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MICER FRANCISCO IMPERIAL: LA VOZ DEL INTRODUCTOR DE LA ESCUELA ALEGORICO-DANTESCA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“….Era çercado todo aquel jardín
de aquel arroyo a guisa de cava,
e por muro muy alto jazmín
que todo a la redonda la çercava:
el son del agua en dulçor passava.
Harpa, duçayna, vyhuela de arco,
e non esse sy dormía o velava….”
Micer Francisco Imperial

La principal importancia de Micer Francisco Imperial radica en haber sido el introductor de la escuela alegórico-dantesca en España y el primer poeta que ensaya en sus composiciones el verso endecasílabo de origen italiano. Aunque este último intento no llegó a cuajar totalmente,  es un claro precursor – en este sentido- del Marqués de Santillana y de Boscán y de Garcilaso. Dio a conocer en España a Dante y a los poetas italianos y  al lado de la escuela gallega y provenzal de la poesía, fundó la itálico-andaluza que prevaleció a partir de él. Cultivó la lírica amorosa y fue un notable poeta didáctico. Cantó a la Estrella Diana, a la cautivo Angelina de Grecia y a la Fortuna mudable.

 

Poeta de origen italiano, afincado en la ciudad de Sevilla, donde pasó la mayor parte de su vida, y que, según, Rafael Lapesa debió vivir entre 1372 y 1409. Micer Francisco Imperial parece que gozó de buena posición social y que desempeñó el cargo de vicealmirante de la Flota Castellana durante el reinado de Enrique III. Fue lector y admirador de Dante Alighieri, que para el poeta español era un hombre benévolo, de larga barba y pelo blanco.

 

Su producción poética está incluida en el Cancionero de Baena (compilación de poesías realizada en 1445). Sus primeros poemas, de carácter amatorio, están en la  línea de tradición castellana. Pero con motivo del nacimiento del que sería Juan II de Castilla, escribe el Decir de los siete planetas, con el que abre la corriente literaria alegórico dantesca. Su gran obra es el Decir de las siete virtudes, poema alegórico como el anterior, escrito en dodecasílabos,  en  el que con gran maestría, imita y aun traduce pasajes del “Purgatorio”  y del “Paraíso” de la Divina Comedia, de Dante. Sea mayor o menor el grado de la paráfrasis o el plagio, causa de controversia entre los eruditos, Imperial siguió un modelo más al pie de la letra que en el espíritu como ocurre con los segundones. Pese a ello es de gran importancia en las letras española, no sólo por haber introducido la escuela alegórico-dantesca, sino también por su tendencia a la meditación de todas suerte de problemas, desde los teológicos a los que atañen al destino humano, como la predestinación, el albedrío, el origen del mal, la muerte, etc.  Imperial  demuestra no solo su calidad literaria y sus profundo saber, sino también un perfecto conocimiento del gran escritor italiano.

 

El Decir de las siete virtudes es una de las más famosas de las ficciones alegórica de nuestra literatura, junto con la Comedieta de Ponza del Marqués de Santillana, el Laberinto de Fortuna de Juan de Mena y el Triunfo de Amor de Juan del Encina. Imperial contrapone a las siete virtudes siete pecados. Las virtudes que aparecen con ciertos atributos que las identifican, se dibujan como estrellas  con figura de dama, los pecados, en forma de serpientes. Se presentan las virtudes (tres teologales y cuatro cardinales) con el nombre que tradicionalmente las distingue: Fe, Esperanza, Caridad, Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza. Se presentan los pecados, en cambio, bajo nombres simbólicos que aluden a su peculiar naturaleza. Y como dijo nuestro poeta: “Así crezca el fermoso laurel en fresca ribera / e allí el llanto pensamientos alegres e altos/ en la dulce sombra al son del agua escriba”.

 


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