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FELICIANO DE SILVA: LA VOZ DE LA SEGUNDA COMEDIA DE CELESTINA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Libro en mi opinión divino

 si encubriera más lo humano."
Cervantes. (Segunda comedia de Celestina.)


Feliciano de Silva es famoso en la literatura española por ser continuador de dos obras: La Celestina  y el Amadís de Gaula. Su mejor obra es la Segunda comedia de Celestina (1534), que fue censurada por la Inquisición en 1559,  en la que el autor resucita a su protagonista, que vuelve a encontrarse con Elicia y Areusa.  Silva fue el primero de los seguidores de Rojas que percibió en la vieja alcahueta, y no en la pareja de amantes, el centro y raíz de la famosa novela dialogada, de ahí que no dude a resucitar a la zurcidora de malas voluntades. El éxito de esta segunda comedia fue tan arrollador que desbordó la influencia directa de Rojas. Los continuadores o imitadores se fijaron más en la resucitada remendadora de virgos que en la original: el toledano Gaspar Gómez, en la Tercera parte de la tragicomedia de Celestina no repara en su paisano Rojas y recoge los personajes de Silva. Igual hará más tarde Alonso de Villegas. Sólo el durante mucho tiempo anónimo autor de la Tragicomedia de Lisandro y Rosenda (1540) Sancho de Muñón, abreva en el original. Menor mérito tiene Silva como continuador de la primera novela de caballerías . Es autor del Noveno libro de Amadís de Gaula, cuyo larguísimo título reza Crónica del muy valiente y esforçado príncipe y cavalleresco de la Ardiente Espada Amadís de Grecia, hijo de Lisuarte de Grecia, Emperador de Constantinopla, y rey de Rodas, que tracta de los grandes hechos en armas y de los de sus altos cargos y extraños amores. Este título es bien significativo de la complicación argumental de la obra, con lances inverosímiles, y también del enrevesamiento de su lenguaje. El mismo carácter tienen, Lisuarte de Grecia (1514),  Don Rogel de Grecia (1534)  y Don Florisel de Niquea (1532-1551) cuyo protagonista, hijo de Amadís de Grecia, continúa el linaje de los Amadises. Los libros de caballerías del mirobrigense  Silva fueron muy celebrados en su época y traducidos a varias lenguas europeas,  aunque Cervantes los trató duramente en el Quijote. En América, la  reputación de Silva fue inmensa y Don Florisel de Niquea llegó a ser el  libro más popular del  Nuevo Mundo. Fue autor asimismo del libro autobiográfico Sueño de Feliciano de Silva (1532).

 

Feliciano de Silva nació en Ciudad Rodrigo, provincia de Salamanca, hacia 1492 y murió en su ciudad natal el 24 de junio de  1558.  Estuvo en Sevilla al servicio del arzobispo don Diego de Deza, al que le dedicó Lisuarte de Grecia, publicado en esta ciudad. Sirvió dos años al emperador Carlos V, durante los cuales pudo haber participado en la Guerra de las Comunidades (1520-1521) del lado del emperador. Hacia 1520 Silva se casó con Gracia Fe, hija de Hernando de Caracena, un judio converso. Feliciano de Silva tuvo siete hijos, cuatro hijas y tres hijos. El 23 de agosto de 1523 se le otorgó el puesto de regidor de Ciudad Rodrigo de por vida, fue también árbitro en los tribunales, perito en testamentos, testigo en posesiones de canonjías. A pesar de ser lego y nuevo cristiano, el cabildo de la catedral le designó como representante en el concilio de Sala manca.

 

El autor de la Segunda Celestina, Feliciano de Silva, tan maltratado por Cervantes en el Quijote por sus famosos libros de caballerías, fue, como, los otros dos mejores –Rojas y Sancho Muñón-, un encubierto o enmascarado autor de tan excelente obra dramática. Y nos sorprende su lectura por la vivacidad, desenfado, gracia que manifiesta en todas sus escenas esta admirable Segunda comedia de Celestina. Comedia y no tragicomedia, como la de Rojas y Sancho Muñón; difícil le hubiese sido, en efecto; a su autor, volver a matar a Celestina, después de haberla resucitado. Y, de no matarla, tampoco era cosa de hacer morir trágicamente a los apasionados amantes, cuyos nombres, en esta Segunda Comedia, son los algo enrevesados para nosotros de decir: Felides y Polandria. Una vez decidida la meta de fingirse Celestina resucitada ya toda la perspectiva dramática de la obra de Rojas quedaba desviada y no podía seguir ese cauce trágico de su primitiva invención; como haría, con tan extraordinario acierto, apenas unos años después que Silva, el también seudo-anónimo Sancho Muñón, en su Celestina tercera.

 

La lectura de esta extraordinaria comedia de Silva, no sólo nos divierte y conmueve, sino que nos ofrece curiosidad mayor al compararla y equipararla con su antecesora de Rojas y con sus sucesoras de Sancho Muñón y Lope de Vega en su incomparable Dorotea.

 

Es curioso que, siendo esta deliciosa comedia de Silva anterior de unos pocos años a la Tragicomedia de Lisandro y Roselia (ésta se sitúa pasado 1540 y aquélla hacia 1534 ), nos parezca más moderna la de Silva , y sobre todo, mucho más cercana a la de Lope. Aunque la Gerarda de Lope muera tragicómicamente, a su vez, cayéndose por la escalera, como es sabido, y mereciendo el comentario adecuado a los testigos de su desdichado accidente mortal: porque “iba a buscar agua y no vino”.

 

El fantasma de Celestina, resucitada por Silva es tan fantasmal, en efecto, que las jóvenes enamoradas convierten ingeniosamente, a esta Celestina con natural facilidad, en la más infeliz e inofensiva casamentera. 

 

La segunda o renovada Celestina de la comedia de Silva está muy lejos de la endemoniada bruja hechicera, vieja barbuda que envenenó infernalmente el amor natural y puro de Calixto y Melibea, precipitándolo en la tragedia. La comedia de Silva –la más enriquecida de músicas, canciones y serenatas-, tan expresa como expresivamente, elude el canto erótico de la sangre. Por eso es cómica y no trágica . Por eso (tan natural como sobrenaturalmente por eso) acaba en bodas


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