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PEDRO GARFIAS: LA VOZ DE LAS TABERNAS ENAMORADAS


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“Libertad para el preso,
justicia para el pobre,
respeto para el loco,
para el gobernador honrado, ínsulas,
y palabras de miel y aro de sol
para la dulce, dulce Dulcinea”.
Pedro Garfias

La voz de Pedro Garfias es una de las más originales e importantes que ofrece la poesía española contemporánea. Pedro Garfias no era otra cosa que poeta; pobre equipaje para desenvolverse en un mundo metalizado, donde la ambición, la codicia, el “rastreo” tras las prebendas ha sido y es como una norma para vivir, o quizás, para malvivir. A Garfias , nadie, jamás, pudo comprarle la palabra. Como nos dijo el poeta: “El iba solo, / tambaleándose. / Borracho de amor, / borracho de hambre / borracho de alcohol, / quién sabe”. Murió en el exilio, en la pobreza, a golpes con el hambre, buscando en el alcohol la única compensación a su desventura.

 

Garfias es uno de los mejores ultraístas españoles. “Se pretende que el ultraísmo -nos dejó dicho el poeta- sea un episodio sin continuidad en nuestra historia literaria. Se lo silencia y se le niega. Y eso es falso e injusto. El ultraísmo fue una realidad positiva y eficaz en una época de anquilosamiento en las letras españolas. Abrió horizonte y marcó rutas. Creó la revista total y puramente literaria, antecesora inmediata de las de hoy. Se batió en las calles y en los Ateneos. Puso a España al día con las corrientes literarias de Europa”. Con Larrea y Gerardo Diego, forman la triada creacionista del vanguardismo español. Autor formado en Andalucía, de donde tomará la cosmovisión del paisaje y ese “lastre sentimental” (Bécquer, la copla) que le reprochara Guillermo de Torre.

 

Pedro Garfias nació en Salamanca el 27 de mayo de 1901, aunque por linaje, arraigo y vocación se le puede considerar andaluz. Ama y siente a Andalucía. “Algún día / Andalucía será / nuestra, como nuestra es / y ya nada importará / el ahora y el después”, nos dijo el poeta.

 

En 1918, Pedro Garfias se traslada a Madrid, para cursar estudios de Derecho que nunca terminó. Desde esa fecha hasta 1921, formó parte del movimiento poético vanguardista más importante del pasado siglo, el ultraísmo.

 

Cuando abandona a los ultraístas, funda la revista Horizonte, que en el año de su fundación conseguía publicar trabajos de Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén y Federico García Lorca entre otros.

 

Desde 1923 a 1933, vive en distintos pueblos andaluces, Ecija, Osuna, Cabra y La Carolina. En 1933 vuelve a instalarse en Madrid. Cuando estalla la guerra es nombrado comisario político de Pozoblanco (Córdoba). En 1937, cuando estaba en Madrid, recibió la noticia de su destitución. Los dos últimos años de la guerra los pasó Garfias entre Valencia y Barcelona. Durante la guerra publica en el periódico Frente Rojo y en la revista Hora de España.

 

En 1938 obtuvo el Premio Nacional de Literatura por su libro Poesías de la guerra española. En el tribunal se encontraba don Antonio Machado. En abril de 1939 marcha a Inglaterra donde escribe su libro fundamental Primavera en Eaton Hasting, que según palabras de Dámaso Alonso, es el mejor poema del destierro español. Ese mismo año embarca hacia México. En el barco traba amistad con otro gran poeta español, muerto en el exilio, Juan Rejano.

 

A su salida de España, Garfias vivió unos meses en 1939 en el pueblecito inglés llamado Eaton Hasting; allí creó los poemas que constituirán su primer libro del exilio. Primavera en Eaton Hasting lleva como subtítulo, entre paréntesis, la siguiente aclaración: “Poema bucólico con intermedios de llanto”.

 

El “joven sevillano de Osuna”, como le llamara Alberti, vivió en el castillo de un lord en Eaton Hasting. “Garfias -nos contaba Neruda- iba cada día a la taberna del condado y silenciosamente, pues no hablaba el inglés, sino apenas un español gitano que yo mismo no le entendía, bebía melancólicamente su solitaria cerveza... Cada noche Garfias era acogido por el tabernero, solitario como él, sin mujer y sin familia. Poco a poco sus lenguas se desataron. Garfias le contaba toda la guerra de España, con interjecciones, con juramentos, con imprecaciones muy andaluzas. El tabernero lo escuchaba en religioso silencio, sin entender naturalmente una sola palabra... Cuando Garfias hubo de partir para México se despidieron bebiendo y hablando, abrazándose y llorando. La emoción que los unía era la separación de sus soledades”.

 

Pedro Garfias inicia su vida errabunda por todas las ciudades de México. Se sobreponía a su necesidad de alcohol bebiendo más alcohol. Vivía y bebía de sus recitales y conferencias. Sorprendía a todos los auditorios por tan prodigiosa memoria, su forma de recitar, que calaba hasta los huesos, y su bohemia pobreza.

 

La vanguardia juvenil se convierte en Pedro Garfias en humanísima poesía del hombre desterrado,. del “llanto” del “éxodo” (“Yo he de gritar mi llanto”, anuncia, como León Felipe), de la soledad y el tiempo inexorable.

 

El 9 de agosto de 1967, Pedro Garfias murió en Monterrey (México). Tenía sesenta y seis años de edad, pero parecía más viejo, enormemente viejo, con su andar torpe y un cuerpo lleno de dolores. Pero dentro de su cuerpo ruinoso, su voz purísima de juglar errante: “Perdón pedía a la piedra / y a todas partes llegaba”.

 

Lloró mucho Pedro Garfias. Ríos de aguas amargas, se llamó su último libro, y un río de aguas amargas, fue en verdad, su vivir. Pedro, poeta, mago de los naipes líricos, maestro de otros naipes que abanican madrugadas de azar y livideces recónditas. Un poeta siempre penetrando noches, respirando auroras, con la garganta enroquecida de gritar una poesía, con rumor eterno, forjada en el corazón, clara, pura, humana, de una autenticidad inmarchitable.

 

¿Quién fue Pedro Garfias? ¿Cómo era Pedro Garfias? ¿Qué buscaba? ¿Qué deseaba, qué esperaba? ¿Qué pensamientos le laceraban, qué recuerdos retornaban más tenazmente a su cabeza? ¿Quién era aquel hombre viejo, corpulento, encorvado, torpe de pies, con una melena gris, musitando cosas en la noche, que se perdió allá a lo lejos, por aquella calle deshabitada? ¿Iba a alguna parte? ¿Buscaba a alguien? De este “borracho de amor”, el poeta cordobés Juan Rejano nos dijo: “Aquí está Pedro. ¡Miradlo! / Aquí está Pedro Garfias. / Aquí está el poeta contra todos. contra él mismo: / ¡Aquí -miradlo- está el poeta!”


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