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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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  Guías culturales

EL CINE MUDO

Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Se me ha extraviado el bastón.
Es muy triste pensarlo solo por el mundo.
¡Mi bastón!”
Rafael Alberti. Cita triste de Charlot

El cine sólo fue un arte verdaderamente universal en sus comienzos, pero tan pronto como la ciencia logró otorgarle el don de la palabra, le quitó toda su universalidad. Fue universal como son universales los niños, a quienes entienden siempre todo el mundo mientras no rompen a hablar y los que, en cuanto aprenden a decir las cosas en un idioma cualquiera se hacen completamente ininteligibles en todos los otros.

Es cierto que el cine mudo necesitaba frecuentemente el auxilio de unas explicaciones habladas, pero el cine hablado, a su vez, necesita, casi siempre apoyar su acción en unos letreros y, excepto en los países de origen de las películas, el espectador cinematográfico no tiene más remedio que ayudarse con los letreros o ayudarse con el doblaje. ¿Qué es el doblaje? Pues el doblaje es un truco muy ingenioso en virtud del cual cuando la protagonista dice, por ejemplo, “¡caracoles!”, el espectador oye “¡lagarto!, y cuando dice “¡lagarto!” el espectador oye “¡caracoles!”. ¿No han oído ustedes hablar nunca de una persona que le quita a otra la palabra de la boca? Pues eso es, exactamente, lo que hacen los ingenios del sonido con la protagonista y demás actores y actrices. Le quitan la palabra de la boca, las vuelven al revés y se las ponen otra vez dentro.

El efecto, muchas veces, es igual al que nos produce una flauta de las que oyésemos salir un redoble de tambor o un trombón que sonase como una ocarina, pero, hasta ahora no se ha encontrado aún mejor procedimiento para darle algo de universalidad al cine hablado.

Yo, la verdad, preferiría el cine mudo. Eso de que un actor o una actriz hagan todos los movimientos bucales necesarios a la pronunciación de las palabras good bye y luego resulte que lo que dicen es “¡adiós, muy buenas!”, me parece algo así como si un vendedor de unos grandes almacenes me probase cuidadosamente una americana y después me vendiese unos pantalones. Generalmente las palabras le entran a uno por los ojos tanto como por los oídos, y cada idioma tiene sus expresiones faciales que no es posible armonizar casi nunca con las palabras de otros idiomas; pero ya no hay manera de volver al cine mudo y tendremos que aceptar el doblaje como un mal necesario.

¡Qué le vamos a hacer! “¡Dichosos los animales –decía nuestro Larra-, porque ellos, como no hablan, se entienden!”. ¡Dichosos los personajes del cine mudo –diremos nosotros a nuestra vez-, porque, no pudiendo expresarse en ningún idioma, eran comprendidos por igual en todos los países del mundo!... Y como dijo el poeta: “Tú y yo no diremos nada: / tu silencio y mi silencio / no necesitan palabras”.

 


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