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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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RODRIGO COTA: LA VOZ PRECURSORA DEL TEATRO ESPAÑOL


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“¡O divina hermosura,
ante quien el mundo es feo,
imagen cuya pintura
pintó Dios a su figura!
Yo te veo y no lo creo.”
Rodrigo Cota

 

 

 

Tras Santillana; Mena y Manrique, otros cinco poetas del siglo XV sobresalen del resto por su personalidad: Gómez Manrique, Antón de Montoro, Juan Álvarez Gato, Garci Sánchez de Badajoz y Rodrigo  Cota.

 

Poco se sabe del poeta toledano Rodrigo Cota de Maguaque, judío converso,  que debió morir hacia 1498 y a quien para distinguirle probablemente de algún sobrino del mismo se conoce por el Viejo o por el Tío. Durante la razzia contra los judíos de 1474  se sumó a los cristianos degolladores de conversos, conducta que mereció la repulsa airada del poeta cordobés Antón de Montoro, que era también judío converso.

 

En 1511 se publica en el Cancionero General de Hernando del Castillo  la obra principal de Rodrigo Cota el Diálogo entre el amor y un viejo que conlleva elementos dramáticos y líricos rudimentarios hábilmente entremezclados. Ante un viejo retirado en un huerto yermo, aparece el Amor al que aquél increpa como causa de los afanes, celos y pasiones de los hombres. El viejo termina su diatriba alegrándose por estar fuera de sus garras; pero el Amor, en una especie de debate, le muestra su lado halagüeño. Y cuando el anciano le  pide que lo abrace, el Amor reanima aparentemente su cansado vivir, le comunica su fuego oculto y una vez sometido, se burla de él y de su vejez. Lo teatral de esta pequeña obra maestra no reside en la disputa primera, semejante a los debates medievales, sino en el movimiento dramático del desenlace. Las virtudes escénicas de estas setenta estrofas de nueve versos octosílabos, fáciles, armoniosos y de una hondura notable para su época, las acercan a la representación teatral.

 

La importancia del Diálogo entre el amor y un viejo, aparte de su lirismo, radica en el lugar que se le otorga en la literatura dramática castellana. Moratín la introdujo en sus Orígenes del teatro español, afirmando que la obra tiene acción, nudo y desenlace. Fuera una obra destinada a la representación o no, es evidente su influjo en dos obra de Encina: La Representación del Amor y la Égloga de Cristino y Febea, y tiene puntos de contacto con La Celestina, cuyo primer acto atribuye a  Cota el mismo Rojas. Como es sabido, la edición de 1499, de La Celestina, apareció sin título y sin autor, las de 1500 y 1501, sin embargo, añaden unas octavas acrósticas y la “Carta del autor a un su amigo”, a través de la cual además de descubrir a  Fernando de Rojas, conocemos su declaración de que él se había encontrado escrito el primer acto y decidió continuar la obra a partir de él. Rojas respecto al autor primero cita a Rodrigo Cota y Juan de Mena. De las dos, la candidatura de Cota parece la más plausible. Miguel Marciales llega a afirmar sin dudas que Cota es el autor del primer acto, pero la verdad es que todavía se carece de pruebas que pueden ser consideradas como concluyentes. A Cota se le han atribuido además la autoría de las Coplas del Mingo Revulgo, y las del Provincial. Lo que si escribió, ciertamente, fueron unas canciones burlescas contra Diego Arias de Ávila, contador mayor de los Reyes Católicos, por no haberle invitado a la boda de su hijo, canciones que tienen un interés histórico por su descripción de las costumbres de los judíos españoles. Y como dijo el poeta toledano: “Porque yo quiero / que tengas solo contigo / el secreto, buen testigo / del amor qu’es verdadero”.


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