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ALFONSO GROSSO: LA VOZ DE LA NUEVA NARRATIVA ANDALUZA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“... sus inclinaciones corresponden a una naturaleza
mucho más elemental, como si se hubiera anclado
a la niñez de la que no ha sido capaz de liberarse aún
y de la que no le será posible escapar nunca, y quizá
de esa niñez partan los fantasmas que han de perseguirle
a la largo de toda su vida segada al filo de los cuarenta.”
Alfonso Grosso

 

 

 

La trayectoria de Alfonso Grosso se realiza dentro del realismo critico o del realismo social  de la “generación del medio siglo”, aunque le separe de sus compañeros de promoción un mayor cuidado del estilo que ya apunta al barroquismo en, por ejemplo, Un cielo difícilmente azul. Grosso está considerado la columna vertebral de la denominada “nueva narrativa andaluza”.

 

Alfonso Grosso Ramos nació en Sevilla el 6 de enero de 1928. Estudió el bachillerato con los jesuitas y en el Instituto San Isidoro de Sevilla. Empezó en la adolescencia a publicar en revistas literarias poesía teatro y relatos breves. Fue funcionario del Estado y profesor mercantil.,  y a partir de 1962 se dedicó por completo a la literatura. Su compromiso con la realidad de su tiempo lo llevó, como a muchos de sus compañeros  de generación, a una literatura combativa y de denuncia. Militante del Partido Comunista desde 1955, fue detenido en 1961 cuando intervenía en una campaña pro-amnistía. Los problemas con la justicia lo llevaron cuatro veces ante los tribunales. Se alejó del Partido Comunista, cuando Jorge Semprún y Fernando Claudín se distanciaron de la línea oficial. En 1967 se trasladó a Madrid, abandonó el Partido Comunista para vincularse al andalucismo y continuó manteniendo actitudes incomprendidas, como cuando sostuvo una huelga de hambre en solidaridad con unos trabajadores despedidos de Ediciones del Centro, de la Real Academia de la Lengua. En la década de la 80 atraviesa una lamentable situación económica. Insobornable en sus convicciones, en 1987, cayó en una profunda depresión. Su intento de suicidio en enero de 1988, aconsejaron su internamiento en un hospital psiquiátrico de Salamanca. Recayó en 1989, y en 1990 fue recluido en la institución psiquiátrica malagueña San Juan de Dios, conocida popularmente como “San José de los Locos”.  En 1990 el Ministerio de Cultura le concede una pensión. Alfonso Grosso muere el 11 de abril de 1995 en su casa del pueblo sevillano de Valencina de la Concepción, a consecuencia de un infarto de miocardio.

           

En 1956 apareció su primer libro, Germinal, con el que obtuvo el Premio Sésamo de novela corta. Sus primeras obras son de corte testimonial, con un sentido de denuncia y en ella critica diversos aspectos de la realidad nacional: La zanja (1961), el mundo del trabajador de la construcción enfrentado al industrial y al de los americanos de la base cercana a esa zanja que construye;  Un cielo difícilmente azul (1961), el mundo de los camioneros que adquiere aires épicos;  Testa de copo (1963), el de la pesca y El capirote (1966) el de los campesinos de Andalucía. Un giro importante, que marca una nueva época, significa Inés Just Coming (1968), sobre las circunstancias prerrevolucionarias en Cuba, giro que se acentúa en Guarnición de silla (1970, Premio de la Crítica) y Florido mayo (1973), ambos de tipo evocador y en los que la coincidencia de diversas historias permite la reconstrucción de la historia próxima de España desde el siglo XIX. Posteriormente,  el novelista andaluz intentó  el “best seller” y los premios prestigiosos, abandonando su rico lenguaje y sus escenarios habituales: La buena muerte (1976), Los invitados (1978; finalista del Premio Planeta), crónica-reportaje sobre el quíntuple crimen de Los Galindos, llevada posteriormente a la pantalla, El correo de Estambul (1980), Toque de queda (1981), Con flores a María (1981) y Otoño indio (1983). Entre sus últimas novelas se encuentran las dos primeras entregas de una tetralogía Giralda (1982) y Giralda 2 (1984), que, volviendo a sus raíces andaluzas, desarrollan la crónica de una familia aristocrática desde los años veinte. En 1985 dejó de escribir y se sume en un proceso de autodestrucción. Pocos años más tarde,  el escritor sevillano declararía:”Tengo ganas de dejar la vida. He roto con la vida”.

 


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