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MANUEL BARTOLOMÉ COSSIO: LA VOZ DEL ARTE DE SABER VER


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Sólo cuando todo español, no sólo sepa leer
–que no es bastante-, sino tenga ansias de leer,
de gozar y divertirse, sí, divertirse leyendo,
habrá una Nueva España.”
Manuel Bartolomé Cossío

 

La filosofía de Cossío se mueve en la orientación hacia el arte. Cossío puede ser considerado como un filósofo del arte. “La faceta de Cossío artista –dice Carbonell-, en el hacer, en el pensar, en el vivir, no puede deslindarse de la del Cossío educador. Porque esa es una de sus virtudes: la simbiosis entre arte y moral, entre estética y educación. En la belleza se halla lo divino, solía decir”. Y esto era sentido así tan profundamente que su obra pedagógica puede considerarse como una reflexión sobre “el arte como forma de pensar y como modelo de conducta”.

En ese punto se inserta esa filosofía del arte como forma de educación, cuya fórmula básica es enseñar “el arte de saber ver”, tal como lo desarrolla en su ensayo Carácter de la Pedagogía contemporánea.

La obra de Giner de los Ríos no es entiende sin la de Cossío, como tampoco la de éste sin la de aquél, y no sólo porque Cossío continúe a Giner, sino porque ambos son complementarios. Azorín con su aguda sensibilidad, ha sabido una vez más desentrañar esa complementariedad: “Cossío y Giner –nos dice- tienen una misma luz. Pero el color de la luz es distinto. En Giner, reconcentrado, todo inclina a la serena jovialidad. En Cossío , expansivo, todo induce a la melancolía. El peligro en hombres como Giner y Cossío está en la imaginación. Cuanto más se restringe la vida, tanto más se ha de recortar la imaginación. Y la imaginación es la sal del mundo. El problema a resolver consistirá para un Giner, para un Cossío, en llegar a la sencillez austera sin mermar la imaginación. El problema lo han resuelto de diversas maneras los santos. Lo resolvió –lanzándose a la plena y humana jovialidad- Felipe Neri. Lo resolvió –lanzándose a las fundaciones- Teresa de Jesús, Giner y Cossío lo han resuelto en el amor a la Naturaleza y al Arte”. En efecto, si Giner se había realizado plenamente como hombre y como pedagogo en ese amor a la Naturaleza, Cossío lo hará íntegramente a través de su amor al Arte.

Manuel Bartolomé Cossío nace en Haro, ciudad de la Rioja, el 22 de febrero de 1857. Una parte de su infancia la pasó en Aranda del Duero, Sepúlveda y Arévalo. Entre 1868 y 1871 estudió en el colegio de El Escorial, pasando después a Madrid, donde se licenciará en la Facultad de Filosofía y Letras. Es en estos años cuando entra en contacto con Francisco Giner, por el que mantendrá una devoción y una amistad imborrables, que les llevará a colaborar incansablemente en la Institución Libre de Enseñanza desde el momento mismo de su fundación. Pero Cossío es casi veinte años más joven que su maestro, y su formación no está terminada. Entre 1879 y 1880 permanecerá en Italia como colegial de San Clemente de Bolonia, viaje que dejará honda huella. No menos importante que el que realizó con Giner a Inglaterra. En estos años, Cossío queda marcado para siempre por dos grandes vocaciones: la pedagógica, a la que le llevó la influencia de Giner; y la artística, en la que tuvo como principal inspirador a Juan Facundo Riaño, extraordinario erudito y poseedor de una magnífica colección relacionada con las artes decorativas españolas.

Una vez finalizados sus años de aprendizajes, Cossío gana por oposición la cátedra de Teoría e Historia del Arte de la Escuela de Bellas Artes de Barcelona. Allí permanece poco tiempo, pues en 1882 se crea el Museo Pedagógico Nacional de Madrid y en 1884, previa la oposición correspondiente, Cossío gana la plaza de director del mismo. A partir de entonces, alternará su tiempo entre el Museo Pedagógico y la Institución Libre de Enseñanza; ambas instituciones absorberán prácticamente todo su tiempo del que fue extremadamente generoso: “Su tiempo fue de todos –comenta Américo Castro-, de cualquiera que llegaba en solicitud de una palabra, que sin tasa ni mesura era administrada con olvido absoluto del interés propio. El interés justamente consistía en ocuparse de los demás”.

En 1901 se encarga de la cátedra de Pedagogía general, que funcionaba en el Museo Pedagógico, y en 1904 se le nombra catedrático de Pedagogía superior en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid, consiguiendo que la disciplina adquiera rango universitario. Será profesor también de la Escuela de Criminología y en la Escuela Diplomática; asistirá a congresos, a exposiciones y a conferencias internacionales, convirtiéndose en el más activo paladín de la educación en España. Al morir Giner en 1915 toma su relevo en la Institución, convirtiéndose en el alma de la misma, y en 1921 se le nombró Consejero de Instrucción Pública. Al proclamarse la República en 1931, a pesar de estar ya muy enfermo, se convertirá en el inspirador y creador de lo que quizá va ser su más importante proyecto: las “Misiones Pedagógicas”. “La revolución más profunda realizada en España en los últimos años de su vida libre –la reforma de la educación- se debe íntegramente a Cossío”, decía Joaquín Xirau. Y esto fue tan ampliamente reconocido al final de su vida que el gobierno le nombró Ciudadano de Honor, llegando a considerarse seriamente su propuesta a candidato como Presidente de la República. Manuel Bartolomé Cossío murió en Collado Mediano (Madrid) el 1 de septiembre de 1935.

La obra escrita de Cossío es muy escasa. Como pedagogo, casi todo lo que escribió fueron artículos o ensayos recogidos en el Boletín de la ILE; también deben consultarse las publicaciones que bajo su dirección se hicieron en el Museo Pedagógico Nacional, donde apareció su libro La enseñanza primaria en España. Otros libros destacados son: De su jornada y El Greco.

“Lo urgente hoy en el mundo –decía Cossío- es evitar otro espectáculo aún más triste: el de los jóvenes que llegan a las aulas universitarias sin saber oír , ni leer , ni pensar , ni decir lo que piensan ”.

 


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