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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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GIBRALTAR


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“De Cádiz a Gibraltar
¡qué buen caminito!
El mar conoce mis pasos
por los suspiros.”
Federico García Lorca

 

“Gibraltar ya no es nada para los ingleses –afirma Luis Araquistain- sólo el fantasma de un pasado esplendoroso ya desvanecido, un alma en pena para ellos y no sólo para los españoles, como le llama José Plá”.

Si bien es cierto que la reivindicación de Gibraltar no se puede adscribir, ni atribuir a una determinada persona, o a un determinado sector de la opinión pública española, ni limitarla a una singular ideología , no lo es menos, que por diversas causas, son muy pocas conocidas las posiciones que han mantenido al respecto, destacadas figuras de nuestra historia más reciente. Solamente pretendemos señalar algunas de esas aportaciones a la tesis de Gibraltar español.

Los cuatro presidentes de la I República pensaron en la devolución de Gibraltar. Para Estanislao Figueras “el objetivo de la nación debe ser en esta como en todas las cuestiones, buscar el engrandecimiento y la prosperidad, para que esta política nos lleve a Gibraltar y los demás ideales”; para Francisco Pi y Margall “la patria está encogida porque está cercenada con la exclusión de Gibraltar”; para Salmeròn “Inglaterra extiende pacífica pero continuamente su dominio en el territorio de España”. Por último, el gran orador gaditano Emilio Castelar proclamaba: “Yo admiro mucho a la nación inglesa. Mas declaro que no puede ser nuestra aliada mientras posea Gibraltar”.

“Ese control inglés –afirmaba Joaquín Costa- es vejatorio para España y no debe tolerarse. Hay que exigir más escuelas y más maestros especialmente en el Campo de Gibraltar...” Otro destacado intelectual español Salvador de Madariaga , con gran finura de observación, declaraba: “Nadie cree hoy en Inglaterra que sea posible negarle Gibraltar a España”. “En cuanto a los políticos –aseguraba Madariaga-, en este asunto, no creen ni una palabra de lo que dicen” El maestro de historiadores, Claudio Sánchez-Albornoz escribía: “Pero no puede haber un español, digno de tal nombre, capaz de escribir, sin sonrojarse, que Gibraltar no es de España. Y si hay alguno que pueda escribirlo sin sonrojo, yo me tomo la libertad de sonrojarme por él, como español, liberal y en destierro”.

“Entre Inglaterra y España –decía Alcalá Zamora- sólo se plantea e interpone un problema: el de Gibraltar. Han pasado más de dos siglos, podrían pasar mucho más y ese problema seguiría vivo”. El segundo presidente de la II República, Manuel Azaña, escribía: “Toqué la cuestión del Estrecho haciendo ver la importancia de asegurar su dominio, en caso de guerra. Examiné la cuestión de Gibraltar y dije al Consejo mi propósito de preparar desde el ministerio de la Guerra planes necesarios para tener aquel dominio”.

“Los ingleses quieren justificar sus derechos a la posesión del Peñón –afirmaba Federica Montseny- mediante el argumento –de alta calidad jurídica , según ellos- de anteponer el derecho de antigüedad al de prioridad”. Y Luis Araquistain: manifestaba: “Gibraltar es un anacronismo histórico que deba avergonzar a todos los europeos de Occidente y no sólo a los españole y a los ingleses”.

 


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