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  Guías culturales

PEDRO ESPINOSA: LA VOZ DEL CANTOR DE LA NATURALEZA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“Hay blancos lirios, verdes mirabeles
y azules, guarnecidos alhelíes,
y allí las clavellinas y claveles
parecen sementeras de rubíes.”
Pedro Espinosa. Fábula del Genil


 

Pedro Espinosa publica en 1605 la mejor antología de su tiempo, Flores de poetas ilustres de España, que intenta recoger lo más granado de la poesía de su época. Y sucede que el muestrario ofrecido (aparte del natural afán reivindicatorio   de sus paisanos el grupo antequerano) es el fiel reflejo de una realidad evidente: lo mejor cualitativa y cuantitativamente, es la riquísima aportación de los poetas andaluces.

 

En la transición del XVI al XVII se produce un auge del romancero artístico en el cual entra por mucho lo culto. Una ciudad como Antequera constituye, pese a su exigüidad, un importante foco de cultura. Lo peculiar del llamado grupo antequerano-granadino es la práctica de un manierismo preciosista que evolucionará estilísticamente hacia el barroco formal. Estos poetas siguen la línea inaugurada por Barahona de Soto: el canto a una naturaleza exultante y plagada de las bellezas más exquisitas. En ello será maestro Pedro Espinosa, buen conocedor de todos los círculos poéticos de Andalucía ya que “escaló el mundo con cartas” y con viajes, para la preparación de su antología.

 

Pedro Espinosa nace en Antequera en 1578 y muere el 21 de octubre de 1650 en Sanlúcar de Barrameda, donde fue capellán del duque del Medina Sidonia. Su vida es un llamativo ejemplo de opciones sucesivas en los modos de vida que se ofrecían a un hombre de su tiempo y de su condición: fervor juvenil por la poesía, que le llevó al trato amplio de los círculos cultos andaluces de Antequera, Granada, Sevilla, Córdoba como camino para la preparación de su gran antología cortesana de poesía lírica del Siglo de Oro español; vida contemplativa al pie de una sierra cercana de Antequera, en un retiro amenizado por el cultivo de la poesía, finalmente vida cortesana en Sanlúcar de Barrameda, bajo la protección de don Alonso Pérez de Guzmán, conde de Niebla y duque de Medina Sidonia desde 1615. Y paralelamente su trayectoria poética: versos amorosos a Crisalda (probablemente la poetisa doña Cristobalina Fernández de Alarcón), pasando por composiciones religiosas y devotas, hasta la obra panegírica al servicio del protector. Dejó algunas obras en prosa, especialmente la novela satírica El perro y la calentura (1625) bastante influida por Quevedo.

 

Por encima de la diversidad temática, la poesía del poeta antequerano es sobre todo un canto exultante a la naturaleza y sus maravillas, mostrando una exquisita sensibilidad y el dominio de una técnica hecha de sensualidad y cromatismo. Por sus realizaciones léxicas y sintácticas se inscribe plenamente en el cultismo que presagia, cuando no emula, a Góngora. Pero también es ejemplo -particularmente en la poesía de certámenes- de un apretado y denso conceptismo que se hace eco de una orientación poética muy en boga en su tiempo. En el primer tercio del siglo XVII, la proporción de poetas de Antequera en relación al número de habitantes era superior, sin duda, a la de ninguna otra población de España.

 

La ovidiana Fábula del Genil de Espinosa puede relacionarse con el Polifemo de Góngora y con la Tercera Egloga de Garcilaso. Este prodigioso poema en treinta octavas reales muestra lo mejor del arte del poeta antequerano. “Con la Tercera Egloga de Garcilaso -escribía Rafael Alberti- y la Fábula del Genil, de Pedro Espinosa, escritas también en esa misma estrofa, esta Fábula del Polifemo y Galatea forma el trío de los grandes poemas del Renacimiento español. Hay que hacer justicia a Pedro Espinosa que con su Fábula del Genil, su Soledad de Pedro Jesús y sus Salmos Penitenciales es uno de los otros grandes poetas, andaluces, de España”.

 

El soneto en alejandrinos de Espinosa es notable como antecedente de ciertos sonetos modernistas. El poeta antequerano José Antonio Muñoz Rojas dice que Pedro Espinosa es un “poeta, insigne, humilde y verdadero”. En su poesía podemos encontrarlo tal como era: “Cuando más leña se emplea, / más el fuego a crecer viene; / no es pobre el que poco tiene, / sino el que mucho desea”.

 

 

 


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