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LA DEGRADACIÓN AMBIENTAL


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“El virginal renacimiento
iluminó al superviviente.
Enmudecido quedó el viento
ante la vida diferente.”
Miguel Hernández

 

La progresiva contaminación del medio ambiente, causada por la actividad humana es un fenómeno cuyo manifiesto incremento ha motivado una preocupación generalizada.

Es raro el día que no se difunden noticias sobre las múltiples aberraciones que siguen cometiendo los hombres, en orden a destruir su medio natural: la desforestación, la desertización, el efecto invernadero, los agujeros de ozono, la acumulación de basuras en este gran vertedero incontrolado en el que habitamos, la lluvia ácida, etc., etc.

Sin embargo, se habla menos de los problemas de contaminación en los puestos de trabajo, a pesar de ser la más antigua agresión ambiental a la salud humana y de estar propagándose a un ritmo sin precedente a capas cada vez más amplia de trabajadores, de forma que cada vez son más los trabajadores de “cuello blanco” que se ven afectados.

Si bien es verdad que los niveles de contaminación en muchos puestos de trabajo han descendido cuantitativamente, no es menos cierto, que ha ido acompañado de un empeoramiento cualitativo. La enorme capacidad de la industria para poner en el mercado nuevas sustancias sin que se haya llevado a cabo, con carácter previo, estudios sobre su toxicidad, ha conducido a la situación actual, en la que nos vemos rodeado de miles de sustancias de las que no sabemos nada o casi nada acerca de los efectos que pueden producir su contacto dérmico, inhalación o ingestión en aquellas personas supervivientes de este acelerado proceso de degradación ambiental. Y no cabe duda que quienes tienen un contacto más intenso y prolongado con esas sustancias de “efectos desconocidos” son los trabajadores que la fabrican, envasan o aplican y, por tanto, los que están expuestos a mayores riesgos. Lo mismo ocurre con las manifestaciones energéticas potencialmente dañinas, tanto como el ruido, las vibraciones y los numerosos tipos de radiaciones, los rayos X, las microondas, los rayos infrarrojos, etc.

Hay que destacar igualmente, la rápida extensión de la contaminación del medio ambiente de trabajo desde las ocupaciones de tipo industrial a las de sector terciario. En la era del ordenador, todas las oficinas han sido invadidas por la contaminación. Hasta los hospitales, lugares que supuestamente fueron construidos para curar han sido saturados de riegos profesionales: los equipos de radiodiagnóstico con peligrosas radiaciones, especialmente, los rayos X, los radioisótopos empleados en el tratamiento de cáncer, la manipulación de determinados medicamentos extremadamente tóxicos y de uso exclusivamente hospitalario, los gases anestésicos relacionados con el aborto blanco, el óxido de etileno, etc.

Un reciente ejemplo de la extensión de los riesgos ambientales a sectores profesionales supuestamente exentos de aquellos, lo constituye el llamado síndrome del edificio enfermo que fue descrito por primera vez a finales de la década de los 80 y que se presenta en edificios cuya ventilación se realiza únicamente a través de un sistema centralizado de acondicionamiento de aire, con escasa renovación del aire con el fin de minimizar el consumo energético.

En la actualidad se puede afirmar que la patología profesional se ha universalizado si bien sus manifestaciones son más sutiles, dificultándose así la identificación del origen laboral de sus causas.

El progresivo deterioro del medio ambiente en el que se hayan implicadas las tecnologías supuestamente avanzadas nos llevará, de no tomarse las medidas correctoras pertinentes, a un situación de riesgo en la que el único superviviente será un medio ambiente totalmente degradado en que sea imposible la vida. Y todavía hay algunos que a punto de ese final se creen que serán los supervivientes de la mayor aberración humana. Y como dijo el poeta: “Pero en frente no hay nada: la muerte, y nada más / que la muerte”.


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