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ROMULO GALLEGOS: LA VOZ DE LA DIGNIDAD DE UN PAIS


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Esto de cumplir años no podemos pasarlo
sin melancolía”.
Rómulo Gallegos

 

El escritor venezolano condena la guerra, considera que es una calamidad. Gallegos no da a la revuelta tonos tópicos, sino que señala sus terribles efectos, poniendo incluso de relieve en los actos heroicos la dimisión infinita de bestialidad, en páginas realmente ejemplares. Para expresar mejor el drama de los horrores de la guerra, aparece con frecuencia un niño inocente, víctima o espectador desesperado. Gallegos ve el crimen de la guerra sobre todo en relación con el mal que produce en la juventud inocente.

Rómulo Gallegos nace en Caracas el 2 de agosto de 1884 y muere en la misma ciudad el 6 de abril de 1969. Inicia estudios eclesiásticos que abandona por los de Derecho. Vivió exiliado voluntariamente en España (1931-1936) para eludir la senaduría que le ofreciera el dictador Juan Vicente Gómez. Regresó a la muerte de este, siendo Ministro de Instrucción Pública (1936) y Diputado Nacional (1937-40). Coadyuvó a la fundación del partido Acción Democrática y en 1948 ocupó la Presidencia de la República, cargo que desempeñó pocos meses, derrocado por un golpe estado militar liderado por Marcos Pérez Jiménez. Permanece exiliado en Cuba y México, hasta su regreso a Caracas (1960). Premio Nacional de Literatura y nominado al Premio Nobel de Literatura. Su educación en la literatura modernista y su profundo conocimiento de la realidad venezolana aparecen contrastados en sus novelas, lucha entre la civilización y barbarie, y en la doble embestida de su estilo: impresionismo artístico y realismo descriptivo.

Gallegos hace su entrada en el mundo literario hacia 1910 con una serie de narraciones, Los aventureros, inspiradas en el realismo más crudo. En ellas ya se advierten los primeros tonos coloristas y sentimentales que más tarde caracterizarán sus mejores obras. Su primera novela, Reinado Solar (1921), es una obra significativa aunque no totalmente lograda. Pero ya en 1922 dos novelas cortas, Los inmigrantes y La rebelión, marcan un notable progreso. La aparición de La Trepadora (1925) señala una profunda percepción de la realidad nacional en la captación de las sugestiones naturales del país y en la dimensión dramática que alcanzan los conflictos espirituales.

Cuatro años más tarde, en 1929, Gallegos publica su obra maestra: Doña Bárbara; libro en que plasma la epopeya de la tierra venezolana y de sus gentes, transformando la ideología en pura esencia poética, al igual que los problemas políticos, sociales y humanos.

En Doña Bárbara el conflicto se desarrolla entre civilización y barbarie: en ella está ampliamente expresada la ideología del escritor, partidario de una justicia plena, de una civilización que se imponga a los privilegios, del gobierno, del ejército y del clero y que tenga en cuenta el verdadero componente humano del país. La atmósfera que reina en Doña Bárbara vuelve a encontrarse en las páginas de Cantaclaro (1934). El autor da rienda suelta a su lirismo, preocupado solamente por interpretar la dimensión poética de su patria.

Si una novela de Gallegos puede rivalizar con Doña Bárbara, es Canaima (1935). No menos interesante que los libros mencionados es Pobre negro (1937), novela en la que se debate el problema racial, en una valiente superación de los prejuicios. La novela es además sumamente importante por otro de los problemas que en ella se tratan: el de la revuelta armada.

En la narrativa de Rómulo Gallegos hay otras dos novelas que vuelven a tratar el problema político: El forastero y La brizna de paja en el viento. En la primera, el escritor postula con firmeza la imposibilidad moral de colaborar con el tirano, aunque sea con miras a una posible mejoría de la situación en que se debate el pueblo. La brizna de paja en el viento es un homenaje a la parte de la nación cubana que lo acogió durante una etapa de su exilio. En Sobre la misma tierra vuelve otra vez a los problemas de su patria tratando el tema de la conmoción que había provocado en el país el descubrimiento y explotación del petróleo. A los problemas de Venezuela están dedicados también los relatos del último libro publicado en vida, La doncella y El último patriota.

Gallegos nunca sospechaba, a buen seguro, hasta qué punto había sido importante su aportación a la literatura hispanoamericana, a la que había librado definitivamente de las trabas del pasado. Y sus personajes permanecen vivos más allá de todos los límites, como también sigue viva la mitología de la naturaleza a la que el escritor ha otorgado el puesto más sobresaliente sin deshumanizar al hombre. He aquí como Gallegos ve el Llano, su más extraordinario e impasible personaje “¡La tierra de Dios para el hombre de los demonios!”.

 


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