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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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EL MAYOR DISPARATE: LOS ENAMORADOS DE LA VIDA Y DE LA MUERTE

Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Ven muerte tan escondida
que no te sienta venir,
porque el placer de morir
no me vuelva a dar la vida.”
(Cantar anónimo. Siglo XVII)

 

“Ven muerte tan escondida...”, es un cantar tan disparatado que ha sido constantemente repetido en la poesía del siglo XVII. Es éste un extraordinario, asombroso disparate, que llega a su colmo cuando se nos habla del placer de morir. ¿Y qué disparate mayor que el de la santa escritora de Avila? “Vivo sin vivir en mí / y tan alta vida espero: / que muero porque no muero”. Morir por no morir. Vivir muriendo. Morir viviendo.

Sin embargo, no todo en el disparate de Santa Teresa, Cervantes, Lope es puro disparate, aunque sea disparate puro. En ellos, el disparate tiene su razón viva, amorosa –humana y divina- concreta. Es en cambio, puro disparate el de Quevedo, Gracián, Calderón; porque en ellos, es el disparate quien razona.

No es lo mismo el disparate de la razón que la razón del disparate. Aunque sean los dos casos igualmente disparatados. No es lo mismo la razón que disparata que el disparate que razona. No son lo mismo las razones de disparatar (la de Cervantes, Santa Teresa, Lope) que los disparates razonados (de Quevedo, Gracián, Calderón).

En Cervantes, en Lope en Santa Teresa, la vida se dispara por la muerte, disparatándose por la muerte. En Quevedo, en Gracián, en Calderón, es la muerte la que disparata por la vida, la que se dispara contra la vida. Lo mismo, solo que al revés. Es el disparate dicho al revés, para que lo entendamos mejor. “Al revés te lo digo”, dice el disparate popular, “para que me entiendas”.

Aunque sea el mismo disparate –el de la vida y de la muerte: el disparate siempre es a vida o muerte-, no es lo mismo, el disparate de la razón que la razón del disparate. La razón del disparate en Cervantes, Santa Teresa, Lope, es la vida, la razón de la vida contra la muerte. El disparate de la razón en Quevedo, Gracián, Calderón, es el disparate de la muerte; el de la razón de la muerte –el mayor disparate- contra la vida. La vida, la razón de la vida, se dispara, en los primeros contra la pasión de la muerte; la muerte, la razón de la muerte, se dispara, en los segundos, contra la pasión de la vida. Por eso nos aparecen siempre aquellos, como amantes, enamorados de la vida; y estos otros, nos parecen, en cambio, como amantes o enamorados de la muerte.

El disparate de Quevedo, alcanza en este sentido la más portentosa forma del arte poético: “La muerte no la conocéis, y sois vosotros vuestra muerte: tiene la cara de cada uno de vosotros, y todos sois muertes de vosotros mismos”. Todas estas palabras de Quevedo, todas sus disparatadas palabras, parecen esqueléticas. La risa en los huesos. El disparate. Que como decía Sancho a Don Quijote, al morir, cuando este rechazaba sus locuras, la mayor locura de todas es morirse. El mayor disparate.

Calderón que como Quevedo, dispara o disparata la razón también del lado de la muerte, decía: “Si de la noche en su abismo / cerrara el cielo español, / muriera yo como el sol / antípoda de mí mismo”. Lo que Lope vivificaba, Calderón lo verifica. Lope miente la muerte con la vida. Calderón verifica la vida con la muerte. “ Porfiar hasta morir”, -dice, por amor, Lope-. “Amor después de la muerte” –responde Calderón-. Es el mismo disparate, solo que al revés. Y como dijo el poeta: “Os digo adiós. ¡Buena suerte! / Yo me quedo con mi muerte”.

 


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