de la bahía, de 1942, poseen un soplo romántico verdaderamente cautivador.

 

Frente a tanta belleza de la Bahía de Algeciras, puede este poeta melancólico ver la inconcebible libertad. “No hay cultura sin libertad -escribe José Luis Cano-, no hay más que una cultura que merezca llamarse tal, y es la cultura libre”.

 

Puede más en José Luis Cano la media voz melancólica que el grito. A veces, una angustia de amor o destrucción aleixandrina le habita. A veces, la suave tristeza becqueriana: “Y ahora que en esta noche, dulce noche del Sur, / en tus dormidas venas vivo la eternidad”. Por todo: un romántico del Sur que marcha solo por esas playas desnudas de su bahía, tendidas, constantes, que un sol sin fatiga encandece mientras sopla la mar y con sus volantes espumas las acaricia. Y como nos dice la voz prodigiosa del poeta: “Doliente vas y enamorada, oh luna / por este mar cautivo, ahogadamente, / evocando un amor, un sueño, una / vaga melancolía sin oriente.”

 

 


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