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Festival Escena Contemporánea 2009.

Del 26 de enero al 22 de febrero de 2009
 

EXPOELEARNING 2009.

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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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  Guías culturales

TODOS CONTRA EL FUEGO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Pequeña incansable llama,
vivaces chispas de un duende
saltando de rama en rama.”
Rafael Alberti

 

Que los bomberos no pueden estar en todas partes es algo comúnmente aceptado. Que en caso de siniestro, cuando más rápida sea la adopción de medidas tendentes a evitar su propagación y reducir sus efectos, menores serán los daños a las personas y cosas también es conocido por prácticamente todo el mundo. Pero, ¿cuál es la solución para conseguir esa rapidez en la actuación contra un siniestro sobre todo en la industria donde, por sus características, un incendio puede propagarse de forma geométrica, cuando no exponencial, convirtiéndose en poco tiempo en un problema cuya magnitud puede superar incluso la capacidad de reacción de los medios humanos y técnicos de los Servicios de Extinción de Incendios y Salvamento? La respuesta: la formación del personal propio.

Afortunadamente son cada vez más las empresas que, bien obligadas por la normativa, bien concienciadas a costa de ver las barbas del vecino pelar, afrontan con seriedad programas de formación de parte de su personal, con el fin de que puedan realizar una primera intervención cuando el siniestro se produce, siempre mientras llegan los bomberos. Se trata , en definitiva, de adaptar los medios humanos a los medios materiales existentes.

Ya hace algunos años que diferente normas obligan a instalar costosos equipos de prevención y protección contra incendios, sobre todo en industrias con alto riesgo de incendio. Pero del análisis de los siniestros producidos en algunas de ellas se ha podido determinar que, en la mayoría de los casos, los equipos o no eran utilizados o no se usaban correctamente. Esto significaba pérdidas no sólo económicas por el gasto inútil realizado y por el daño sufrido hasta la llegada de los bomberos, sino también humanas, cuando se podrían haber salvado vidas tan sólo utilizando de forma adecuada un extintor o una boca de incendio equipada.

Para todos queda claro que la mejor medida contra un siniestro es la de evitar que ocurra. Por ello, la adopción de medidas de prevención de siniestros de cualquier tipo es la manera más correcta de invertir en seguridad, invertir, que no gastar.

Grandes desastres han servido para adoptar medidas de seguridad tendentes a que, al menos, no volvieran a ocurrir otras de similares características, invertir en medios humanos y técnicos necesarios tan sólo en el caso, quizá no tan hipotético de que se produzca ese incendio o explosión, no parece atraer demasiado a quienes deben aprobar los gastos. Y cuando se hace, con loables excepciones, se manifiesta cierta racanería y un intento de cumplir exclusivamente los mínimos marcados por la Administración para otorgar su placet a una actividad.

Realmente, no se trata de abogar por la existencia de bomberos privados en las empresas. Pero unos criterios mínimos de autoprotección, tanto desde el punto de vista empresarial como individual, pueden ser útiles para salvar vidas y disminuir pérdidas. Todo ello sin exigir unas cotas de heroísmo innecesarias al personal sino tan sólo un conocimiento básico de qué hacer y, sobre todo, qué no hacer ante un accidente de cualquier tipo. La idea en ocasiones puede ser convertir en eficaz algo que hasta ahora no era más que papel mojado, como es el caso de los planes de emergencia y evacuación obligatorios en muchas actividades. Como es sabido, en estos planes se contempla la existencia de grupos formados por el personal de la empresa, organismo, institución, etc., con las misiones de llevar a cabo una primera intervención o auxiliar en la evacuación de las instalaciones.

Se hace menester la formación especializada del personal integrado en dichos grupos, por cuanto van a tener que enfrentarse a siniestros cuyos perjuicios pueden afectar a muchos ciudadanos. Y considerando la seguridad como un beneficio para las empresas, son éstas las que deben asumir los costes de formación de su personal. Y es que, como dijo el poeta: “Por si era o si no era / por si es o lo será / se pierde la vida entera . / Y al cabo lo mismo da”.

 


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