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VICENTE ESPINEL: LA VOZ DEL POETA DE RONDA

Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Contentos, cuya memoria
a cruel muerte condena
idos de mí en horabuena,
y pues que no me dais gloria
no me vengáis a darme pena.”
Vicente Espinel

 

Dos tópicos honran a Vicente Espinel desde la época de Lope de Vega: la invención de la décima, llamada también por ello espinela , y la adición de la quinta cuerda a la guitarra.

Coetáneo de Herrera, Cervantes, Góngora y Lope, el poeta de Ronda, en el panorama del humanismo español es una figura relevante por sus composiciones poéticas y también por su influencia sobre grandes autores de nuestro Siglo de Oro, ejercida desde su consagrada autoridad de gran latinista. En 1620 Lope de Vega declara públicamente que fue Espinel quien le enseñó “a escribir en dos lenguas”.

Espinel, casi veinticinco años más joven que Fray Luis de León, está colocado cronológicamente en un periodo que une la generación del maestro conquense y la de los grandes nombres de la primera mitad del siglo XVII. Por otro lado, su temperamento personal, sus dotes de poeta y músico, y también la influencia en Lope le colocan en una posición de tránsito entre la figura del maestro humanista de las aulas salmantinas y el escritor vocacional de preocupaciones estrictamente literarias.

Su Marcos de Obregón es una obra híbrida entre autobiografía y “libro de viajes empotrado en picaresca”. Marcos es un hidalgo solariego, hijo de montañeses del valle Cayòn, en Santander y, por tanto, desde su nacimiento está fuera del círculo de realidad y apariencia del pícaro. Marcos es un escudero de honra, disfrazado a veces de pícaro sólo para entretener y dar movilidad a una renovación cuyo fin último es moralizar.

Vicente Espinel nace en Ronda el 28 de diciembre de 1550. Hijo de Francisco Gómez Espinel y de Juana Martínez. Hizo sus primeros estudios en su ciudad natal y lo envían con un arriero a estudiar a la Universidad de Salamanca, donde aparece matriculado los cursos de 1571 y 1572. Es ahí donde se inscribe con el nombre de Vicente Martínez Espinel. El mismo declara que tomó el segundo apellido de su padre, para pasar a la historia como Vicente Espinel. En Salamanca subviene a sus necesidades dando lecciones de canto. Cerrada la Universidad de Salamanca por desórdenes estudiantiles promovidos con motivo del proceso de Fray Luis de León. Vuelve a Ronda, caminando dice él, “ a la apostólica”. Obtiene una capellanía fundada por unos tíos suyos; reanuda en Salamanca sus estudios. De espíritu inquieto, su vida es agitada. Soldado en Italia, es hecho prisionero por los piratas de Argel; por la intervención de la flota genovesa recobra la libertad. Estudia música en Milán; participa en los Tercios de Flandes. Quiere viajar a las Indias. Vuelve a España, y gracias a una Epístola dirigida al obispo Pacheco y en la que condenaba los excesos de la juventud, obtiene las órdenes en Málaga. Fue nombrado capellán del Hospital de Ronda, donde llevaba una vida poco edificante; pasó a Madrid, y, graduado maestre de Artes en Alcalá (1599), obtuvo una capellanía cerca del obispo de Plasencia, en el mismo Madrid. Murió en Madrid, el 4 de febrero de 1624, y fue enterrado en la iglesia madrileña de San Andrés.

Es autor de Relaciones de la vida y aventuras del escudero Marcos de Obregón (1618), novela picaresca, más ingenua que Guzmán de Alfarache y menos cruda que el Buscón. Su lenguaje es claro con muchos aciertos poéticos. Como poeta, escribió Arte poética, que no es sino una traducción de Horacio, y Rimas (1591), donde se acreditó como lírico.

En su Marcos de Obregón no cesa de deleitarnos, y así nos cuenta sobre la virtud que tiene de curar por ensalmos, oficio que dice ejercer “con tanta aprobación y opinión de todo el mundo... curo con tal dulzura, suavidad y ventura, que de cuantos vienen a mis manos no se mueren más que la mitad, que es en lo que estriba mi buena opinión; porque estos no hablan palabra, y los que sanan dicen mil alabanzas de mí, aunque quedan perdigados para la recaída, que todos vuelan sin remedio”. A pesar, y por encima de la condición de pícaro; Marcos se nos ofrece como modelo de virtud y honra. “Yo no puedo tragar una mentira ni engaño... Las burlas han de ser pocas y sin daños a terceros y tales que el mismo contra quien se hacen guste de ellas...”. La virtuosidad de Marcos nace esencialmente de su honra ostentada como actuación y como reputación.

Antes de la muerte de Espinel, Lope, en El laurel de Apolo, le califica de “único poeta latino y castellano de estos tiempos”. Cervantes en el Canto de Caliope, escribe: “Del famoso Espinel cosas diría / que exceden al humano entendimiento, / de aquellas ciencias que en su pecho cría / el divino de Febo sacro aliento; / mas pues no puede de la lengua mía / decir lo menos de lo más que siente, / no diga más sino que al cielo aspira, / ora tome la pluma, ora la lira”.

 


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