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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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  Guías culturales

JUAN PABLO FORNER: LA VOZ DE UN DEFENSOR DE LA CULTURA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“¡Oh patria! Tu padeces el perjuicio
de esta turba veraz de pedantones
que hacen de tu paciencia beneficio.”
Juan Pablo Forner

 

Juan Pablo Forner pone todo su esfuerzo en recordar y defender la gran tradición de la cultura española desde el renacimiento hasta su tiempo, cultura que conocía de modo profundo, como probablemente ninguno de su siglo. Hombre de ingenio agudo; tradicionalista por temperamento y por formación; ecléctico; polemista furibundo; revulsivo poderoso contra la garrulería de las pedantes; los pseudocultos, los mediocres y los renovadores a tontas y a locas. Su estilo es de una elegancia, de un nervio y de una riqueza de expresión que lo convierten en uno de los mejores modelos de prosa.

Juan Pablo Forner Piquer nace en Mérida el 17 de febrero de 1756. Su educación fue en extremo sobresaliente. A la edad de catorce años le enviaron sus padres a la Universidad de Salamanca a estudiar Filosofía, con el objeto de que se dedicase a la carrera de Jurisprudencia. Siendo aún estudiante, recibió el premio de la Academia Española su Sátira contra los abusos introducidos en la poesía castellana . A los veintidós años de edad, habiendo concluido su carrera de Jurisprudencia, llega a Madrid. En 1784 es nombrado abogado de la Casa de Altamira y, poco después, historiador de la misma Casa.

Desde su llegada a Madrid, hasta 1790, en que marcha a servir la fiscalía de la Audiencia de Sevilla, sostuvo diferentes debates, por medio de la prensa, contra Tomás de Iriarte, Francisco Sánchez Barbero y otros. El primero de estos papeles fue la Fábula del asno erudito que escribió contra Iriarte, y llegó a tanto el escándalo de estas reyertas que por Real Decreto de 1785 se prohibió a Forner a publicar nada sin expresa autorización real. Por este tiempo escribió Forner su Discurso sobre la historia de España. Por orden del Gobierno se censuró también, en 1768, puso infinidad de notas a la Historia universal que había escrito el jesuita Tomás Borrego. Otras obras de esta época son: la Oración apologética por la España y su mérito literario (1786) y Los discursos filosóficos sobre el hombre (1787).

Al año de estar en Sevilla se casa con Maria del Carmen Carassa. Entra a formar parte de diferentes sociedades científicas y literarias de Sevilla, llegando ser director de la de Amigo del País. Por su celo e influjo se estableció el teatro en Sevilla haciendo venir a la a Compañía que se hallaba en Cádiz. El propio Forner escribe algunas comedias, Los falsos Filósofos, La Cautiva y El Filósofo enamorado, y una tragedia Las Vestales. Fue también de los primeros que criticaron el ridículo adorno de los pelucones en los magistrados, como se ve en su Soneto a un peluquero. En su sátira Exequias de la lengua castellana (1782) critica mucho el lenguaje grosero y tosco de los que como el dice, “ni peinaban sus discursos ni sus cabellos”. Estas Exequias son, por todos los conceptos –dijo Menéndez Pelayo-, la obra maestra de Forner y una de las más notables del siglo XVIII”. Con objeto de socorrer la indigencia en que se hallaba por aquel tiempo Sevilla, Forner formó el plan de una sociedad de socorros.

En 1796, al ser ascendido a fiscal del Supremo Consejo, tuvo que dejar la ciudad que había sido sus delicias, con sentimiento de sus muchos amigos. Apenas llegó a Madrid, fue admitido como un socio de mérito en la Academia de Derecho Español, y a poco recibió el premio de dicha Academia su Plan sobre unas instituciones de Derecho español. Después del premio recibido, le nombró la Academia presidente por el año 1797. Su temprana muerte, acaecida en Madrid el 16 de marzo de 1797, privó a aquella Academia de un presidente sabio e ilustrado, y a todo el país de un eminente escritor y de un gran hombre con un corazón magnánimo, y justo. Y como nos dijo el propio Forner: “Lánguida y débil la gentil historia, / reducida a tan mísera penuria / oscureciendo los ilustres nombres, / de ejemplos grandes privará a los hombres”.

 


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