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JUAN ÁLVAREZ GATO: LA VOZ CANCIONERIL CON TONO BURLESCO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“Hoy comienzan mis dolores,
hoy pierde placer mi vida,
hoy será la despedida
y la más triste partida
que se hizo por amores.”
Juan Álvarez Gato

 

En el poeta  Juan Álvarez Gato pueden observarse influencias de Hernando de Talavera, Gómez Manrique y Hernando del Pulgar. Su obra poética se canaliza en tres direcciones: poesías amorosas, que ocupan la mayor parte de su producción y son las más logradas, poesías político-morales y poesías religiosas; estas últimas presentan su contribución más importante y original, ya que glosa letras y cantares populares volviéndolos “a lo divino”, sirviéndose de los temas, imágenes y formas de la poesía del amor profano. De esta forma, abrió en España el camino del “contrafractum”, poema de contenido profano elaborado religiosamente, que se hallaba muy arraigado en Europa. Utiliza especialmente metros cortos, sobre todos las coplas de pie quebrado y las quintillas; con las coplas de arte mayor no tuvo fortuna. Su obra está reunida en su propio Cancionero y en el Cancionero general de Hernando del Castillo, y consta de 104 composiciones sobre distintos temas. Se le atribuye la obra Breve suma de la santa vida del reverendísimo e bienaventurado don Fray Fernando de Talavera. En 1960, la Real Academia Española de la Lengua publicó un estudio de Francisco Márquez titulado Investigaciones sobre Juan Álvarez Gato.

 

Juan Álvarez Gato nace en Madrid entre 1440 y 1450 en el seno de una familia conversa y murió hacia 1510. Como cristiano nuevo sufrió durante  toda su vida la marginación de cristianos y judíos. Vinculado al partido isabelino y a la corte de los Mendoza, fue mayordomo de la reina Isabel la Católica y tuvo entre sus amigos a los principales poetas cortesanos. Sin embargo, ya en 1492 escribía, con motivo del atentado contra el Rey Católico: “No ay estado ni persona segura, grande ni chico; que todo es peligro y batalla quanto ay sobre la tierra, y que no está la felicidad en poderío humano”, con lo que viene a  poner de manifiesto que el ánimo del converso se replegaba defensivamente, al estar  convencido de ser justa su causa e injusto el tratamiento que recibía de la sociedad. Casi desconocido en su época, Juan Álvarez Gato, fue olvidado a su muerte hasta finales del siglo XIX en que fue recuperado. De sus poemas amorosos, político-morales y religiosos, como hemos dicho, llevan la palma los primeros tanto por calidad como por número. Semejante en habilidad e ingenio a los poetas cancioneriles, introduce en las composiciones amorosas rasgos humorísticos y aun burlescos que le dan personalidad propia. En vez de fijar en verso  conceptos manidos, incluye experiencias propias: “Ninguno sufra dolor / por correr tras beneficios / que las fuerças del amor / no se ganan por servicios”.

 

Lo más importante, de todas formas, es ese tono burlesco que en ocasiones recuerda a Quevedo y que llega a más cuando la pasión amorosa pone en boca del poeta hipérboles que se asemejan a las de Calisto por anteponer la amada a Dios; algunos críticos ven en esto simples tópicos de época, meros convencionalismos que habría que encuadrar  en el culto casi idolátrico de la mujer, propio del siglo; para otros, sin embargo, tal característica procede del origen converso de Álvarez Gato. En cuanto a las poesías religiosas, de tono inferior, tienen interés por glosar cancioncillas en rimas cortas y volver con maestría a lo divino, temas populares por vez primera en la literatura española. Entre las canciones más acertadas habremos de citar: “Ay onbre, tu me truxiste”, “Que ahora es tiempo de ganar”, “Solíades venir, amor”, “Quita allá, que no quiero”, “Amor, no me dexes”. “No le des prisa, dolor”,  “A una señora”. Y como dijo nuestro poeta: “Dime, Señora, di, / cuando parta de esta tierra / si te acordarás de mí”.

 


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