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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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ALVARO CUBILLO DE ARAGON: ALVARO CUBILLO DE ARAGON


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Mas la comedia búscala graciosa,
entretenida, alegre, caprichosa...
y breve, que no es bien, faltando el tiempo
que gaste mucho tiempo el pasatiempo...”
Alvaro Cubillo de Aragón

 

Lo que en sus comedias más representativas interesa a Cubillo es el juego escénico, la gracia menuda, la pincelada suave, la certera metáfora, que el autor organiza y dispone para lograr un ingenioso pasatiempo, y siempre –como dice Valbuena Prat- “con labor de orfebre y no de arquitecto”. Es ese sentido de la comedia lo que le sitúa en un plano artístico muy moderno para su época, puesto que anticipa primores y delicadezas de la centuria inmediata.

El estilo de Cubillo participa de la imagen de Góngora y de la construcción de Calderón; pero sin la dureza marmórea del primero ni la rigurosa estructura del segundo, antes bien con una minúscula complacencia en los detalles, en la que se advierte la peculiar sensibilidad de su ingenio granadino.

Alvaro Cubillo de Aragón nace en Granada hacia 1596. De familia modesta pero no carente de recursos, pudo Cubillo cursar estudios de jurisprudencia, aunque parece que no llegó a recibirse de abogado. Ocupado en oscuras profesiones vivió temporalmente a más de su ciudad natal, en Córdoba y en Sevilla, donde fue adquiriendo reputación de escritor y sobre todo de poeta dramático. Vélez de Guevara lo califica como “excelente cómico y gran versificador, con aquel fuego andaluz que todos los que nacen en aquel clima tienen”.

En 1641 Cubillo adquirió por compra un cargo de escribano en Madrid, y allí se inscribió como tal en la Sala de Alcaldes de Casa y Corte. Cubillo había casado en Granada con doña Inés de la Mar, de la que tuvo once hijos, y el sostener tan dilatada prole fue la tragedia de su vida. Ni su cargo ni sus comedias le daban para vivir, y sus apuros económicos fueron tan continuados como acuciantes. Muchas de sus composiciones adulatorias, con expresas demandas de dinero a los magnates o al propio rey, fueron incluidas por el propio Cubillo en el volumen antológico de su producción, poética y dramática, que publicó en Madrid en 1654 bajo el título de El enano de las musas.

En un primer momento, Cubillo sigue de cerca las huellas de Lope y de su escuela. A él pertenecen Ganar por la mano el juego, comedia de santos y bandoleros; El vencedor de sí mismo y El amor cómo ha de ser.

En un segundo periodo sobresalen especialmente las comedias heroicas. El conde de Saldaña –también llamada El bastardo de Castilla- con su segunda parte Hechos de Bernardo del Carpio, en las que ya está patente la interpretación del momento calderoniano con su reducción a unidad. Notables son también las comedias El rayo de Andalucía y G enízaro de España. Sin embargo, la forma más perfecta del teatro de Cubillo, la más personal y la que justifica, por lo tanto, el puesto que ha de otorgársela en la dramática de su tiempo , está representado por las comedias de costumbres y sobre todo por cuatro de ellas: La perfecta casada, Perderse por no perderse ,El señor de Noches-Buenas, y, especialmente, Las muñecas de Marcela, delicada miniatura, que observa con cariño los detalles y las cosas nimias de lo cotidiano, dejando a un lado el enredo típico de al comedia de capa y espada.

Cuando el duque de Gramont llegó a Madrid como embajador extraordinario de Francia para firmar la paz de los Pirineos, Cubillo fue encargado de escribir la relación de su entrada y de las fiestas que se le hicieron. Falleció el poeta en Madrid el 21 de octubre de 1661. En un romance biográfico, que puso al frente de El enano de las musas afirma haber escrito cien comedias, y como dijo el poeta granadino: “Si a la comedia fueres inclinado / y dejares tu casa estimulado / de tus propios dolores, / nunca vayas a ver en ella horrores”.

 


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