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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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LAS COSAS QUE SIGUEN PASANDO

Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Aquí el pensamiento reposa.
En su vida hizo otra cosa.”
Mariano José de Larra

A Larra le acusaron de falta de ternura, igual que a Quevedo, su maestro, sin comprender que su ternura consiste en el amor a España. Está por encima de los fanatismos y tópicos que ensangrientan el país, precisamente su “ternura” hacia millones de españoles a los que quiere ver trabajando y no guerreando; en sus hogares y no en las cárceles, convertidos en auténticos ciudadanos y no en viles esclavos de unos principios que no pueden digerir y enfrentan a los unos con los otros... Porque uno de los grandes males del país es la obcecación, la ausencia de un sentido común colectivo que arrastra a innecesarios conflictos. A este respecto, Larra formula su gran epitafio nacional: “Aquí el pensamiento reposa. / En su vida hizo otra cosa”.

En un época de libelos y procacidades, Larra da una lección de auténtico periodismo. Lleva al periódico la crítica y el comentario de actualidad, situando el artículo en su límite justo: máximo atrevimiento y ardor en defensa de la verdad. Su consigna es la defensa de la verdad.

A pesar de la mordaza de la censura, a Larra se le oye bastante bien. Analiza en sus artículos la moral social, las costumbres, la política, la literatura... Combate Larra la triste realidad de que muchos pasen la factura de la adhesión política para obtener cargos. “Pero si esperan a llamar buen Gobierno –decía- a aquel que a cada vecino le dé veinticuatro mil reales de renta por su manifiesta adhesión, nunca lo habrá en este país...” Exacto. Si el concepto buen gobierno lo confundimos con el reparto de empleos y “enchufes” siempre estará descontenta más de la mitad del país, pues no habrá “enchufes” para todos.

En su artículo Vuelva usted mañana, Larra expone la tragedia del ciudadano que desea resolver un asunto en cualquier departamento oficial. Los “jefes” de la Administración parecen estar en todas partes y no encontrarse en ninguna. O aún no ha llegado o acaba de marcharse. Siempre tiene otra cosa, que le sirve de excusa. Y como se necesita la firma de ese “jefe” e invisible ciudadano para resolver el asunto hay que volver siempre otro día.

Las cosas no se arreglan y no parece existir interés en arreglarlas. Todos son discursos y promesas hablando de posibles reformas o cambios que jamás llegan. Zahiere Larra la extraña virtud de ciertas palabras y conceptos utilizados por algunos políticos para dar la sensación de que ansían renovarlo todo, cuando sólo son partidarios –íntimamente- de que nada cambie. Aludiendo a truco tan corriente y sagaz escribe: “Las buena son aquellas palabras que no dicen nada de por sí... Con ellas no hay discurso que no se pueda sostener; no hay cosa que no se pueda probar; no hay pueblo a quien no se pueda convencer”.

Larra recogiendo la herencia de Quevedo, lleva la ironía a la prensa diaria. Dignifica el artículo y la polémica, demostrando que es factible criticar sin caer en el insulto y polemizar sin llegar a la ofensa. Y como dijo el poeta: “Las cosas que están pasando / no se nos van a quedar / en lo que se están quedando / quedándose sin pasar”.

 


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