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MARIANO DE CAVIA: LA VOZ DE UN PERIODISTA DE VERDAD

Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Los hombres pasan
la Prensa queda"
Mariano de Cavia

 

Vivir del periodismo y para el periodismo –en exclusiva, como vivió Cavia- es caminar hacia el olvido. Fue quizá, el periodista más popular de su época, el que más fama conquistó en su tiempo. Pero la obra del mejor periodista –y Cavia fue uno de los mejores que ha tenido España- es como una antología esperanzada, unas obras completas en permanente estado de anti-memoria . Salvables, tristemente no por lo que tienen de literario, aunque recuperables, sin embargo, por lo que entrañan de documentación de época.

Toda la grandeza y toda la servidumbre del periodista escritor habíanse encarnado en Mariano de Cavia. Este escritor tenía sentido periodístico, y para un escritor tener sentido periodístico es tener sentido del tiempo, del tiempo que vive y del tiempo en que vive.

Mariano de Cavia y Lac nace en Zaragoza el 25 de septiembre de 1855. Estudia bachillerato en el Colegio de Jesuitas de Carrión de los Condes, en Palencia. Ingresa con el número dos en la Academia de Caballería, de Valladolid, que abandona pronto, por no servir para mandar, ni para que le mandasen. Inicia los estudios de Derecho en la Universidad de Zaragoza. En 1877 ingresa como redactor en el Diario de Zaragoza. Poco tiempo después dirige el Diario de Avisos de Zaragoza.

Marcha a Madrid y entra en el popular diario madrileño El Liberal. Se traslada a Tarragona para dirigir el Diario Democrático de Tarragona. Regresa a El Liberal que por entonces se autocalificaba de “el periódico de mayor circulación de España”. Desde sus páginas inicia Cavia una serie de secciones que le habían de acreditar como “el más literato de todos los periodistas”.

A tres temas mostró Cavia solicita predilección: la reforma de las costumbres, la dignificación de la crítica taurina y la preocupación por las cuestiones del lenguaje. No le fueron tampoco ajenos los comentarios y los temas de Arte.

Con el seudónimo de Sobaquillo firma sus crónicas taurinas y con el de Un chico de Instituto, sus glosas y comentarios sobre usos y abusos de la lengua. Un artículo suyo, El incendio del Museo del Prado, aparecido en El Liberal (1891), produjo tal impresión en el público, que el Gobierno tuvo que apresurarse a reforzar las medidas preventivas de nuestra gran pinacoteca. Publicó dos colecciones de los artículos de sus primeros años: Azotes y galeras (1890) y Platos del día y salpicón (1891).

En 1895 pasa a El Heraldo de Madrid, donde estuvo apenas un año. Ingresa en El Imparcial, el diario más prestigioso de su época. El 24 de febrero de 1916 eligen a Cavia miembro de número de la Real Academia Española, siendo el primer periodista que ingresa en la misma. En 1917 comienza la colaboración en El Sol. Allí tuvo el insobornable periodista aragonés su última tribuna y su postrer gesto de honesta rebeldía. En plena crisis de la vida española, y como consecuencia de los coletazos de la Gran Guerra, se ordenó la censura previa de prensa. Duró un mes, del 18 de septiembre al 18 de octubre de 1918, durante el cual Cavia se negó a suscribir sus colaboraciones con su firma habitual. Hoy existe un premio con su nombre, instituido por Prensa Española para el mejor artículo periodístico publicado durante el año.

Al comenzar el verano de 1917 Cavia escribía. “Las libertades públicas –aquellas mismas que instauró la Revolución de 1868 y tan maltratadas han sido luego por los seudoliberales- tienen toda nuestra adhesión, y tanto mayor será ésta cuanto más se amplíe su contenido social “.

Mariano de Cavia muere en Madrid el 14 de julio de 1920. La capilla ardiente fue instalada en la redacción de El Sol. El cadáver fue llevado a Zaragoza, para ser enterrado en el cementerio de Torrero. Después... casi el olvido. Y como dijo el poeta: “¡Ay! Por mucho que se diga / no dejará la verdad / de parecernos mentira”.

 


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