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BARTOLOMÉ HIDALGO: LA VOZ DEL INICIADOR DE LA POESIA GAUCHESCA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Cielito, cielo que sí,
no se necesitan reyes
para gobernar los hombres
sino benéficas leyes.”
Bartolomé Hidalgo

Una gran creación apareció en la Argentina que conmovió al pueblo por la verdad de los sufrimientos de un tipo humano desventurado pero sufrido y valiente: el gaucho, cuya vida dio los mejore motivos a la poesía popular. Era el habitante de las pampas del Río de la Plata (Argentina, Uruguay y Río Grande del Sur). El gaucho, por lo general mestizo de español e india, tenía características de andaluz e hispanomorisco dedicado a la ganadería y a la vida errante y siempre jinete. El tema de este pintoresco personaje lo inició el uruguayo Bartolomé Hidalgo, en cuyos versos empleó el habla de los criollos del Uruguay. Desde éste el gaucho empezó a convertirse en un símbolo literario. Hidalgo había escuchado a los payadores y recogido sus canciones; luego publicó dos libros Diálogos patrióticos y Cielitos, donde puede encontrarse parte de la pureza de los cantares auténticamente gauchos. A diferencia de poetas posteriores que insertarán gestos y acciones mas literaturizadas, Hidalgo omite en sus cielitos temas como el amor mientras pone de relieve el de la amistad. El tono viril y primitivo de Hidalgo no volverá a oírse hasta el Martín Fierro.

 

Bartolomé Hidalgo, que había sido barbero y guitarrista, quiso recoger en graciosos diálogos algo de lo que de bello había en aquellas vagas y sentidas improvisaciones del pueblo, y al hacerlo creó, a su modo un género en el que habían de distinguirse después Hilario Ascasubi, Estanislao del Campo, que se complacía en llamarse su discípulo, y José Hernández, en quien llega a su culminación esta clase de poesía, tan típicamente argentina, que recogen ya y estilizan poetas urbanos.

 

Bartolomé José Hidalgo Jiménez nació en Montevideo el 24 de agosto de 1788. De familia “muy pobre pero honrada” . Estuvo empleado en la tienda del padre de José Artigas y posteriormente fue empleado del Ministerio de la Real Hacienda. En 1807 participa contra los invasores ingleses en la refriega de El Cardal. Vuelve a su puesto burocrático y en 1811 se une a los partidarios de Artiga, para luchar contra los portugueses. En ese año compuso su “Himno Oriental” por el que fue declarado benemérito de la Patria. Llegó a ser director de la Casa de las Comedias en Montevideo, pero su situación,  se hace insostenible y en 1818 emigra  a Buenos Aires, donde subsiste gracias a la venta de sus cuartetas y composiciones. Dos años más tarde  se casa con la porteña Juana Cortina. Una afección pulmonar le obligó a asentarse en la localidad argentina de Morón, donde murió el 28 de noviembre de 1822, en una pobreza absoluta.

 

Perfecto conocedor del mundo gauchesco, Hidalgo recoge el habla rural y las tradiciones literarias sobre este ambiente en sus Cielitos y Diálogos patrióticos, en los que utiliza los valores de la poesía rural y la vida de los gauchos con unos fines patrióticos, al servicio del movimiento independentista que lucha para liberarse del yugo español. Ejerció influencia en la poesía popular rioplatense con sus Cielitos, cuartetos de ocho sílabas que se cantaban en las campañas de independencia del Río de la Plata. En sus Diálogos patrióticos, expresa su opinión sobre la emancipación de Uruguay y otros hechos políticos a través de la discusión de dos gauchos Jacinto Chano y Ramón Contreras, con la forma de romance español. Y como dijo el poeta uruguayo: “Libre y muy libre ha de ser / nuestro jefe, y no tirano, / éste es el sagrado voto / de todo buen ciudadano”.


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