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EXPOELEARNING 2009.

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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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  Guías culturales

EL PELLIZCO DEL HAMBRE

Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Eternamente
girando.
¡Oh pueblo perdido
en la Andalucía del llanto!”
Federico García Lorca

 

Se ha dicho que Andalucía entra en la historia a través de sus recursos naturales. Los textos clásicos repiten la idea de un país de inagotable feracidad, , ya se hable de los suelos agrícolas y sus productos (los olivares béticos y las viñas de Jerez y Málaga), ya sea de sus ganados y la caza, de las pesquerías o, sobre todo, la mítica riqueza mineral. De esta región privilegiada por la naturaleza, Madoz, nos dejó dicho: “donde se produce tanto que apenas hay cosa necesaria a la vida o al capricho del hombre que no se halle en grande abundancia”.

Sin embargo, las ventajas que se derivan de la riqueza natural de la región han sido en gran medida desaprovechadas y no han servido como base para situarla entre las áreas más desarrolladas. La contraimagen de una Andalucía, ciertamente rica en recursos pero poco desarrollada social y económicamente tienen antecedentes históricos. Pablo Olavide, en su estupendo Informe sobre la Ley Agraria (1767), afirma que los reinos andaluces “son los más fértiles que conoce Europa” pero sus jornaleros son también los hombres más infelices que yo conozco en Europa”. En esta vieja tierra del Sur, los ricos son más ricos, porque los pobres son más pobres, hasta el punto, de llegar a sentir el pellizco del hambre.

La contradicción entre la riqueza natural y la pobreza de la población se manifiesta, sobre todo, tras el fracaso de la revolución industrial. Fracaso que tiene mucho que ver con la peculiar estructura de la propiedad agraria que se va configurando desde finales del siglo XVIII en sustitución del antiguo régimen señorial y que se consolidará con las sucesivas desamortizaciones. Una estructura de la propiedad que hará de Andalucía una región donde será raro o meramente residual la figura del pequeño o mediano agricultor y abundante hasta el extremo la del jornalero en la precariedad más absoluta y donde por contra, también será extrema la acumulación de la propiedad de la tierra fértil por parte de la antigua nobleza y de la nueva burguesía rural.

A finales de la década de los cincuenta, del pasado siglo, la etapa del desarrollismo económico consolida viejos problemas y oportunidades. La masiva emigración al exterior y la pervivencia de las reivindicaciones sobre la estructura de la propiedad de la tierra expresan claramente los problemas del uso social de los recursos.

Durante las décadas del siglo XX en las que domina la ideología desarrollista, tanto la actividad turística como otras actividades son poco respetuosas con el medio ambiente. De esta manera, se favorecen implantaciones de enclaves altamente contaminantes como los de Huelva o Algeciras, o repoblaciones masivas de especies forestales tan esquilmantes del suelo como los eucaliptos.

En Andalucía los recursos solo parecen haber interesado en cuanto pueden ser objeto de apropiación o intercambio en el mercado. Por ese motivo la mayor parte de ellos no han formado ni siquiera parte del objeto de la ciencia económica.

La economía andaluza sigue estando aún, en muchos aspectos inmersa en la lógica colonialista. Al asumir su papel de región periférica dentro del mundo desarrollado, Andalucía ha desempeñado dos funciones principales: intensificar una ya antigua especialización en la exportación de determinadas materias agrícolas y ser el lugar de asentamiento de industrias especialmente contaminantes desplazadas de los países centrales. La producción andaluza compite a costa de no interiorizar en el precio final los costes ambientales del sistema productivo. Estos costes son asumidos por el conjunto de la sociedad andaluza, en términos de peores condiciones de vida y pérdida de un patrimonio natural colectivo: No en vano nos dejó dicho el poeta: “¡Tristeza de Andalucía! / Te estoy sintiendo en mi alma / y en mis huesos todavía”.

 


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