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CIPRIANO DE RIVAS CHERIF: LA VOZ DE LA RENOVACION ESCENICA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“Esta mujer extraordinaria, magnífica artista y,
por encima de todo, amiga de la verdad y de la belleza
-en todo la noble, la hermosa, la simple extensión de la palabra-
que se llama Margarita Xirgu”.
Cipriano de Rivas Cherif

 

 

La renovación vanguardista que, muy pronto, da sus frutos en poesía apenas se deja sentir sobre la escena. No obstante, hay que mencionar el entusiasmo con que Rivas Cherif y el reducido Teatro de la Escuela Nueva se abren a la renovación. Es cierto que -García Lorca a la cabeza- surgen voces nuevas -El Mirlo Blanco, El Cántaro Roto, El Caracol, Fantasía, etcétera-, pero la falta de un público que la reciba y el carácter individual de los esfuerzos harán que tales voces no cuajen en un movimiento teatral.

 

Toda la labor de Rivas Cherif va encaminada a poner al teatro español a la altura que ya tenía en el resto de Europa, que él conocía bien por sus viajes y lecturas. Ya en 1917 montó en el Ateneo de Madrid la Fedra de Unamuno. En 1920, a su vuelta de París, fundó su famoso Teatro de la Escuela Nueva, ofreciendo en el Español, con motivo del Congreso de la UGT, la resonante puesta en escena de Un enemigo del pueblo de Ibsen. En 1926 volvió a la carga animando un teatrito en casa de los Baroja, El Mirlo Blanco, labor que alternó con la de director de propaganda del Teatro dei Piccoli de Vitorio Podrecca y de la Compañía española de Mimí Aguglia, célebre actriz italiana. El éxito del Mirlo Blanco le anima a ampliar sus actividades en el Círculo de Bellas Artes en colaboración con Valle-Inclán, y así nace El Cántaro Roto, a finales de 1926.

 

En 1928 funda su cuarto teatro experimental, El Caracol, intento de mayor envergadura, clausurado por orden gubernativa. La década de los treinta la inicia con las Compañías de Irene López Heredia en Argentina e Isabel Barrón a su vuelta a España, con quien funda la Compañía Clásica de Arte Moderno. Pretendía así hacer un teatro comercial digno sin abandonar sus intentos renovadores. Pero pronto se desengaña por la excesiva preocupación de la primera actriz por salvar la taquilla a costa de la baja calidad del repertorio.

 

Es entonces cuando tiene la gran ocasión de dirigir durante cinco temporadas en el Español la mejor compañía del momento, la de Margarita Xirgu (a la que pronto se añade Enrique Borrás). En esas cinco temporadas está concentrado lo mejor y más renovador del teatro de esa época: Lorca, Valle-Inclán, Benavente, Unamuno, Alberti y las versiones actualizadas de los clásicos y románticos: Tirso, Calderón, el Duque de Rivas (cuyos Romances editó Rivas Cherif en “Clásicos Castellanos”). Con el colofón en 1935 del centenario de Lope, que dio ocasión para lucir esa labor. El puso en pie textos tan elogiados como Divinas palabras, La sirena varada, Mariana Pineda, Yerma, La zapatera prodigiosa, Fermín Galán, La corona (de Azaña), El otro de Unamuno y su versión de la Medea de Séneca (en Mérida). Sin la labor de Rivas Cherif y sus colaboradores quizás esos textos dramáticos no hubieran sido posibles y, desde luego, no hubieran subido a las tablas con la dignidad que lo hicieron.

 

Pero esto no le hizo descuidar su faceta experimental, ya que su estrategia iba encaminada a lograr una convergencia entre teatro comercial y de ensayo. Por eso pone en marcha el Teatro Experimental del Español en colaboración con Margarita Xirgu. Otra iniciativa es el Teatro Pinocho, y una fundación exclusiva suya, la Compañía Dramática de Arte Moderno. Todo ello culminaría en 1933 con el establecimiento de una escuela de teatro. Su consecuencia más inmediata fue el Estudio Dramático del Teatro Español, convertido pronto en el TEA (Teatro Escuela de Arte). El TEA pretendía renovar a fondo el hecho teatral en su totalidad, y no tenía nada que ver con el teatro de aficionados. El TEA funcionó entre 1933 y 1935 bajo la dirección de Rivas Cherif. Pero al remodelar el teatro María Guerrero queda sin escenario. Y al negarle la renovación del contrato en el Español, Rivas Cherif ha de iniciar la temporada 1935-1936 en Barcelona y continuarla por La Habana y México. La guerra civil hizo lo demás para desbaratar sus logros. Impenitente hombre de teatro, Rivas montó durante su encierro en el Penal de Dueso otro grupo dramático.

 

Conocido como poeta, autor, actor, director, traductor, crítico infatigable, animador y renovador de la escena, Cipriano de Rivas Cherif nació en Madrid el 13 de enero de 1891 y murió en México en 1967. Hizo sus estudios en las Universidades de Valladolid y Madrid hasta licenciarse en Derecho y luego estudió con una beca en el Colegio de España en Bolonia, doctorándose en aquella Facultad. Paralelamente a sus estudios desarrolló su actividad literaria y a los dieciséis años de edad publicó ya un tomo de poesía titulado Versos de Abril (1907). Escribe la novela Los cuernos de la luna (1908) y la comedia El cristal con que se mira (1909). Conoce a Manuel Azaña en el Ateneo de Madrid en 1914, y con él participa desde entonces en diversas actividades literarias, como la fundación de la revista La Pluma (1920-1923). Rivas Cherif colaboró habitualmente en España, El Liberal, La Libertad, El Sol y Heraldo de Madrid. Traduce un buen número de obras, que se recomiendan por su fidelidad y elegancia del lenguaje, de diversos escritores ingleses, franceses e italianos, entre ellos, San Francisco, Dante, La Rochefoucauld, Fóscolo, Bennet, Goldini, Pirandello, etc. En 1923 publica la novela Un camarada más. Se distinguió también como conferenciante, siendo dignas de mencionar las conferencias sobre arte que dio en el Museo del Prado (1923-1924) y en Lisboa con motivo de la actuación de la actriz Mimí Aguglia (1925). Publica, entre otras, las obras dramáticas Trance (1926) y Un sueño de la razón (1929). Premio Nacional de Literatura en 1931. Rivas Cherif es también subdirector del Conservatorio y autor de varias coreografías y ballets. Hallándose en México con la Xirgu el 18 de julio de 1936, deja la Compañía y regresa a España para ponerse a las órdenes del gobierno de la República, que, con Azaña ya presidente -cuñado suyo desde 1929 por su matrimonio con Dolores Rivas Cherif-, se enfrenta al alzamiento militar con el que se inicia la guerra. Nombrado cónsul en Ginebra, permanece en Suiza hasta 1938, año en que se traslada a Barcelona para ocupar el cargo de introductor de embajadores. Exiliado en Francia desde febrero de 1939, es apresado en 1940 por la policía franquista y la Gestapo alemana, llevado a España, juzgado sumariamente y condenado a muerte. Conmutada la pena por treinta años de reclusión, transcurre seis en prisión, donde escribe Retrato de un desconocido -vida de Manuel Azaña-, obra que empezó en el Penal del Puerto de Santa María (Cádiz) el 3 de noviembre de 1941 y la terminó en el Penal del Dueso el mismo día dos años más tarde, es decir, exactamente en el tercer aniversario de la muerte de Manuel Azaña. Rivas Cherif sale del Penal del Dueso en “libertad provisional” en julio de 1946 y fija su residencia en Madrid. Forma compañía y estrena en el Lara, de Madrid, su comedia La costumbre con María Cañete como actriz principal. Incómodo, extraño ante las nuevas circunstancias, Rivas Cherif, decide exiliarse. El día que se embarcó en el puerto de Cádiz para salir de España había una nueva orden de arresto contra él. Pero la orden se había cursado sólo a los aeropuertos... En 1947, recién llegado a México, inicia su trabajo como director y monta La guarda cuidadosa de Cervantes, y La vida es sueño, de Calderón. Un año después, funda el Teatro Español de América, y presenta Esquina peligrosa, de Priestley; La Locandiera, de Goldini; Los árboles mueren de pie, de Alejandro Casona... De 1949 a 1953, reside en Puerto Rico, y con actores puertorriqueños presenta nuevos espectáculos: El alcalde de Zalamea, Yerma, La casa de Bernarda Alba... Tras una breve estancia en Guatemala, invitado como director de teatro vuelve a México y allí dirige o asesora varios grupos experimentales. En los últimos años, intenta reactualizar el Bululú, ofreciendo en salas y teatros varios espectáculos de este género, entre los que destaca el dedicado a Farsa y licencia de la reina castiza. Simultáneamente, Rivas Cherif trabaja como profesor universitario (Universidad de Puerto Rico, Universidad Autónoma de México, México City College, etc.) y publica incesantemente: prólogos, artículos, etc.

 

En el escenario político español, 1931 marcará un hito trascendente en el devenir histórico del país. En abril, a raíz de unas elecciones municipales se proclama la Segunda República. Con papel membrete del Hotel Nacional y fecha de la madrugada del 14 de abril escribe la Xirgu a su hermano Miguel, con hermosa letra de trazo grande, enérgico y claro: “En el segundo entreacto ha llegado Cipriano (Rivas Cherif), ése ha traído más noticias, pero como quiere mucho a Azaña, no podía hablar de emoción y también con lágrimas en los ojos nos ha dado un Viva a la República que han contestado todos... Si después de todo esto viene una Dictadura Militar y no pasa nada, es que no hay vergüenza en unos y otros”.

 

Rivas Cherif desde el primer momento estuvo al lado del pueblo, lo cual equivale a decir al lado de la verdad y la justicia, pera sentirse así engrandecido y libre. Para él, arte y literatura era verdad, poesía, drama y no juego; era  hombre, libertad. No en vano de él, dijo el padre de Federico García Lorca: “Es un hombre de talento que sabe ir por la vida”.


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