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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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EL ESTADO DE UNO MISMO

Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Yo no sé lo que yo tengo,
ni sé lo que me hace falta,
que siempre espero una cosa
que no sé como se llama.”
Augusto Ferrán

 

Ahora que apenas hay actividad política, porque los políticos nuevamente andan ocupados en preparar sus próximas vacaciones, ¿por qué no dedicar unos cuantos minutos a pensar sobre política? Y no me refiero a hacer cábalas electorales, menos aún a estudiar las encuestas y sondeos, que muestran principalmente los deseos de los que los inspiran. Lo más interesante sería un examen. ¿Del estado de la nación? No estaría mal, pero es muy complicado para hacerlo, después de los distintos debates parlamentarios sobre dicha cuestión. Más accesible es preguntarse por el estado de uno mismo, de cada uno de nosotros.

¿Cómo nos encontramos? Si comparamos nuestro estado de ánimo con el que teníamos hace dos años, ¿cuál es el resultado? ¿Y si hacemos un esfuerzo de memoria y nos comparamos con el que éramos hace seis años? ¿Estamos más o menos prósperos? ¿Nos sentimos más o menos libres? ¿Vivimos con holgura, o tenemos la impresión de estar observados? ¿Tenemos la impresión de dirigir nuestra vida colectiva, o de que nos llevan sin contar con nosotros? Estas son algunas de las preguntas que deberíamos hacernos en silencio, y contestarlas para nosotros mismos, en nuestra intimidad, mientras que disfrutamos de esta temperatura casi veraniega.

Es buena ocasión también para revisar nuestras estimaciones. ¿En qué confiamos, a quién admiramos, a quién tememos? Como la Bolsa también las estimaciones personales tienen cotización variable. ¿Cómo han evolucionado las nuestras en unos cuantos años? ¿A qué escritores leemos con esperanza, con adhesión, con emoción, con ánimo divertido? ¿Qué libros o artículos nos cuesta trabajo terminar, o abandonamos a las pocas páginas, o a las pocas líneas?

Y si recordamos nuestra actividad política –para la inmensa mayoría, simplemente votar-, ¿cómo nos sentimos? Quizá tenemos la impresión de haber acertado siempre, o solamente alguna vez; es posible que estemos convencidos de haber elegido el buen camino, dispuestos a perseverar en él. Pero acaso nos sentimos defraudados, descontentos. ¿De quién? De los que gobiernan -o de los que dirigen la oposición , que es, o debiera ser, otra manera de gobernar-, porque en nuestra opinión no hacen lo que tendrían que hacer; o quizá de nosotros mismos; es posible que sintamos que debíamos haber previsto lo que ha ido sucediendo, que nos hemos equivocado, que no hemos sido demasiados inteligentes.

Es muy difícil que esto se confiese, y es una de las causas principales de la perduración de los errores políticos. Por eso parece interesante que cada uno se pregunte por ello en soledad, y se conteste en silencio, sin contárselo a nadie. Si unos cuantos millones de españoles hicieran estas reflexiones sobre el estado de uno mismo, nos sentiríamos mucho más esperanzados respecto al futuro.

Y, si no fuera pedir demasiado, se debe ejercer la imaginación. Hay que reaccionar contra la idea de “habas contadas”. ¿Por qué vamos a contentarnos con lo que más ruidosamente nos ofrecen? ¿Es que no hay más que lo que se anuncia? Deberíamos explorar la realidad de nuestro país para ver lo que hay en él, con qué podemos contar, qué posibilidades se abren ante nosotros, qué personas nos parecen verdaderamente estimables y dignas de confianza. Esto sería un inesperado enriquecimiento, un paso decisivo en la empresa de tomar posesión de la realidad de España.

Nada sería más importante que una reflexión sobre el estado de uno mismo, después de unos largos y cansinos debates sobre el estado de la nación; preguntarnos quién nos ha ido engañando, quién intenta seguir engañándonos sobre la realidad de España. Y es que, como dijo el poeta: “No hay una pizca de verdad / en lo que tú estás diciendo. / Y tú ni siquiera sabes / que de verdad estás mintiendo”.

 


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