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ESTEBAN ECHEVERRIA: LA VOZ DEL HACEDOR DE UTOPIAS


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Dime ¡oh pueblo soberano!
¿Qué hiciste de ellos liviano
cuando tuviste en la mano
tu destino y porvenir”.
Esteban Echeverría

 

El ambiente de violencias, peligros, prisiones, martirios y muertes en que vivió la Argentina bajo la larga e implacable dictadura de Juan Manuel Rosas infundió al romanticismo rioplatense un giro social y de lucha, de carácter abiertamente liberal. La disolución de la Asociación de Mayo, organizada por Esteban Echeverría se ha estimado como el más visible exponente de la lucha que los escritores sufrieron baja las más duras persecuciones.

La crítica ha coincidido en resaltar La cautiva dentro de la obra de Echeverría. La acogida por parte de los poetas jóvenes porteños fue clamorosa también lo fue de la crítica en el momento de su edición, en septiembre de 1837. En La cautiva, Echeverría se propuso crear una poesía que fuera completamente nacional, argentina: la poesía dela Pampa. En Cádiz, donde según Menéndez Pelayo, se reedita el libro, se agota media edición.

Esteban Echeverría nace en Buenos Aires el 2 de septiembre de 1805, cinco años antes de la revolución de Mayo que tanto gravitará sobre su vida y la del país. Los vientos de la liberación ya soplaban con fuerza en toda América. El absolutismo retrógrado de Fernando VII no había hecho sino deteriorar más las difíciles relaciones entre la metrópoli y las colonias.

En un fragmento autobiográfico, él mismo responsabiliza de la irregularidad de sus estudios primarios a la borrascosa situación política. A la inestabilidad del entorno se suma otra : la emocional, causada por la temprana muerte de su padre, el comerciante vasco José Domingo Echeverría.

Su adolescencia es disipada y bohemia, aunque seguramente, menos peculiar a lo que él lamenta al declararse don Juan y libertino. Á la muerte de su madre, en 1822, se marcha al campo para buscar paz y consuelo en la naturaleza. En ese mismo año, se inscribe en la flamante Universidad de Buenos Aires. Estudia filosofía y latín. A finales de 1823 comienza a trabajar como dependiente de aduana en unos almacenes mayoristas.

En marzo de 1826, luego de un viaje azaroso, llega a París con una guitarra y unos pocos libros. En la Sorbona estudia economía política y legislación, y “como desahogo a estudios más serios –según él mismo escribe- me dediqué a leer algunos libros de literatura. Shakespeare, Schiller, Goethe y especialmente Byron me conmovieron profundamente y me revelaron un nuevo mundo”. Y si bien su conversión al romanticismo estético fue súbita, su asimilación del socialismo utópico pertenece a una etapa posterior.

En París asiste a algunas tertulias literarias y escribe sus primeros poemas. Vuelve a Buenos Aires, en junio de 1830. “Al volver a mi patria ¡cuántas esperanzas traía! Pero todas estériles: la patria ya no existía”, diría el poeta.

Al poco tiempo de llegar de París publica en La Gaceta Mercantil “Regreso” y “Celebridad de Mayo” , que luego incluirá en Los consuelos (1834). Por esa época frecuenta el salón de Mariquita Sánchez, dama progresista y patriota, donde se vincula con jóvenes que luego formarán el grupo conocido como la Generación del 37.

En 1832 aparece Elvira o la novia del Plata , que tendrá el mérito de introducir el romanticismo en el Río de la Plata. La cumbre de su actividad poética la consigue con La cautiva, que aparece incluida en Rimas (1837). Comienza su primer poema de tema político, La insurrección del sud, que publicará años después en Montevideo. Pero su obra más conocida es el relato costumbrista de descarnado realismo, El matadero (1838), escrito el mismo año en que fundó la asociación secreta “Joven Argentina” (más tarde llamada “Asociación de Mayo” ), para luchar contra la brutal tiranía de Rosas.

Echeverría se ve obligado a exiliarse al Uruguay. En 1841 se instala en Montevideo. Allí escribe La guitarra o primera página de un libro, poema autobiográfico. Es curiosa la coincidencia de la reaparición de la guitarra, como tema de su primera composición importante del exilio. La obra cumbre de esta etapa es, sin duda, el Dogma socialista de la Asociación de Mayo.

Desterrado, pobre, enfermo y olvidado, el poeta encarna todas las fatalidades “románticas”, a su dolencia cardiaca se suma una tisis que completa el arquetipo y le anuncia continuamente “que en juventud temprana / morir es su destino”.

En 1840 participa como miembro del primer Consejo de la Universidad Nacional de Montevideo. Pero en agosto del año siguiente debe pedir la baja por el empeoramiento de su siempre precaria salud. Finalmente, y para coronación de esa adversidad “romántica” muere en Montevideo el 19 de enero de 1851, poco antes del pronunciamiento de Urquiza, sin ver cumplido el proyecto al que había consagrado su vida y su poesía. Su proyecto político se cumple en la orientación de la Constitución y en la acción de gobierno de sus compañeros de generación que dirigirán el país hasta fines de siglo.

Además de ser un propulsor de iniciativas múltiples es un realizador de utopías que consigue pensar una nación y fijarla en su literatura. Y como dijo nuestro poeta “Murió, por siempre cerrados / están sus ojos cansados / de correr por llanuras y cielo, / de sufrir tanto desvelo... “



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