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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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  Guías culturales

LO GROTESCO EN NUESTRA CULTURA

Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Por la divina Primavera
me ha venido la ventolera
de hacer versos funambulescos.
Un purista diría grotescos.
Ramón del Valle-Inclán

 

“España –afirma Valle-Inclán – es una deformación grotesca de la civilización europea”. Con las obras del genial autor de los esperpentos solemos reírnos de las deformaciones y caricaturas de tantos personajes de todo rango ofrecidos a nuestra avidez de espectadores, hasta que en un momento dado, nos damos cuenta de que es toda España la que está siendo retratada, simbólicamente, a través de unos cuantos personajes selectos, y en este instante, el lector –el lector español- deja de reírse, o no puede reírse ya de la misma manera; lo cómico cambia de signo, se transforma en tragi-cómico y llega con frecuencia a lo trágico.

Cuando se acumulan los detalles deshumanizadores y absurdos, cuando la atmósfera se enrarece o llega hacerse asfixiante, entramos en el reino de lo grotesco.

Lo grotesco no es un estilo histórico, como el barroco, sino una categoría mucho más general. Lo grotesco ha existido en todas las épocas y quizá en todas las culturas. Parece florecer con mayor rigor en los finales de época: en el periodo helenístico, hacia fines de la Edad Media, al terminar la era racionalista y comenzar el romanticismo. Y, finalmente ha resurgido con nueva intensidad y nuevos acentos en el periodo contemporáneo. En nuestra época se ha producido el fenómeno con especial intensidad.

Lo grotesco se da con abundancia, con profusión, a lo largo de todo el desarrollo de la cultura española: en el Arcipreste, en algunos momentos de Cervantes, se infiltra en Las Meninas de Velásquez, en los poemas satíricos y jocosos de Quevedo, en los grabados de Goya y en los poemas de Espronceda. Ya en 1788, el crítico Flögel señalaba que los españoles “sobrepasan a todos los otros pueblos de Europa” en el campo de lo grotesco. Lo explicaba atribuyendo tal fenómeno a “la fantasía calenturienta y excesiva” de los españoles.

Los modelos que hemos citado escogidos en la tradición española contienen numerosos gérmenes de modernidad. No olvidemos que Goya ha sido llamado repetidas veces “padre de la pintura moderna”; que Quevedo, es quizá, estilísticamente el más avanzado, inquieto y experimental de todos los escritores del Siglo de Oro. Y es curioso que un conocido dramaturgo moderno haya declarado que la tragicomedia y lo grotesco son las expresiones más típicas de nuestra época. “Nuestro mundo –dice Dürrenmat- nos ha llevado hacia lo grotesco en la misma forma inevitable que nos ha llevado a la bomba atómica”.

La literatura y el arte de los últimos años han hecho uso de la categoría “grotesco” con más frecuencia, probablemente, que en ninguna otra época anterior. Epoca de alineación del individuo frente a la sociedad, la técnica, la informática, la robótica.

Lo grotesco –afirma Kayser- es “el mundo extrañado”, es decir, un mundo que antes nos era familiar y que ahora por razones que no son patentes, se ha vuelto contra nosotros, nos rechaza, nos ataca. Se produce una tensión amenazadora cuando lo humano se vuelve monstruoso, inhumano, informe; cuando se cosifica o se animaliza; cuando los animales y las cosas asumen formas y atributos humanos. Como tan maravillosa y poéticamente describiera García Lorca: “Bajo la luna gitana / las cosas la están mirando / y ella no puede mirarlas”.

 


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