- El rincón del poeta
- Relatos breves
- Libros digitales
- Trabajos de investigación
 
 
Cultura en general (museos, exposiciones, patrimonio, etc...)
Enseñanza de español y didáctica de otras lenguas
Cooperación, igualdad, dependencia, desarrollo, etc.
Publicaciones e información sobre el mundo del libro.
 
 
Publicar en Liceus

Agenda: destacados

Festival Escena Contemporánea 2009.

Del 26 de enero al 22 de febrero de 2009
 

EXPOELEARNING 2009.

19 y 20 de marzo de 2009






Publicar en Liceus
Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

 Ir al artículo...


  Guías culturales

LA EXPLOTACIÓN INFANTIL

Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor,
es una corona grave
de sal para el labrador.”
Miguel Hernández

 

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) fue fundada en 1919 para luchar contra las injusticias sociales engendradas por la revolución industrial del siglo XIX. Una de esas injusticias era la explotación económica del trabajo infantil. Resulta pues interesante en los albores de este milenio comprobar los resultados de las medidas para combatir la plaga de la explotación infantil.

¿Cuántos niños trabajan en el mundo? Nadie puede contestar a esta pregunta a ciencia cierta, por varias razones. En primer lugar, una elevada proporción de niños trabajan en plena ilegalidad, esto es, en violación de las leyes que rigen la edad mínima de admisión al trabajo o la escolaridad obligatoria. En segundo lugar, la inmensa mayoría de los niños trabajan en la agricultura, el sector urbano no estructurado y el servicio doméstico, por lo que resulta particularmente difícil registrarlos estadísticamente. Por último, muchos niños que trabajan van al mismo tiempo a la escuela por lo que figuran en la población escolar y no cuentan en las estadísticas de la población económicamente activa. No obstante, se puede afirmar sin temor a equivocarse que el trabajo infantil es un fenómeno considerable por el número de niños afectados. La propia OIT lo cifra en unos doscientos millones de niños.

El trabajo infantil no sólo no ha desaparecido en los países industrializados, sino que se asiste a un resurgimiento. En España y otros países del Sur de Europa, el trabajo infantil siempre ha sido muy elevado, en particular en las empresas familiares, los talleres artesanales, las explotaciones agrícolas y en el marco del trabajo a domicilio, asimismo el empleo de niños es bastante numeroso en otros sectores, como la construcción.

Cuando se habla de trabajo infantil, el número de niños no es el único indicador pertinente. Otro indicador de gran importancia es la gravedad de los abusos que padecen esos niños y de los riesgos que corren. Los niños trabajan cada vez más en unas condiciones que menoscaban su desarrollo físico, intelectual y moral.

Hay otros motivos de preocupación. En primer lugar, se pone a trabajar a los niños a una edad cada vez más temprana, en ocasiones a los seis o siete años. En segundo lugar, es cada vez más corriente que el trabajo sea para los niños una necesidad permanente que difícilmente cabe compaginar con la continuación de los estudios escolares. Finalmente, hemos de señalar que a los niños se les somete a horarios de trabajo desmesuradamente largos y a cargas y ritmos de trabajo excesivos, corriendo enormes riesgos de accidente o de enfermedad.

Al consentir que se perpetúe el trabajo infantil, la sociedad desperdicia hoy unos recursos humanos que le harán falta mañana. Sin embargo, la explotación infantil resulta muy provechosa para quienes recurren a ella, en particular para las innumerables empresas no declaradas e infrautilizadas. A los niños que trabajan se les puede despedir más fácilmente, son más dóciles, cuestan menos y no cotizan a la seguridad social.

Hasta la fecha se ha hecho muy poco para la abolición de la explotación infantil, y desde luego, nadie duda que la legislación por sí sola, no puede impedir el trabajo infantil. La legislación no es el final sino el comienzo de un largo combate, que exige intervenciones en otros muchos planos.

La educación es una norma esencial en la lucha contra el trabajo infantil. A este respecto, cabe lamentar que la situación de la educación en muchos países, después de decenios de progreso, está empezando a decaer, e incluso a empeorar. El déficit es más cualitativo que cuantitativo, en el sentido de que la escuela se está quedando cada vez más desfasada de las necesidades de la economía y de la sociedad. Una escuela que la gente percibe como creadora de futuros desempleados pierde rápidamente la utilidad que se le venía atribuyendo.

Se hace menester terminar con la pasividad y la resignación de los ciudadanos y, por ende, de los responsables políticos en este campo. La lucha contra la explotación infantil exige la voluntad política de combatirla y no se progresará en esta lucha mientras los gobiernos no definan un plan de acción específico, con la finalidad de liquidar urgentemente situaciones intolerables a la que están sometidos los niños explotados. La explotación infantil conlleva un coste enorme: para los niños, en primer lugar, y luego para todo el conjunto de la sociedad. La lucha contra la explotación infantil nos concierne a todos. Sin embargo, todavía siguen teniendo plena actualidad los interrogantes formulados por Miguel Hernández: “¿Quién salvará a este chiquillo / menor que un grano de avena? / ¿De dónde saldrá el martillo / verdugo de esta cadena?”.


Volver a Publicar en Liceus ...



        
Universidad de Alcalá Confía learning confianza online