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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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  Guías culturales

MANUEL CIGES APARICIO: LAVOZ BRUTALMENTEN SILENCIADA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“Aspirar con las armas a lo que,
sin deshonra, puede conseguirse
por las artes de la paz , es insania..”
Manuel Ciges Aparicio


 

El impacto asestado por la generación del 98 a la vida literaria del país en los primeros años del siglo XX hizo girar en torno a los maestros indiscutibles de ella a un núcleo de escritores cuya calidad es muy desigual. Entre estas figuras sobresalen algunos novelistas que llegaron a gozar de cierta notoriedad, más bien  desvanecida con el tiempo y con el olvido de sus obras, que en el caso de Manuel Ciges Aparicio sería de justicia revalorizar. Ágil y combativo periodista, siempre dispuesto a denunciar situaciones injustas,  sus libros son,  más que novelas reportajes de altura de marcado carácter periodístico  Ciges  dedicó gran parte de su vida a luchar por los principios republicanos, siempre solidario con los que sufrían,  denuncia  los males de su tiempo (la corrupción, la compra de votos, los abusos o cerrazón pueblerina...). Sus novelas  no la motivan  alardes esteticistas, sino el deseo de fustigar una sociedad cuyos defectos conocía como pocos y a cuya  erradicación quería contribuir.

 

Manuel Ciges Aparicio nace en Enguera, provincia de Valencia, el 14 de enero de 1873. Desde muy joven tuvo que trabajar para ayudar a la economía familiar. En 1893 fue llamado a filas, como soldado. Como militar se batió en Marruecos y en Cuba y tuvo que abandonar el ejército porque  sus críticas a las actuaciones  del general  Weyler en la isla caribeña le valieron una desagradable estancia en la prisión militar La Cabaña (La Habana): Repatriado a España entre los últimos evacuados de la isla fue testigo del regreso de los desmovilizados enfermos, mutilados, andrajosos, abandonados a su suerte al pisar suelo español. El libro de la vida trágica del cautiverio (1903) relata la estancia en la prisión colonial y fue un auténtico éxito, de forma que se reimprimió cuatro veces más, con él inició una tetralogía autobiográfica  formada además por El libro de la vida doliente del hospital (1906), El libro de la crueldad de cuartel y de la guerra (1906) y El libro de la decadencia del periodismo y la política (1907). Según Rafael Cansinos Assens, Ciges, era un “Tácito convertido en novelista”, y fue este escritor quien le puso en contacto con la editorial Aguilar, de la que sería traductor durante el resto de su vida.  Ciges transitó del republicanismo al socialismo y se vio obligado a exiliarse a Francia varias veces por sus posiciones políticas y sus concepciones antimilitaristas. Colaboró en periódicos y revistas como L’Intransigeant, El Pueblo, Vida Nueva, El País, El Progreso, El Radical, El Socialista, El Mercantil Valenciano... Fue además director de El Progreso  de Zaragoza. “Se caracterizó –escribe Trapiello- por llevar el periodismo a la literatura”.  Entre 1911 y 1914 Ciges fue director literario de la sección española de la casa editorial Michaud. Contrae matrimonio con Consuelo Martínez Ruiz, hermana de Azorín, de esta relación nace el actor Luis Ciges, en el  1921. Durante un breve tiempo vuelve a Zaragoza para ser director de La Voz de Aragón, en 1928.

 

Militante de Izquierda Republicana y hombre de confianza de Azaña, durante los primeros años de la República,  fue gobernador civil de Baleares, donde destacó persiguiendo la piratería y el contrabando. En 1935 cambió su puesto de gobernador civil por el de Santander y luego por Ávila, donde le sorprendió la sublevación militar del general Franco del 18 de julio.  Detenido al día siguiente, se le mantuvo prisionero hasta el  5 de agosto de 1936, en que es  asesinado de un tiro en la cabeza, camino del cementerio de Ávila.

 

Entre sus obras destacaremos las novelas Los vencedores (1908) y Los vencidos (1910) que refieren la lucha obrera en una zona minera y la historia de una represión patronal; El vicario (1905), en la que presenta por primera vez en nuestra literatura moderna, la problemática del sacerdote que ha perdido la fe. Su última novela, Los caimanes (1931), repite el tema de la frustración de un personaje animado por propósitos regeneracionistas, al que un medio cerril y sin escrúpulos conduce al fracaso. La novela, vigorosa e inteligentemente escrita, es rica en tipos humanos y en penetración crítica. Otras obras suyas son la biografía Joaquín Costa, el gran fracasado (1930) y el estudio histórico España bajo la dinastía de los Borbones, 1701-1931. Y como dijo la voz brutalmente silenciada: “He escrito lo que he sentido y prefiero faltar a los deberes militares, que nada me importan, a dejar de cumplir con mi conciencia”.


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